Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Arte De Perder
Eduardo García Gaspar
27 mayo 2008
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fue reportado hace poco (el Universal, 19 mayo 2008) que diputados federales del PRD en México tuvieron una idea que suena razonable. Ellos mandaron una carta a los gobernadores de los estados proponiendo que se realice un plebiscito. Dicen que por ese medio “la sociedad” podrá opinar sobre la reforma energética.

La intención no es del todo limpia, pues la carta indica que de realizarse la reforma, los gobernadores se quedarán sin los fondos que el monopolio estatal petrolero les permite tener. Quieren el plebiscito aparentemente, pero no quieren la reforma, y esto es una contradicción. ¿Qué sucedería si los ciudadanos deciden que sí quieren la reforma?

Si eso pasa, sabemos que la reacción del PRD será negar la validez del plebiscito que solicitó. No sería la primera vez que reacciona de esa manera. Pero antes es posible usar un truco conocido: sesgar la respuesta con una pregunta intencionalmente mal redactada en ese plebiscito. Podría preguntarse, por ejemplo,

¿le gustaría a usted que el petróleo que es de los mexicanos pase a manos de las voraces empresas extranjeras quitando recursos para el desarrollo del país?

Una pregunta así podría garantizar una opinión pública favorable a las intenciones de quienes no desean una reforma energética.

Pero la intención de hacer un plebiscito, si se hace profesionalmente, no es mala. Al contrario, permitiría conocer más ampliamente el sentir de los ciudadanos. No es una herramienta perfecta y contiene peligros, pero sería de ayuda. ¿Cuáles peligros?

Uno de ellos es muy obvio y ha sido mencionado muchas veces. Aún presuponiendo preguntas objetivas, muchos ciudadanos no conocen lo suficiente del tema como para sostener una opinión razonablemente sólida. Recuerdo los resultados de una encuesta reciente: más o menos una cuarta parte se inclinaba por la reforma y otra porción similar estaba en contra; el resto, la mitad, no tenía opinión.

Otro peligro es el de la escasa votación potencial de un plebiscito así. Si en las elecciones de 2006 un 40 por ciento no votó, en esto debe esperarse una votación aún menor, muy posiblemente con un 60 por ciento de abstencionismo. Esto podría provocar que quienes voten lo hagan dirigidos por los mismos partidos: corporativismo en pleno. El plebiscito sería manipulado por los partidos mismos y se tendría otro conflicto de conteo de votos.

Hay otro peligro más oculto, el de los partidos políticos que evitan su responsabilidad de negociar y aceptar acuerdos, muy especialmente el de aceptar derrotas. Antes del plebiscito, que no es mala idea, debieran los partidos mostrar indicios de aceptación de derrotas en votaciones del congreso. No los hay… y por eso el plebiscito más parece una estrategia para posponer y ganar la votación en contra de la reforma. Ser legislador lleva una obligación funcional, la de aceptar derrotas.

Esto es lo que me lleva a lo que creo que merece una segunda opinión, el arte de perder. Cuando se juega dentro de un sistema de reglas conocidas, como un deporte, la posibilidad de perder es aceptada por todos. Sean competencias olímpicas o torneos de futbol, todos saben que se trata de ganar, pero que puede perderse. Incluso se acepta la posibilidad de jueces y árbitros imperfectos. No creo que esto tan común en los deportes sea aceptado por los partidos políticos mexicanos en general.

La posibilidad de perder les aterra y hay muchos legisladores mexicanos que están dispuestos a todo antes que perder. A todo, así sea suspender con violencia las sesiones legislativas. Las reglas democráticas son simples: gana la mayoría en votaciones legislativas, o alguna otra proporción señalada en las leyes. Con el simple hecho de ser legislador, esas reglas se aceptan.

Y con esa aceptación se debe trabajar. Son ellos en quienes se ha depositado la confianza de llegar a acuerdos bajo ciertas reglas. Si no lo hacen, ellos violan su contrato de trabajo con el ciudadano… lo que me lleva a la idea de otro plebiscito más útil aún, el de preguntar a los ciudadanos qué tan satisfechos están con el desempeño de los partidos políticos. Si eso se hiciera, mucho me temo, no habría resultados positivos y al menos esos legisladores y partidos conocerían que su conducta dista mucho de lo mínimo indispensable.

Post Scriptum

La idea de que los recursos de Pemex se perderían como fuerza de desarrollo, me parece, es débil.

  • Su contribución al desarrollo mexicano durante más de sesenta años ha sido imperceptible.
  • Los actos de corrupción, ineficiencia y abusos son comunes y mayores a los de empresas privadas.
  • Si el petróleo fuese manejado por varias empresas privadas, los impuestos pagados por ellas seguirían llegando al gobierno, incluyendo un impuesto adicional, el de derechos de extracción. No habría diferencia en los ingresos gubernamentales.
  • La única manera de argumentar que se perderían recursos gubernamentales provenientes del petróleo es tener un sistema especial de impuestos a la empresa, muy superiores a los pagados por otras industrias y eso debilitaría a la empresa afectada, sea pública o privada.

ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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