Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Educación Para La Ciudadanía
Leonardo Girondella Mora
1 agosto 2008
Sección: ESCUELAS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Lo que sigue es un intento de poner sobre la mesa un tema de amplias consecuencias —el de la conocida en general como Educación para la Ciudadanía, generalmente abreviada EpC. No creo que actualmente haya tema de mayor importancia que éste.

La EpC adopta diversos nombres que pueden incluir términos como civismo, cívico-ético y similares —se trata de una o más asignaturas recientes en las escuelas primarias, secundarias, preparatorias e incluso universitarias.

Se aplica en las escuelas públicas, pero tiene la posibilidad de ser obligatoria en las privadas.

La temática general de la EpC es la de valores democráticos, legales, justos —que se apoyan en nociones de tolerancia, diversidad, pluralismo, derechos humanos, ecología, disposiciones constitucionales, sociedad libre y otras ideas similares, que coinciden asombrosamente con lo considerado políticamente correcto.

La EpC en pocas palabras es uno o más cursos de enseñanza de valores civilmente aceptados según los criterios del gobierno.

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Una parte no siempre mencionada de la EpC es la de las fuentes de esos conceptos —y en donde se hace necesario señalar de dónde no surgen y de dónde sí.

La EpC es muy cuidadosa de evitar toda influencia religiosa pues toma a la religión como algo no congruente con la mentalidad moderna que debe evitar vertientes a las que considera sin fundamento racional.

Pero ya que la EpC necesita de valores y creencias, ellos deben salir de algún lado. No claramente especificado el origen de los valores y creencias incluidos en la asignatura pueden, sin embargo, detectarse asociaciones no gubernamentales y sus agendas políticas —puede ser una ONG ecologista, o como en España, la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, FELGTB.

En resumen, los contenidos de valores de la EpC tienen un origen secular en dos sentidos. Primero, el rechazo a la influencia religiosa y, segundo, la aceptación de la influencia de cualquier otro origen que coincida con sus valores.

La EpC es en resumen una asignatura axiológica —una que enseña valores, creencias, moral, ética y sentido de lo bueno y lo malo.

El problema que presenta es uno de origen y que puede ser apuntado con mucha sencillez: el gobierno es ahora la fuente de la moral, de lo que determina lo que es bueno y lo que es malo, de lo que debe creerse y lo que no debe creerse.

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Es una elevación indebida del poder estatal —la niñez y la juventud son educados de acuerdo con lo que una serie de burócratas, presionados por ONGs y activistas, creen conveniente.

Por ejemplo, la EpC suele contener partes que enseñan y promueven a la homosexualidad como algo natural y superior a las normas religiosas que rechazan ese tipo de actos.

Un niño puede ser enseñado a que puede tomar una decisión de género con independencia de su naturaleza. Sin necesidad de discutir la legitimidad del homosexualismo, lo que debe admitirse es una realidad: el estado entra a un campo que siempre ha estado fuera de su competencia.

El menor de los sentidos democráticos señala la terrible falta que se comete al unir al poder moral con el poder político —es un regreso a los sistemas totalitarios en los que el gobernante indoctrina al ciudadano a su conveniencia.

Quiero enfatizar el punto para mayor claridad —la discusión no es si el homosexualismo deba ser reprobado o no, el problema es que esa discusión ha sido intervenida por el estado con una solución aplicada por la fuerza.

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Quiero enfatizar el problema visto del otro lado. Quien sea que crea en la libertad humana reconocerá que una parte importante de la educación es precisamente esa libertad de decisión —lo que se traduce en algo tan simple como el derecho de los padres a educar a sus hijos como ellos lo desean.

El problema de la EpC es que viola esa libertad al utilizar a la educación pública como una herramienta de imposición de las opiniones morales del gobierno.

Dentro de lo que sé del tema, una buena parte de la oposición a la EpC viene de los católicos, lo que puede ocasionar una primera impresión muy equivocada —la de creer que se trata de una defensa de intereses católicos que desean tener una influencia muy grande en la educación de la niñez.

Es la impresión que produce la desafortunada creencia de que todo es una lucha de poderes.

Es mucho más que eso —es un esfuerzo por evitar la esclavitud humana en manos de gobiernos que siempre desean tener más poder y ahora quieren ser árbitros de la moral a la que manejan a su conveniencia.

Las discusiones al respecto concentran su atención en las diferencias, pero olvidan en corazón del problema. Insisto aún más en mi punto con el siguiente ejemplo.

Algunos gobiernos han autorizado el matrimonio de personas del mismo sexo, incluso dándoles autorización de adopción de niños —a lo que se han opuesto personas que piensan que eso es indebido y tiene consecuencias nefastas.

La atención se ha puesto en la defensa de una de esas dos posiciones, cuando el problema no es tanto ése como el hecho de que el estado se ha adjudicado el papel de juez de las discusiones morales y usado ese poder en su beneficio.

Para usar una imagen ilustrativa: en un claustro académico dos o más teólogos discuten algún punto, el que sea, quizá la determinación de la verdadera religión; escriben libros, explican razonamientos, exhiben pruebas, argumentan y discuten.

Mientras eso sucede, entra al salón de clases un grupo de gobernantes y por decreto dictaminan que el poseedor de la verdad es tal o cual de los teólogos que discutían. Ahora sus enseñanzas serán las obligatorias en el resto de las escuelas y las opiniones de los otros serán desechadas.

John Milton en su Carta Sobre La Tolerancia sostuvo que es imposible que un juez en esta tierra pueda dictaminar cuál de las religiones en la verdadera —pero eso es precisamente lo que está haciendo la EpC y con ello crear un estado poderoso a tal extremo que ya es capaz de indoctrinar al alumno para ser el ciudadano que el gobierno desea tener.

Cuando el gobierno tiene tal poder acontece lo natural. Cuando un estado tiene gran poder económico surge el clientelismo de ese tipo: grupos piden favores a cambio de alianzas —se reciben subsidios a cambio de votos y apoyos.

Lo mismo sucede cuando un estado tiene poder moral: los grupos con agendas morales acuden a la autoridad solicitando favores y ofreciendo alianzas. Se tiene cabildeo económico y ahora se tiene un cabildeo moral.

Así como los gobiernos sobrepasaron sus límites en el terreno de la economía y decretaron controles de precios, impuestos distributivos, subsidios, prohibiciones de comercio y demás, ahora la EpC ha permitido ver que los gobiernos quieren también tener poder moral y lograr lo que todo poder desea, ser total.

Conviene ver La Moral de Morales para un caso concreto de concentración de poder moral. Para algunas razones en contra del matrimonio de personas del mismo sexo, véase Matrimonio: Su Redefinición.

 


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.
 



4 Comentarios en “Educación Para La Ciudadanía”
  1. Contrapeso » Como Dos Idiomas Distintos
  2. Contrapeso » Y Ahora, Todo es Público
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  4. Sin Dogmas, Sin Educación | Contrapeso




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