Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Desandando la Democracia
Eduardo García Gaspar
31 marzo 2008
Sección: NEGOCIOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Supongo que si se hiciera una encuesta entre los gobernantes mexicanos, preguntando si desean tener un gobierno democrático o no, la inmensa mayoría de ellos respondería que sí. Esas serían las palabras, pero los hechos demuestran otra cosa muy diferente. El tema de la reforma de Pemex es un buen ejemplo para mostrarlo.

Grupo Imagen (27 septiembre) reportó un muy breve capítulo de la saga petrolera mexicana: “ El coordinador de los senadores del PRI, Manlio Fabio Beltrones… [dijo]… ‘El PRI en el Senado está preocupado por el ambiente de crispación que se está generando con posiciones dogmáticas y radicales como las que se están presentando en este momento y cree más en el camino del diálogo y en la búsqueda de los acuerdos para las reformas necesarias para el país’.”

Tiene un buen punto Beltrones, quien además dijo que “ Es más saludable el camino del diálogo y los acuerdos que el de la convocatoria a una posición a ultranza y a formar comandos de combate para ahuyentar a los fantasmas.” Total que existe en verdad un buen nivel de preocupación en México en estos días. La produce la confrontación. No la diferencia de ideas, sino las amenazas de violencia.

El punto merece una segunda opinión para distinguir entre diferencias de opiniones y los métodos de conciliación entre ellas. Sea cual sea el régimen que se tenga, las divergencias de opinión serán inevitables. Eso es una constante humana. Pero la variable que interesa es cómo resolver esas diferencias. Hay dos formas básicas de resolver los problemas de opiniones diferentes.

Una es la violenta. Es la opción que usa el ladrón que le roba a usted la cartera. Usted opina que no debe robarla. Él opina lo contrario. Y el asunto se resuelve con una pistola que la apunta a su corazón. No hubo una discusión sobre los pros y los contras del robo. El ladrón usó la fuerza. Esta es una manera de resolver conflictos también en política, por ejemplo, en una dictadura: se hace lo que el dictador quiere y asunto arreglado. Las opiniones del resto no cuentan.

También, puede acudirse a otra opción, la pacífica. Es más complicada y más larga. Las personas que opinan diferente discuten entre sí intentando persuadirse unas a otras, tratan de encontrar puntos en común y acuerdos que satisfacen hasta cierto punto. Necesita cierta madurez y capacidad para reconocer perder. En política, el asunto se resuelve añadiendo votaciones de los legisladores, con una regla aceptada por todos: se gana por número de votos. Y hay consuelo pensado que en el futuro las cosas pueden cambiarse por la misma vía.

Desde luego, será posible manifestar opiniones, por ejemplo, con mítines públicos. Pero en una democracia no puede admitirse el uso de la fuerza, la que sea. No es válido, por ejemplo, bloquear calles ni interrumpir transportación. Tampoco son legítimas las amenazas de violencia. Eso ya no es propio de una democracia y por eso dudo en verdad que algunos de nuestros personajes públicos sean demócratas.

Quien usa amenazas de violencia, quien no está dispuesto a perder y ceder, ése no es demócrata. Tome usted, por ejemplo, las elecciones internas del PRD y vea la lección que contienen: dentro de un partido político que funciona dentro de una democracia, hay problemas de conteo de votos, fraudes y acciones indebidas. Es inadmisible.

Esa crispación política no es producida por las diferencias de opinión, que son inevitables. Es producida por la posibilidad real del uso de la violencia para imponer una de las opiniones. En este caso concreto, esa amenaza altera a la democracia mexicana y su maduración.

Es un paso atrás de la política mexicana y eso es lo que preocupa. No importa quién genere esa crispación, el que sea que la cree está dañando seriamente al país, al que traiciona: no por tener una opinión clara y diferente a otras, sino por querer imponerla por medio de la violencia. No sabe perder, ni ceder, que son cualidades del demócrata. Y eso es una pena, porque México fue capaz de dar pasos hacia la democracia que ahora alguien quiere desandar.

Post Scriptum

Mi punto es doble. Por un lado, se reconoce que siempre habrá diferencias de opiniones, siempre y sin remedio. Ésa es una constante. Por el otro, lo que realmente importa es cómo resolver esas divergencias, donde hay dos estrategias básicas: la violenta y la pacífica. A la pacífica la conocemos como democracia, a la que Popper vio como una herramienta para cambiar de gobierno de manera pacífica.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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