Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Democracia y Madurez
Eduardo García Gaspar
6 noviembre 2008
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


En medio de los resultados de las elecciones en los EEUU, el impacto de la victoria y la derrota oscurece el significado de lo que realmente sucede. Lo que no se ve y de lo que no se habla, suele ser en estos casos lo más importante. Igual que con Fox en 2000 en México, ahora muchos pueden tener esa reacción sentimental y visible: el iluminado ha llegado y la vida será mágicamente mejor para todos.

Lo será de alguna manera, pero no precisamente por el poder mágico y carismático del elegido. El real significado de lo que aconteció es lo que casi todo el mundo pone de lado después de leer a Montesquieu en su famosa exposición de la división de poderes. Esa división tiene una razón de ser, la división del poder y la división del poder es buena por la razón última: todo poder tiende a ser abusado.

Las elecciones son una de las herramientas para evitar abusos de poder que es lo que justifica a la democracia y no la búsqueda del salvador iluminando (que es lo que mucho me temo que más se vea). Para una democracia, lo básico no es que haya ganado Obama, McCain hubiera sido lo mismo, sino que el poder haya cambiado de manos, que es una forma de evitar abusos.

Es decir, la maravilla democrática es que ninguno de los candidatos se quedará en el poder sin límite de tiempo y que, además, enfrentará poderes que limitarán al ejecutivo. De esto se trata al final de cuentas, de no darle a nadie demasiado poder, ni en tiempo, ni en espacio, ni en funciones. Todo por el punto de partida de Montesquieu.

Ese punto de partida es de total sentido común: todo poder tenderá a ser abusado y eso dañará a las personas. En el fondo ése es el prodigio que ha sucedido en los EEUU el 4 de noviembre y que visto con realismo es igual a decir que dentro de cierto tiempo, Obama podrá perder el poder. Las posibilidades de abuso son menores y eso da estabilidad a la sociedad la que ya no teme tanto a los caprichos de quien sea que tenga el poder político.

El fantástico mecanismo de la democracia es eso, una herramienta que se usa para dividir el poder. Pero el instrumento necesita saberse usar. Las personas tienen que saberlo manejar y ese manejo tiene reglas, como el instructivo o manual de uso que acompaña a los aparatos que uno compra.

Una de esas reglas que se aceptan al usar a la democracia es muy simple: el perdedor debe aceptar su derrota y hacerlo como un caballero que valora más al país que quiso servir que a su ansia de poder. Quien no acepta jugar con esta regla, no está preparado para entrar en un régimen de democracia.

El punto bien vale una segunda opinión. La democracia es una herramienta y sólo eso, destinada a defender las libertades de las personas mediante la división del poder. Insisto, es una herramienta y nada más. Pero usarla requiere ciertas cualidades personales o culturales, entre las que está la mayor de todas, la de saber perder reconociendo la victoria ajena. Quien no tiene esta preparación mental y cultural, no puede usar la herramienta, y si la usa será sólo en su provecho no para el de los demás.

El anunció de concesión de victoria que hizo McCain fue la parte menos visible de las notiicias recientes, pero es la más importante. Incluso más que el discurso de victoria de Obama. Sin esa concesión abierta, clara y honesta, que tiene la gente madura, no puede alguien considerarse digno de gobernar. Las partes menos visibles de la democracia suelen ser las más importantes.

Hay otra regla a la que está sujeta una democracia en los momentos electorales: ellos son duelos entre candidatos, que tienen como testigos a los ciudadanos que votarán más tarde. Y ese duelo es duro, difícil, arduo, lleno de ataques y revelaciones. Querer suavizar las campañas es privar de información a los ciudadanos. Prohibir ataques a los opositores es igual a censura y una elección censurada es una elección incompleta.

Así como se supone que los candidatos son maduros para aceptar derrotas, deben serlo para aceptar ataques y revelaciones personales, porque hay otra suposición: los ciudadanos son maduros para votar y, por lo tanto, para escuchar lo que sea, incluso los ataques más inauditos.

Al final de cuentas, el mecanismo democrático que tiene tanto valor requiere una serie de cualidades personales, entre la sque destaca la madurez para aceptar derrotas, para escuchar a los candidatos, para aceptar que se está en un duelo de propuestas y personalidades. Sin madurez la democracia se convierte en una excusa para conseguir el poder.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras