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Efectos No Intencionales: Definición
Leonardo Girondella Mora
9 julio 2008
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Asuntos, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en:


En mi experiencia, la noción de los efectos no intencionales es poco conocida y aún menos aplicada —acostumbra ser mencionada por unos pocos expertos, generalmente economistas y pasa sin ser ni definida, ni comprendida por el resto.

La idea es asombrosamente simple: las acciones humanas tienen efectos no previstos que pueden ir en contra de la meta de esas acciones.

B. Mandeville, a principios del siglo 18, publicó La Fábula de las Abejas, que suele ser tomada como la obra pionera que hizo explícita la noción.

Medio siglo después, Adam Smith escribió el más famoso ejemplo de efectos no intencionales —en La Riqueza De Las Naciones habló de que “no es la benevolencia del carnicero, del cervecero, ni del panadero lo que produce nuestra comida, sino la consideración de su propio interés.”

Es como una paradoja: gracias a que esos comerciantes desean lograr los mayores beneficios personales es que el resto de las personas se benefician.

La expectativa de lógica superficial sería la opuesta —el egoísmo del panadero daña a sus clientes, diría el ingenuo equivocando su razonamiento, pues en realidad ese egoísmo del tendero crea bienestar en los demás, incluso a pesar de que él no lo quiera.

Se le llega a considerar una ley, la Ley de las Consecuencias No Intencionales: efectos que no son previstos y muchas veces opuestos a las expectativas ortodoxas esperadas, que pueden ser positivas o negativas.

Una vez explicada, esta ley resulta comprensible para todos —pero no es usada tanto como debiera serlo: en política suele ser muy ignorada.

Los gobernantes no parecen entender esa idea de Smith, que las personas guiadas por la búsqueda de su propio bienestar terminan produciendo efectos que no buscaron, la prosperidad ajena, como guiados por una mano invisible.

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Lo que la ley establece es la tremenda complejidad de la sociedad —no puede ser ella tratada usando relaciones simples de causa-efecto: una acción con muy buenas intenciones puede provocar consecuencias negativas que empeoren la situación que se pretendía mejorar; y viceversa.

Poner de lado esa complejidad es un error de ignorancia muy común en las acciones de gobierno.

Un ejemplo real ayudará a entender esto: con la meta de liberar a personas que son vendidas como esclavos, se hace una colecta de dinero que compra a esas personas y más tarde las libera —la meta es estupenda, pero sus efectos opuestos a la intención buscada: la compra de esclavos eleva la demanda y da incentivos para que más personas sean capturadas.

Otro caso: se realiza una campaña mundial que pide la condonación de la deuda externa de países pobres con la intención de mejorar la economía de ellos —la intención es admirable, pero puede terminar siendo un subsidio al gobierno que causa tal pobreza.

El ejemplo de leyes que pretenden el bienestar de algunos y terminan dañando a quienes intenta proteger es uno muy ilustrativo —es el de la ley laboral mexicana que está inclinada a favorecer a los trabajadores frente a los empleadores, pero tiene efectos curiosos e inesperados: subsidiar con trabajadores baratos a una economía más poderosa, la de EEUU, como señaló I. Bretti.

Los ejemplos conocidos son muchos. Todos muestran casos de acciones que buscaban un cierto resultado pero que terminan por tener consecuencias netas indeseables, peores que la situación general.

Un ejemplo muy viejo es el de la manipulación de la tasa de interés por parte de las autoridades —preocupadas por el bienestar de la sociedad, ellas pueden decretar que el precio del dinero sea reducido: todos pagarán menos por el crédito y eso ayudará a todos.

La relación causa-efecto es entendida con simplismo y se actúa en consecuencia haciendo caso omiso de lo que podrá suceder: retiro del crédito a los proyectos más arriesgados y a las personas de menores ingresos, elevación de otros costos de crédito y demás.

Los programas de ayuda a los pobres suelen estar llenos de esos efectos no intencionales —C. Murray los ha explicado magistralmente en un libro clásico.

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Los efectos no intencionales son una realidad que no puede ser ignorada —pero lo suelen ser en buena cantidad de decisiones gubernamentales, un error que es común por dos razones: ignorancia absoluta y urgencia de acción.

Puede imaginarse lo difícil de una decisión de gobierno para remediar una situación de escasez de alimentos y precios muy elevados —la tentación de implantar controles de precios y racionamientos será la conducta de más apariencia lógica: la gran mayoría la apoyarán y, sin embargo, la mejor decisión habría sido la de liberar los precios, lo opuesto exactamente (véase el caso de Alemania después de la guerra).

La diferencia de mentalidades es el origen de los problemas que causan los efectos no intencionales.

Unas mentes entienden de manera simple al mundo —para ellos una causa produce un efecto aislado e independiente del resto y sobre ese conocimiento parcial se implanta una medida como el cierre de fronteras a productos importados con la intención de proteger a la planta industrial nacional, sin considerar que la ausencia de productos importados eleva costos y los ciudadanos del país pagarán más por productos de menor calidad.

Pero quien entiende a la sociedad como una entidad compleja con efectos y causas concatenados actuará de manera diferente —intentará prever los efectos indeseables de decisiones con buenas intenciones, muchas veces realizando acciones que la lógica superficial no alcanza a comprender.

La definición de la Ley de Consecuencias No Intencionales no es muy conocida fuera de algunos círculos académicos, como el de los economistas —los gobernantes no parecen conocerla. La ley es un concepto sencillo y simple que no requiere gran esfuerzo mental.

El gran obstáculo de la ley es una opinión pública escasamente ilustrada que entiende que todo problema debe ser atacado por decisiones gubernamentales simples de causa-efecto —si hay elevaciones de precios, por ejemplo, se pedirá que se implanten controles de precios.

Requerirá una mente más refinada el entender que la mejor decisión es dejar libres a los precios.

Esa opinión pública poco ilustrada forzará a los gobiernos a tomar medidas contraproducentes, pero que les hacen ver bien ante la ciudadanía.

Además, debo mencionar finalmente al intervencionismo que tiene un punto de partida demasiado simple: todo puede resolverse con acciones gubernamentales basadas en relaciones aisladas de causa-efecto.

Popularizar la Ley de Consecuencias No Intencionales, con la cantidad de casos curiosos que contiene, como el del Wal-Mart. será un gran paso para todos.


ContraPeso.info es un proveedor de información e ideas que buscan explicar la razón de ser de sucesos económicos, políticos y sociales.



3 Comentarios en “Efectos No Intencionales: Definición”
  1. Ramón C Dijo:

    Quiero expresar mi felicitación al que se le ocurrió hablar del principio de los efectos no intencionales. En mi práctica profesional he encontrado que éste es un concepto que no comprende la mayoría de la gente, especialmente los gobernantes a quienes he conocido personalmente.

  2. Diana Dijo:

    muy buena la pag. tiene toda la informacion necesaria para la exposición

  1. Gracias, Brown y Demás | Contrapeso




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