democracia

¿Qué es democracia? Definición, características, funcionamiento y origen del régimen democrático. Un sistema político específicamente creado para defender a la libertad evitando abusos de poder.

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Democracia, definición

La palabra Democracia describe a un régimen político. Un arreglo de las instituciones de gobierno que tiene como principio funcional el de la separación de los poderes.

Y como principio esencial el reconocimiento de la libertad de las personas a las que se gobierna.

La democracia es una herramienta política para evitar el abuso del poder que le es natural a todo gobierno.

Separación de poderes en la sociedad

Una sociedad democrática supone la separación de sus áreas económicas, políticas y culturales. Acepta que la acumulación del poder de dos o más de ellas produce abusos y desviaciones indebidas del poder.

Es la separación de los poderes económicos, políticos y culturales. Quienes tienen poder políticos deben estar separados de los poderes económicos y de los culturales.

La más conocida de estas separaciones es la de iglesias-estado, por la que se considera negativo que esas dos instituciones se unan. Las religiones no deben tener poder político y el poder político no debe tener poder religioso.

Separación de poderes en el gobierno

De la misma manera, la democracia considera indebida la unión de los poderes de los gobiernos.

Esa misma idea de división de poderes se aplica también dentro del campo político para establecer la división del poder de acuerdo con tres criterios:

División funcional del poder político

La división funcional del poder en áreas ejecutiva, legislativa y judicial.

Ella es la misma que contiene la propuesta de Montesquieu y que considera que se tendrían abusos de poder en caso de que, por ejemplo, el juez fuese el mismo legislador.

El sistema de decisión por mayoría de votos se usa en el legislativo para la aprobación de leyes. Y en la corte suprema de justicia para decidir fallos.

División temporal del poder político

La división temporal del poder por medio de elecciones periódicas en las que compiten candidatos de diferentes partidos.

Ella es un mecanismo de cambio pacífico de gobierno que evita los abusos que podrían venir de gobernantes no sujetos a evaluación pública periódica.

Aquí se usa el sistema de elección por mayoría de votos de los ciudadanos.

División geográfica del poder político

La división geográfica del poder por medio de ciertos niveles de autonomías locales en estados federales.

Ella es un mecanismo que limita los poderes centrales del gobierno, limitando el abuso que eso podría generar.

Democracia, su esencia verdadera

Lo anterior señala la esencia de la democracia. Ella es un arreglo político que sobre todo persigue disminuir el número y calidad de los abusos que puede cometer una autoridad política.

Es decir, el corazón de la democracia es el evitar excesos de autoridad que dañen las libertades de los ciudadanos. Lo hace por medio de la división del poder en la sociedad y en el gobierno.

La democracia reconoce que todo poder, el que sea, tenderá a ser abusado por quien lo posee, sea económico, político, o cultural/religioso. Ella trata de remediar esa posibilidad enfrentando a los poderes políticos entre sí, fragmentándolos en el tiempo, en el espacio y en sus funciones.

Un sistema liberal

Esta mentalidad de poderes divididos es lo que hace compatible a la democracia con el sistema liberal que tiene ese mismo fundamento. La mentalidad liberal sostiene las libertades de pensamiento, expresión, religión, trabajo y demás.

Democracia, amigos y enemigos

Los defensores de la democracia argumentan que, si bien no es un sistema perfecto, es el que más libertades crea a las personas. Por esa razón, dicen, crea más prosperidad y es congruente con la naturaleza humana libre.

Sin embargo, ella ha sido criticada por quienes señalan sus claras imperfecciones. Y, por supuesto, la existencia de gobernantes muy alejados de la calidad mínima necesaria.

Pero la mayor oposición a los sistemas democráticos viene de quienes sostienen la conveniencia de sistemas políticos con poderes más amplios y concentrados del gobierno.

Los casos más notorios de esto son las dictaduras y los sistemas totalitarios, así como el socialismo. Ellos limitan seriamente las libertades de las personas sosteniendo que eso es mejor para ellas.

Democracia y sus usos exagerados

Tan grande suele ser la admiración que tiene el término ‘democracia’ que se emplea erróneamente con frecuencia.

Sin la connotación de división del poder, es usado para dar una imagen positiva a regímenes de poderes concentrados que anulan libertades. La Alemania oriental bajo el dominio de la URSS, por ejemplo, era oficialmente llamada democrática cuando no lo era.

Igualmente suele confundirse a la democracia con cualquier situación cuya solución sea buscada por medio de mayoría de votos. El mecanismo del voto es una parte importante pero pequeña de la democracia.

Para entender correctamente a la democracia, ella debe considerar a la idea de República. También a la noción de estado de derecho. Ellas redondean y complementan a la democracia.

Democracia, ¿cómo reconocerla?

La mejor forma de reconocer que un país es una democracia es examinar su nivel de división de poderes.

Si la misma persona se encuentra en el poder durante muchos años, si no hay autonomía legislativa, si no existen varios partidos políticos, si no hay autonomía judicial, si las leyes no se respetan, si hay censuras a medios de comunicación, si las escuelas privadas son presionadas, si las manifestaciones religiosas son limitadas, si mucho de la economía es propiedad estatal, todo eso es indicativo de un sistema no democrático.

Conclusión

Debe ser señalado expresamente que la democracia no es en sí misma un valor político —es simplemente un mecanismo de división de poderes políticos que sí defiende a un valor político, el de la libertad humana.

Es decir, la democracia no es ni puede ser un sistema de imposición de voluntad de la mayoría. Ella es un sistema político para defender a la libertad personal.

Las votaciones son una parte de la democracia y no la principal. Las mayorías ganadoras en una votación también tienen poderes limitados. La anterior aclaración es vital al encontrarse textos limitados que ponen su énfasis central en la soberanía popular, como en este caso.

«En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes». es.wikipedia.org

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Y unas cosas más para los interesados…

Debe verse al menos una de estas dos ideas:

El peligro de la solución democrática
Requisitos y condiciones de la democracia

Otras ideas muy relacionadas:

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La democracia es una idea compleja y ardua, con muchas dimensiones y elementos variados. Las ideas siguientes intentan penetrar en esas dificultades.

I. Democracia es autogobierno 

La capacidad de las personas para autogobernarse a sí mismos. Esta es la condición obligada de una democracia.

📌 La democracia se sostiene solo en ciudadanos deben tener el talento y la habilidad para conducirse a sí mismos. Eso significa tener conciencia moral y, sobre todo, virtud, la arraigada costumbre de actuar respetando a la ley y a la moral.

Refiriéndose a la antigüedad de la Civilización Occidental, un autor escribe:

«El autogobierno en la ciudad era posible solo si la virtud del autogobierno gobernaba las almas de los ciudadanos; y el autogobierno de los individuos solo podía realizarse en una ciudad que entendía que la ciudadanía en sí misma era una especie de hábito continuo en la virtud, tanto a través de la ley como de la costumbre». Deneen, Patrick J. Why Liberalism Failed (p. 22). Yale University Press. Mi traducción.

Pongamos las cosas claras: no puede realmente tenerse una democracia sólida si carece de una amplia base de ciudadanos capaces de gobernarse a sí mismos y habituados a la virtud.
Lo único que podrá tener, sin esos ciudadanos, será un sistema de selección de gobiernos autoritarios.

Si no son capaces de gobernarse a sí mismos buscarán que la autoridad los gobierne como un remedio de esa incapacidad propia, creando la oportunidad de construcción de gobiernos autoritarios que socaven las libertades que la democracia estaba destinada a defender.

Del mismo autor citado:

«Durante mucho tiempo se había creído que la libertad era la condición de la autodeterminación que evitaba la tiranía, tanto dentro de la política como del alma individual. Así, se pensó que la libertad implicaba disciplina y entrenamiento en la autolimitación de los deseos, y los correspondientes arreglos sociales y políticos que buscaban inculcar las virtudes correspondientes que fomentaban las artes del autogobierno». Ibídem, pp 23-24. Mi traducción.

¿Quiere alguien tener libertades y evitar tiranía? Entonces debe suponer que la persona es capaz de tener disciplina personal, de ser virtuosa y llevar una vida honesta e íntegra. ¿No es así? Pues entonces la democracia, el autogobierno, tendrá dificultades.

II. Democracia es equilibrio

Hay tres componentes inevitables en una democracia —un gobierno, la libertad de los ciudadanos y la consecuencia de mezclar esos dos, un gobierno para gente libre.

En lo que sigue examino esos tres componentes —y lo hago siguiendo la idea de E. Burke (1729-1797), el considerado fundador de los conservadores. En su obra Reflexiones Sobre la Revolución Francesa habla de esos componentes:

A. Dice que «hacer un gobierno no exige gran prudencia. Fortalézcase el asiento del poder, enséñese la obediencia y está hecho el trabajo”. La idea es muy diáfana: formar un gobierno no es una gran complicación —basta con acumular poder en unos y obtener la obediencia del resto.

B. Dice que «Dar libertad es aún más fácil… únicamente se requiere soltar las riendas». Otra idea diáfana: si se quiere tener libertad y nada más que eso, tampoco es complicado —es suficiente quitar frenos y obstáculos.

Los dos elementos, el gobierno y la libertad, son simples de explicar en cuanto a cómo lograrlos —pero queda pendiente la combinación de ambos en una sociedad libre y gobernada, algo que refleja el significado de la democracia como instrumento de defensa de la libertad.

Ya no hay aquí la simpleza de los dos elementos anteriores.

C. Dice, «Pero formar un gobierno libre, es decir, templar conjuntamente esos elementos opuestos de libertad y coacción es una obra congruente consigo misma, exige mucho pensamiento, profunda reflexión y una mente sagaz, poderosa, capaz de combinar».

Se quiere tener libertad y a mismo tiempo se quiere tener un gobierno —la mezcla da eso de un gobierno libre, que es ya algo complejo. Burke lo define bien, se trata de «templar» dos elementos opuestos, o al menos que presentan tensiones entre sí.

La libertad entendida como el abandono de frenos encuentra controles en el gobierno entendido como centro de poder que pone frenos a esa libertad. Esto es lo que define la gran discusión política de todos los tiempos —quizá más intensa.

La acumulación de poder en los gobiernos —su crecimiento y concentración de recursos— va en contra del otro elemento, las libertades de los ciudadanos. Es como si existiera una cantidad limitada de poder en las sociedades que hace que lo que uno gana de poder lo pierde el otro.

Si el ciudadano gana libertades, el gobierno pierde potestades —y si el gobierno gana poder, el ciudadano pierde libertades. Parecen ser dos elementos que están en tensión y que presentan una problemática solo posible de solucionar en una posición de sano equilibrio entre ellos.

Esto es lo que me hace llegar al punto que es la clave de una sociedad democrática —las mentes de los gobernantes, pero también de los gobernados. La democracia necesita que sus mentes sean sagaces, poderosas, inteligentes, prudentes, perspicaces, avispadas. Es la única manera de preservar el equilibrio de una democracia.

Un equilibrio que de perderse la puede convertir en una sociedad de ciudadanos dóciles al gobierno y sin libertades, o una sociedad sin orden e ingobernable —quizá como un balance entre la pasividad de una dictadura y el caos de una anarquía.

Sin ciudadanos astutos y pensantes, y sin gobernantes reflexivos y sutiles, las democracias están en riesgo de irse a cualquiera de sus extremos indeseables.

III. Democracia necesita revisar hipótesis

La noción que se tiene de democracia es elemental y básica —consiste en creer que las personas quieren un buen gobierno, uno formado por gobernantes que hagan cosas buenas.

En creer que esos buenos gobernantes pueden ser seleccionados y elegidos por el sistema de voto mayoritario —y en creer otra cosa, que una vez en el poder, los gobernantes elegidos harán esas cosas buenas que prometieron hacer durante su campaña electoral.

En resumen, la democracia crea una expectativa atrevida: la democracia llevará a los mejores al gobierno y ellos harán siempre lo mejor para la gente. Más o menos equivalente a dar como cierta la existencia de Harry Potter.

Es necesario examinar esas hipótesis demasiado optimistas:

HIPOTESIS UNO: todos están de acuerdo en qué constituye un gobierno bueno. Falso

Hay muy diversas opiniones entre las personas sobre qué es un buen gobierno. Basta comparar las ideas de los liberales contra los socialistas y de los conservadores contra los progresistas, para comprobar esta falsedad.

HIPOTESIS DOS: los gobernantes harán cosas buenas siempre. Falso

Aún entre políticos perfectos, las presiones políticas impedirán realizar todo lo bueno que persigan. Y ya que los gobernantes son simples seres humanos, entre ellos existirán todos los vicios y maldades humanas.

HIPOTESIS TRES: los ciudadanos sabrán elegir a los mejores. Falso

En la realidad el electorado no tiene la preparación para distinguir entre unos y otros. Peor aún, si tuviera esa capacidad no dedicaría el tiempo que requiere el examen completo de los candidatos y sus propuestas.

HIPOTESIS CUATRO: habrá congruencia entre lo prometido en la campaña y lo realizado por el gobernante. Falso

La realidad de la política impide eso. Pero sobre todo, las promesas electorales tienen el objetivo de lograr votos antes del compromiso de hacerlas realidad, lo que genera promesas irracionales.

No, la democracia no produce los mejores gobiernos necesariamente. No, la democracia no lleva a los mejores al poder. No, la democracia no produce un voto prudente y racional. La democracia tiene otras ventajas, más terrenales, menos utópicas. Lo que ella hace es un par de cosas muy básicas, poco notorias, pero imprescindibles.

Una de ellas es la posibilidad de cambiar de gobierno sin necesidad de golpes de estado. Le apuesto a que pocos mencionarán esta ventaja al hablar de democracia.

Otra que no es menor, la de evitar o minimizar abusos del gobierno (el mayor riesgo político de todo pueblo). Lo hace dividiendo el poder gubernamental en sus funciones, en el tiempo, y en el espacio.

IV. Democracia en conclusión

El término ‘democracia’ es una de las palabras predilectas del discurso público. Ella y sus derivados son ingredientes indispensables en los contenidos políticos y académicos —un tipo de componente con usos variados, confusos y cómodos.

Es este éxtasis lingüístico causado por la ‘democracia’ de un tamaño tal que no admite discusión y la convierte en un mito con mil usos —incluso ha sido añadida produciendo cosas como «familia democrática», «diálogo democrático», «ciencia democrática», e incluso llamados a democratizar a la Iglesia.

Mi tesis es exponer este error: la democracia no es un valor político, ni forma parte de principios humanos, morales o políticos, que le concedan consideración axiológica —no es un valor que justifique una defensa ética.

La democracia, cuando es entendida correctamente, no es nada más allá de un utensilio creado bajo las condiciones que intentan defender a la dignidad humana individual —especialmente ante los ataques gubernamentales de abuso de poder.

La democracia no puede ser colocada en nichos de admiración política, porque solamente es una herramienta, un dispositivo que tiene el propósito de proteger a la persona de los excesos de poder —un mecanismo ingenioso aunque crudo de resguardar a la libertad.

«La Democracia es esencialmente un medio, un artefacto utilitario para la salvaguarda de la paz interna y la libertad individual» F. A Hayek (1899-1992), The Road to Serfdom.

Ocupando su lugar correcto, como un dispositivo para la preservación de las libertades personales, la democracia puede ser reexaminada sin que ello sea interpretado como un sacrilegio.

Conclusiones

• La democracia, como originalmente se entiende, es un sistema cimentado en la división del poder político —y esperando que esa división aminore todo lo posible los abusos del poder político cuando este no está dividido.

El poder político es fragmentado en el tiempo, en territorios y en funciones, de manera que se amplíe al máximo posible la esfera de libertad personal —con un mínimo de interferencia gubernamental, la que solo se justifica cuando la libertad personal está amenazada.

• Es teóricamente posible construir un sistema diferente al democrático conocido y conseguir ese mismo objetivo de salvaguarda de las libertades personales —aunque siempre contenga un elemento de cautela central para evitar concentraciones de poder que se presten a su abuso.

• También, es concebible la existencia de un régimen no-democrático en el que existan amplias libertades económicas y culturales —cuando su gobierno opta por esa política general de respeto a la libertad.

• Pero lo más interesante es la existencia probable de sistemas democráticos con libertades muy restringidas, lo que traiciona al espíritu democrático esencial —y es un fenómeno real dese hace muchas décadas.

Es una deserción de la democracia y se padece cuando los gobiernos adquieren funciones y responsabilidades adicionales a las de la protección de la libertad personal de sus ciudadanos —siendo el caso más llamativo el del estado de bienestar, en el que se deja de respetar a la libertad y el gobierno asume un papel de tutor universal de ciudadanos-niños.

El estado de bienestar y, en general, los sistemas de gobiernos ensanchados utilizan mecanismos democráticos para implantarse y atropellar el valor que sí debe defenderse, el de la libertad.

Son casos en los que el instrumento, originalmente pensado para defender al valor supremo de la libertad, suplanta a este valor y actúa para destruirlo —una consecuencia de la confusión de creer que la democracia es un valor político, cuando es solamente un instrumento.

El error central

📌 Esto último es lo que quiero destacar: creer que la democracia es un valor es una equivocación de grandes dimensiones porque provoca el olvido del fin que persigue y que es la salvaguarda de la libertad personal.

Cuando las personas sufren esa confusión, con facilidad caen en otro aturdimiento, el de presuponer que mientras el gobierno sea guiado por la voluntad mayoritaria no habrá arbitrariedad, como lo expresó Hayek en el libro citado arriba.

La democracia, cuando se interpreta como un valor político y no como un instrumento, conduce fácilmente a situaciones en las que se pierden libertades creyendo que eso está justificado por la voluntad mayoritaria.

Es decir, la democracia puede ser usada de tal manera que fabrique un sistema no-democrático sin libertades y aún así posea la nomenclatura democrática —como la República Popular Democrática de Corea (la del norte), la República Democrática Popular de Laos, o la extinta República Democrática Alemana (la comunista).

Aunque esos son caso extremos, es parte de la realidad política occidental la expansión gubernamental que bajo el término de ‘democrático’ actúan en contra de su destino original —provocado por suponer que la democracia es un valor político cuando solamente es un artefacto.

[La columna fue revisada en 2020-07]