Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Deudas de Gobierno
Leonardo Girondella Mora
27 febrero 2008
Sección: GOBIERNO, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Sería una gran situación si pudiera yo poseer una tarjeta de crédito cuyo saldo de mis gastos fuera pagado por otros dentro de varios años —cuando yo ya tal vez haya fallecido. Durante mi existencia podría gozar de un gran presupuesto y escasísimas preocupaciones. Mis placeres serán pagados por otros en el futuro.

Por supuesto es una condición injusta —todos estarían de acuerdo en verme como un inmoral irresponsable y tienen razón. Estaría transfiriendo a otros mis responsabilidades. Cuando llega el estado de cuenta de mi tarjeta de crédito debo pagar al menos una parte y aceptar el pago futuro de su saldo.

Hay una conexión directa entre mis acciones y mis deberes. En las empresas sucede lo mismo, aunque no sea tan claro de percibir —la empresa obtiene créditos que deben ser pagados por ella, no por otras empresas: los fondos recibidos serán empleados en proyectos que, se espera, sean capaces de generar lo suficiente como para cubrir la deuda y sus intereses.

Quiero perseverar en la idea de una conexión muy directa de responsabilidad entre quien recibe el préstamo y quien lo paga —es el mismo siempre, sea una persona o una empresa. Pero ese enlace no sucede en el caso de las deudas contratadas por un gobierno. Quien contrata la deuda de gobierno no es el mismo que tiene que pagarla.

La contrata un gobernante en un momento determinado —pero ella será pagada por terceros, los contribuyentes del futuro. La separación es clara en el tiempo: la deuda contratada ahora será pagada en el futuro, lo que nada de anormal tiene pues de esa manera funciona ese mecanismo en todos los caso.

Pero la separación o brecha de responsabilidad es enorme —el crédito es contratado por el gobernante pero será pagada por el contribuyente futuro de otro gobierno. Ninguna responsabilidad asume el gobernante en lo personal sobre esa deuda, como sí lo haría cualquiera en otro caso. Cuando eso sucede, será natural que las deudas tiendan a ser contratadas con menos cuidado y atención.

Las finanzas de un gobierno, cualquiera que sea, siempre tienden a ser manejadas con menos esmero —justamente por esa brecha de responsabilidad y que es parte de la naturaleza gubernamental: los cambios de gobierno profundizan aún más la brecha y el gobernante gasta dinero que no es de él, que cobra por la fuerza y sobre el que carece de responsabilidad.

Es algo muy diáfano el concluir que sin importar opiniones políticas personales, los gobiernos contienen defectos estructurales que causan un sistemático mal manejo de sus finanzas —si esto fuese todo, el apuro generado podría ser resuelto de una manera pragmática: reducir a cero la posibilidad de endeudamiento y minimizar el presupuesto gubernamental. Con menos dinero habría presión para manejarlo de manera más eficiente en los proyectos más prioritarios.

Pero lo anterior, que es lo más recomendable de hacer se enfrenta a una tendencia opuesta —la de hacer crecer el presupuesto de gastos de los gobiernos, lo antitético de lo que el más mínimo sentido común recomendaría. Como secuela ineludible se cae en una situación nociva: más recursos son usados de maneras menos eficientes.

Insisto en el punto que no se trata de una cuestión ideológica, sino de una práctica y real —las finanzas gubernamentales reciben un uso descuidado por sistema, independientemente del tipo de régimen político que se aplique. Monarquías, dictaduras, socialistas, liberales, todos los gobiernos tienen ese defecto que les es intrínseco —y que se agrava conforme crece el presupuesto de ese gobierno.

La causa: esa desconexión de responsabilidades entre quien contrata la deuda y quien debe hacerse responsable de su pago. La realidad lo muestra sin temores: el IMSS, el ISSSTE, las pensiones, el presupuesto educativo —las finanzas de esas instituciones gubernamentales es deficiente y se sostienen artificialmente. El Universal de México (3 agosto 2007) reportó:

Entre 2007 y 2012, el gobierno de Felipe Calderón tendrá que pagar 889 mil 650 millones de pesos por concepto de amortizaciones e intereses producto del endeudamiento en que incurrió la administración foxista para desarrollar los planes de expansión del sector eléctrico y petrolero… Este año, por ejemplo, Pemex deberá destinar 88 mil 399 millones de pesos, mientras que la CFE otros 13 mil 629 millones para cubrir el costo del servicio de la deuda. Ambas están comprometidas por los Pidiregas generados desde 1996 y que, hasta 2045, representan un global de 2.2 billones de pesos.

La lección que muestran los razonamientos y también la realidad es una que lleva a adoptar una política severa de control de gasto de gobierno —déficit cero en períodos marcados, endeudamiento cero y presupuesto reducido, más una ideal difícil de implantar, el hacer que el gobernante que gaste dinero público sea considerado responsable más allá de su período de gobierno. No he tratado el tema de la corrupción en las precisiones previas y me limito a señalar un principio pragmático también: a mayor presupuesto gubernamental tenderá a existir mayor corrupción, lo que ahonda el problema del mal uso de recursos escasos.

Nota del Editor

Quizá la mejor idea al respecto del gasto gubernamental sea una de M. Friedman, quien clasifica en cuatro categorías los gastos posibles de existir:

Categoría I. La persona gasta su propio dinero en su propio beneficio. El ejemplo más claro de esto es toda compra que uno hace de un bien que uno mismo usará. Puede ser el gasto que alguien realiza en un supermercado para adquirir artículos para su propio consumo, o bien la compra de un automóvil para su propio uso. Claramente existe en esta categoría un fuerte incentivo para realizar una compra eficiente y económica, comprando el bien que más valor representa para la persona.

Categoría II. La persona gasta su propio dinero para beneficio de un tercero. El ejemplo más típico de esto es la compra de regalos de Navidad o cumpleaños. Igualmente en esta categoría se tiene un fuerte incentivo para economizar, aunque algo menos para lograr el máximo valor para el receptor del regalo.

Categoría III. La persona gasta dinero ajeno en ella misma. Es el caso de las cuentas de viaje cubiertas por la empresa. En este caso, la persona no tiene un fuerte incentivo de ahorro, aunque sí tiene una motivación para obtener el máximo valor posible para ella.

Categoría IV. La persona gasta dinero ajeno en terceras personas. Es el caso de pagar uno mismo la cuenta de otra persona con cargo a la empresa. No hay aquí incentivo para gastar menos ni para buscar el máximo valor.


ContraPeso.info es un proveedor de información e ideas que buscan explicar la razón de ser de sucesos económicos, políticos y sociales.




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras