¿Qué son efectos no intencionales? Su definición apunta a consecuencias imprevistas. Efectos colaterales no considerados de acciones con propósitos explícitos.

La noción de los efectos no intencionales es poco conocida y aún menos aplicada. Acostumbra ser mencionada por unos pocos expertos, generalmente economistas. Pasa sin ser ni definida, ni comprendida por el resto.

Efectos no intencionales, definición

La idea es asombrosamente simple. Las acciones humanas tienen, muchas veces, efectos no previstos que incluso pueden ir en contra de la meta de esas acciones.

Efectos no intencionales, ignorados en el inicio de la acción y que pueden empeorar a la condición inicial. O, en ocasiones, pueden mejorarla.

Ejemplos de consecuencias no previstas

B. Mandeville, a principios del siglo 18, publicó La Fábula de las Abejas, que suele ser tomada como la obra pionera que hizo explícita la noción.

¿Qué sucedería si las personas dejaran de robar? Cosas buenas seguramente, pero también los fabricantes de cerraduras para puertas se quedarían sin empleo.

Medio siglo después, Adam Smith escribió el más famoso ejemplo de efectos no intencionales. En La Riqueza De Las Naciones habló de que «no es la benevolencia del carnicero, del cervecero, ni del panadero lo que produce nuestra comida, sino la consideración de su propio interés”.

Una paradoja. Gracias a que esos comerciantes desean lograr los mayores beneficios personales es que el resto de las personas se benefician. Efectos no intencionales de otro tipo, benéficos.

La expectativa de lógica superficial sería la opuesta. El egoísmo del panadero daña a sus clientes, diría el ingenuo. En realidad ese egoísmo del tendero crea bienestar en los demás, incluso a pesar de que él no lo quiera.

Una ley de efectos no intencionales

Se le llega a considerar una ley, la Ley de Efectos No Intencionales. Consecuencias que no son previstos y muchas veces contrarias a las expectativas esperadas, que pueden ser positivas o negativas.

Una vez explicada, esta ley resulta comprensible para todos. Pero no es usada tanto como debiera serlo: en política suele ser muy ignorada.

Los gobernantes no parecen entender esa idea de Smith, que las personas guiadas por la búsqueda de su propio bienestar terminan produciendo efectos que no buscaron, la prosperidad ajena, como guiados por una mano invisible.

Una sociedad compleja y complicada

Lo que la ley reconoce es la tremenda complejidad de la sociedad. No puede ser ella tratada usando relaciones simples de causa-efecto. Una acción con muy buenas intenciones puede provocar consecuencias negativas que empeoren la situación que se pretendía mejorar. O, viceversa.

Hacer de lado esa complejidad es un error de ignorancia muy común en las acciones de gobierno. Es la complejidad de la sociedad la que hace vital que sean considerados los efectos no intencionales.

Más ejemplos

• Con la meta de liberar a personas que son vendidas como esclavos, se hace una colecta de dinero que compra a esas personas y más tarde las libera.

La intención es estupenda. Todos la aprobarían, pero sus efectos Pueden empeorar la situación que quiere evitarse. La compra de esclavos eleva la demanda de ellos y da incentivos para que más personas sean capturadas.

• Se realiza una campaña mundial que pide la condonación de la deuda externa de países pobres con la intención de mejorar la economía de ellos.

La intención es admirable, pero puede terminar siendo un subsidio al gobierno que causa tal pobreza. El gobierno local se libra así de obligaciones crediticias y se incentiva su irresponsabilidad financiera.

• La ley laboral mexicana que está inclinada a favorecer a los trabajadores frente a los empleadores. Pero tiene efectos curiosos e inesperados. Subsidia con trabajadores baratos a una economía más poderosa, la de EEUU, como señaló I. Bretti.

Como consecuencia…

Los ejemplos conocidos son muchos. Todos muestran casos de acciones que buscaban un cierto resultado pero que terminan por tener efectos no intencionales, peores que la situación que pretendían atender.

Un ejemplo muy viejo es el de la manipulación de la tasa de interés por parte de las autoridades. Preocupadas por el bienestar de la sociedad, ellas pueden decretar que el precio del dinero sea reducido.

Todos pagarán menos por el crédito y eso ayudará a todos (se supone). La realidad muestra lo opuesto, efectos no intencionales que acumulados producen crisis económicas.

Los programas de ayuda a los pobres suelen estar llenos de esos efectos no intencionales , que C. Murray ha explicado magistralmente en un libro clásico.

Un hecho imposible de ignorar

Los efectos no intencionales son una realidad que no puede ser puesta de lado. Sin embargo, eso sucede en buena cantidad de decisiones gubernamentales. Un error que es común por dos razones: (1) ignorancia y (2) urgencia de acción.

Puede imaginarse lo difícil de una decisión de gobierno para remediar una situación de escasez de alimentos y precios muy elevados. La tentación de implantar controles de precios y racionamientos será la conducta de más apariencia lógica.

Sin duda, la gran mayoría la apoyarán y, sin embargo, la mejor decisión habría sido la de liberar los precios, lo opuesto exactamente (véase el caso de Alemania después de la guerra, o el de Hong Kong).

Mente ingenua y mente astuta

La diferencia de mentalidades es el origen de los problemas que causan los efectos no intencionales.

Unas mentes entienden de manera simple al mundo. Para ellas una causa produce un efecto aislado e independiente del resto y sobre ese conocimiento parcial toman una medida cualquiera.

Puede ser el cierre de fronteras a productos importados con la intención de proteger a la planta industrial nacional. Y dejan de considerar que la ausencia de productos importados eleva costos y los ciudadanos del país pagarán más por productos de menor calidad.

Pero quien entiende a la sociedad como una entidad compleja con efectos y causas concatenados actuará de manera diferente. La mente astuta intentará prever los efectos indeseables de decisiones con buenas intenciones. Muchas veces considerará efectos colaterales que la lógica superficial no alcanza a comprender.

El gran obstáculo de la ley es una opinión pública escasamente ilustrada que entiende que todo problema debe ser atacado por decisiones gubernamentales simples de causa-efecto. Si hay elevaciones de precios, por ejemplo, se pedirá que se implanten controles de precios.

Requerirá una mente más refinada el entender que la mejor decisión es dejar libres a los precios.

Esa opinión pública poco ilustrada forzará a los gobiernos a tomar medidas contraproducentes, pero que les hacen ver bien ante la ciudadanía.

En resumen…

Popularizar la Ley de Consecuencias No Intencionales, con la cantidad de casos curiosos que contiene será un gran paso para todos.

El concepto es razonable. Los actos de las personas buscan consecuencias supuestas según relaciones simples de causa-efecto. Ellas suelen olvidar que existen consecuencias no previstas que aumentan conforme a la complejidad de la situación.

Las buenas intenciones originales de cualquier acción, como los precios de garantía, tienen más consecuencias que las buscadas. Algunas de ellas pueden ser tan serias que provoquen problemas mayores al que trata de solucionarse.

Anticipar esos efectos no intencionales es una obligación en las acciones gubernamentales para evitar crear problemas aún mayores y crisis severas.

[La columna fue revisada en 2019-04]