Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Desafortunados Derechos
Leonardo Girondella Mora
12 diciembre 2008
Sección: DERECHOS, Sección: Análisis, Y MATERIAL ACADEMICO
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El 10 de diciembre pasado, hace dos días, cumplió 60 años La Declaración Universal de los Derechos Humanos, el célebre documento de la ONU. Uno de los reportajes, de los muchos que trataron la noticia, incluyó la siguiente mención:

… a lo largo de la historia ha habido distintas generaciones de los derechos humanos: la primera generación se refiere a los derechos civiles y políticos; la segunda, a los derechos sociales, económicos y culturales; la tercera, a los derechos de los pueblos, y la cuarta, a nuevos actores y movimientos sociales, como el derecho a la opción sexual. (Grupo Reforma, 10 diciembre 2008)

Un gran concepto, muy anterior a la ONU, ha sido convertido en basura intelectual —es una situación desafortunada que eso haya sucedido. Demostraré en lo que sigue cinco problemas serios que presenta el crear derechos de segunda y demás generaciones y que son parte de la Educación para la Ciudadanía (un intento de colocar los mandatos morales en manos gubernamentales).

La noción de que los seres humanos poseen derechos está justificada, necesariamente, en la creencia de que ellos tienen un valor que es igual —todas las personas, en su naturaleza, valen lo suficiente como para concluir que tienen derecho a algo, por ejemplo, decidir por sí mismas su vida tomando decisiones como el trabajo que quieren realizar.

La persona es algo y ese algo, que es su esencia o naturaleza, determina lo que le es conveniente e inconveniente —en términos éticos, es la determinación de lo que es bueno y malo para la persona humana, justificado por su naturaleza. Es esa naturaleza la que sirve de base para justificar a su vez que las personas tienen todas esa misma naturaleza y, por tanto, derechos iguales.

A lo anterior debe agregarse que se acepta que el ser humano tiene capacidades —es decir, que puede actuar, hacer cosas, y lo que esa posibilidad implica: pensar, razonar, aprender, decidir, analizar. Y así se justifica que, si la persona puede actuar, será contra su naturaleza el impedir esos actos; sí puede pensar y razonar, será contra su naturaleza el impedir que la personas ejerciten su libertad.

De esta naturaleza humana, es fácil concluir que la persona tiene derecho a la libertad de acción y a la libertad de ejercer capacidades como pensar, aprender y razonar. Todas las personas tienen esos esas libertades por igual y de ellas puede derivarse una primera norma natural: ninguna otra persona debe limitar a otras las libertades que ella tiene.

De aquí surgen los derechos naturales, llamados así porque están basados en la misma naturaleza humana —tal naturaleza es real, existe, nadie la decreta ni la determina: es una constante lógica que llama a ser respetada en sí misma. Es igual a tomar lo que se es como una realidad y ser congruente con ella.

En tiempos recientes, desde el siglo 20, sin embargo, la noción de derechos y libertades humanos ha sido sujeta a exámenes —los que han dado como resultado neto una adición de derechos a los que lógicamente salen de la naturaleza humana. Ellos han sido llamados derechos de primera, segunda, tercera generación, y aún más. Mi propósito es examinar esta clasificación de derechos añadidos.

Derechos: la llamada primera generación

Son los que se justifican por medio de la naturaleza humana, como fue explicado antes —si se acepta que en la naturaleza humana está la capacidad de razonar, se concluye que se tiene la libertad de hacerlo y que, por consecuencia, se tienen libertades de pensamiento y expresión; si se acepta que está en la naturaleza humana el actuar, no hay otra posibilidad que reconocer que se tienen la libertad de hacer.

Siguiendo esos razonamientos se concluye que la persona humana tiene derechos o libertades para pensar, expresarse, trabajar —como también libertad de culto, educación y similares. Si todas las personas tienen esas libertades, se sigue que ninguna de ellas tiene el derecho o la libertad de imponerse sobre las demás.

Estas libertades son especialmente aplicables en las relaciones entre el ciudadano y el gobierno, las que por necesidad lógica deben estar sustentadas en un principio central: ningún gobierno tiene el derecho a coartar las libertades de las personas —si lo hace, eso sería un acto contra la naturaleza humana y debe ser impedido.

Por tanto, la raison d’être de un gobierno es el hacer que esas libertades se respeten —el gobierno no puede limitarlas y, si alguien más lo intenta, el gobierno puede usar la fuerza con legitimidad para impedirlo o castigarlo. Esto es muy claro en el caso de un asesinato. Parte de la naturaleza humana es existir, de lo que se concluye que se tiene la libertad de vivir, lo que a su vez lleva a considerar contrario a la naturaleza humana la acción por la que una persona mata a otra.

Por las mismas razones, se concluye que es contrario a la naturaleza humana lastimar a otros: robándolos, defraudándolos, hiriéndolos, afectándolos de cualquier manera. Es obvio que entonces, el papel del gobierno es el hacer respetar esas libertades —y, lo más valioso, defiende a cada persona de abusos de autoridad, como impuestos excesivos, arrestos arbitrarios, censura religiosa o de expresión y demás.

Derechos: segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta… generación

Este tipo de derechos es diferente radicalmente del razonamiento anterior, aunque toma su énfasis en la igualdad esencial humana. Este tipo de derechos están sustentados en otra base muy diferente y desafortunada.

Las libertades naturales se justifican por una verdad tomada como evidente en sí misma, la persona humana es, existe y de ella es posible derivar conclusiones lógicas que llevan al establecimiento inevitable de libertades iguales para todos. Los derechos añadidos han sido llamados derechos económicos, sociales y de otras maneras similares —incluyen el reclamo a salud, empleo, desempleo, casa y muchos otros más.

El cambio es espectacular —ir de la libertad de expresión al derecho a tener casa, es un salto formidable. No cabe duda de que es muy deseable que las personas tengan casa propia, gocen de atención médica, o vivan en un ambiente sano: la dignidad de la persona hace que esas condiciones sean ambiciones dignas de lograr.

Sin embargo, no pueden colocarse en el mismo plano la libertad de trabajo que un derecho al empleo. Las libertades naturales están sustentadas en la naturaleza humana, su esencia y capacidades, de allí que sea lógico y legítimo argumentar que la libertad de expresión es congruente con la naturaleza humana a la que se juzga capaz de expresarse y aprender. Pero ampliar la naturaleza humana a hacerla poder reclamar una casa o un empleo, es una extensión falaz.

1. Las libertades naturales, en sí mismas, suponen una obligación correspondiente igual —es decir, a cada persona sus libertades van acompañadas de obligaciones claras: si alguien tiene libertad para expresarse necesariamente a este derecho corresponde la obligación de no impedir esa misma libertad en otros.  Las libertades naturales son necesariamente duales, pues cada libertad tenida va a acompañada de una obligación inherente.

En el caso de los derechos añadidos se tienen serias dificultades para determinar la obligación correspondiente. Si acaso se tiene la libertad para la atención médica, eso significaría la obligación de no impedir que la persona acudiera a recibirla.

Pero ese mismo derecho puede ser llevado a un plano distorsionado —el de hacer que en otros recayera la obligación forzada de proveer esa atención médica: la persona A es forzada a que provea los medios para que la persona B sea atendida médicamente. Lo mismo sucedería con el derecho al empleo, que haría que la persona C fuera forzada a dar empleo a la persona D. El gran problema es que las personas forzadas verían violadas sus libertades al hacerles obligatoria su actuación.

2. A las libertades naturales también acompaña por naturaleza otro componente, el de la responsabilidad individual —si la persona humana puede actuar, resulta inevitable que ella sea responsable de las consecuencias de sus actos libres: gozará las buenas consecuencias y padecerá las malas. La libertad tiene ese efecto que no puede retirarse.

Si la persona A dilapida en un casino todos sus ahorros sufrirá consecuencias y será difícilmente justificable que exija en otros la obligación de que le den una nueva casa porque tiene derecho a ella. La desafortunada consecuencia de la noción de los derechos añadidos es la que se ve con facilidad, el fomento a la irresponsabilidad personal y el incentivo a dejar de valerse por sí mismo, que es ir en contra de la esencia humana como un ser capaz.

3. Los derechos añadidos, llamados de segunda, tercera y siguientes generaciones, contienen un inconveniente práctico —su implantación requiere la existencia de recursos muy cuantiosos que deben ser proveídos por terceros. Dentro de la libertad natural es obvio que la persona tiene libertad, por ejemplo, para tener una casa propia, que es su responsabilidad lograrla pudiendo exigir a otros el respeto a esa propiedad suya.

Pero cuando el reclamo a esa misma casa de convierte en algo exigible a otros, el cambio es total: ya no es válido sólo que se respete la propiedad de la casa propia, sino que se vuelve exigible que se dé una casa a la persona. La suma de los recursos necesarios para hacer posible a todas las personas todos los derechos añadidos es infinita y satisfacer siquiera una parte de esos derechos necesitaría obtenerlos de alguna parte que no es quien reclama el derecho, sino terceros cuyos derechos serían así afectados.

4. Los derechos añadidos, además, contienen una consecuencia muy indeseable y que es opuesta a las libertades naturales —un creciente e inevitable crecimiento del poder del gobierno. Si se intenta implantar el derecho a la educación, por ejemplo, es claro que ello necesitará recursos para construcción de instalaciones, sueldos a profesores y otros gastos. Los recursos deben obtenerse de alguna fuente y la única posible sistemática es el gobierno que usa la coerción para quitar a los ciudadanos recursos.

Los derechos naturales defienden al individuo de los abusos del gobierno, pero los derechos añadidos justifican esos abusos —es por esto que he afirmado que los derechos llamados de segunda y tercera generación son una expansión indebida y muy desafortunada de las libertades humanas naturales.

5. Otro inconveniente mayúsculo de los derechos añadidos es su indeterminación —quiero decir su naturaleza infinita que los vuelve una lista interminable a la que cada día puede ser añadidos otros. Se ha hablado de derechos de equidad intergeneracional, de derechos a recursos naturales, a la expresión sexual, a la sustentabilidad económica, a la autodeterminación, a un medio ambiente sano, a los derechos colectivos. La lista no tiene fin.

Conclusión

Mi tesis puede ser resumida en diversos puntos —que en lo general resultan críticos a los derechos añadidos por ser opuestos a los derechos y libertades naturales: en la medida en la que se dé lugar a los derechos llamados de segunda y siguientes generaciones, los derechos y libertades naturales serán violados.

He incluido las cinco partes que creo demuestran las dificultades contenidas en los derechos añadidos —no soy él único que las ha señalado. Lo ha hecho, por ejemplo, H. Hazlitt la hablar de pseudoderechos —en general quienes sostienen opiniones liberales saben que los derechos de siguientes generaciones contienen un fundamento débil, convierten en derechos a lo que sólo son deseos y tienen como efecto colateral el engrandecimiento del estado que es lo que combaten los derechos naturales.

Un buen ejemplo de la desfortuna de la que he hablado es el artículo 25 de la declaración de derechos de la ONU:

“Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social”

No hay quizá mejor texto que éste para demostrar lo que he dicho —y a lo que debo añadir una consideración final.

No puede dudarse de que las intenciones de quienes han propuesto los derechos añadidos son buenas —en la mayoría de ellas existen deseos francos de elevar el bienestar de las personas: sus intenciones son admirables, pero cometen un error considerable al convertir a sus deseos y buenas intenciones en derechos. Los nuevos derechos añadidos son un ataque a las libertades naturales y significan el regreso del abuso gubernamental.

Los derechos llamados de primera generación son los únicos que existen —no son de primera generación, son la única generación. Quizá se remedie el problema al cambiar la terminología y hablar de libertades más que de derechos.

Addendum

Quiero insistir en un punto que lo merece, el tema de los derechos humanos ha sido convertido en una idea chatarra esencialmente por una razón: sus proponentes, con extraordinaria miopía, lo han transformado en una lista siempre creciente de deseos que son parte de agendas políticas de activistas. La consecuencia de hacer esto es volver a los derechos humanos un tema irrelevante que da cabida a las más alocadas peticiones —la semilla fue sembrada por la ONU hace sesenta años y ya germina en esa lista interminable y creciente que no tiene sentido.

Ante esta conversión de los derechos en un listado de cosas sin sentido, merece ser considerada la opción de abandonar la idea de los derechos humanos y comenzar a hablar de libertades naturales de la persona humana —por una razón fácill de comprender: la lista creciente de derechos humanos tiene como efecto el crecimiento del poder del gobierno. Es una paradoja que el énfasis en los derechos humanos lleve al crecimiento del poder gubernamental y eso mismo viole los más básico derechos.

En cambio, al hablar de libertades humanas se tendría la ventaja de impedir el crecimiento del poder gubernamental.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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