Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Efecto Maquiavelo
Eduardo García Gaspar
27 noviembre 2008
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El hombre era un gobernante, un político, de mucho tiempo, miembro del PRI y respetuoso de las normas no escritas que ese partido tenía. La más obvia de las cuales era, quizá, la absoluta lealtad al superior inmediato. Durante una comida a la que m invitó, y dentro de una conversación interesante, el hombre habló de Maquiavelo (1469-1527).

Maquiavelo tiene el mérito de ser tremendamente popular, especialmente entre quienes no lo han leído. Suele ser citado, mencionado, admirado y mal interpretado. El hombre, siguiendo con el tema, me dijo que su libro, El Príncipe, debía ser una obra de consulta para toda persona, especialmente para los políticos. Difiero de esa opinión. Hay autores y obras mucho mejores.

Lo que llama la atención de la popularidad de Maquiavelo es la cantidad de personas que usan el apellido del autor, convertido en un adjetivo de aplicación universal: esa connotación de consejo práctico y descarnado, destinado a lograr resultados con independencia de la calidad ética de medios y objetivos. Es una especie de teólogo del oportunismo que todo lo legitima.

Según he leído, la percepción actual de Maquiavelo no fue siempre la misma. En los tiempos inmediatos posteriores a la publicación de su obra, era visto como un malvado inmoral que era reprobable y odioso. No deja de ser significativo que en los actuales tiempos, el autor sea visto con entusiasmo e incluso éxtasis. Ha llegado a ser considerado como el fundador de la ciencia política.

Conecto aquí a Maquiavelo con Nietzsche y su idea de la voluntad de poder, como el valor máximo actual. Maquiavelo tuvo un propósito en su obra: aconsejar al gobernante a mantener y acrecentar su poder por cualquier medio, dando así entrada aun concepto nefasto, el de la idea de que los gobernantes no tienen obligación de obedecer las reglas morales que sí obligan al resto.

M. Rothbard lo califica como “incuestionablemente un nuevo fenómeno en el mundo occidental: un predicador consciente del mal entre la clase gobernante”. Llama mucho la atención esa frase, la del predicador del mal para los gobernantes, a quienes da formas de legitimar sus acciones, las que sean. Es la parte opuesta a la mentalidad que pide dividir el poder para evitar sus abusos. Maquiavelo es el apologista del abuso del poder.

No sorprende que, por eso, el político que me hablaba de él lo hiciera con deleite desmesurado. Llegó a decir que el libro debía ser obra de cabecera de todo gobernante, lo que me estremeció un tanto. Un buen gobernante, según yo, debía tener a su lado obras de Montesquieu, de Tocqueville, de Turgot. Creo que no las tiene porque esos autores tienen otra idea, la de reducir el poder del gobernante.

El corazón de Maquiavelo, para el gobernante, es encantador: le dice y justifica que nada limita sus acciones, que él no está bajo el mandato moral que los demás tienen, que su poder no debe tener límites, que lo que vale ante todo es su poder y conservarlo. Esto es miel pura en los oídos del gobernante. La razón es obvia.

El poder es un tipo de adicción. No quiere límites. Y, por eso, los gobernantes son especialmente susceptibles a sucumbir a los autores que justifican la acumulación del poder. Unos más, otros menos, pero la razón de ser del gobernante es su poder sobre el resto. Esta es la razón por la que los gobernantes tienden a ser más socialistas que liberales.

El socialismo les provee de teorías económicas, políticas y morales, que legitiman la centralización del poder. Muy pocos gobernantes tendrán como libro de cabecera alguna de las obras de Mises, pero muchos tendrán a sus opuestos. Por eso ven al keynesianismo con buenos ojos, pero no a economistas como Hayek.

El tema puede parecer algo abstracto, pero merece una segunda opinión debido a los contenidos de las campañas electorales en EEUU. Ellas, como casi todas, están basadas en hacer a los gobiernos oferentes de promesas. McCain, el republicano, que debía ser el más liberal, en realidad hizo promesas de mayor intervención estatal. Igual sucede en otros lugares.

Maquiavelo retiró de la política la limitación que debía tener el gobernante de comportarse bajo los mismos mandatos morales de todos. Sin esa limitación de poder, ahora el gobernante es libre de prometer lo que sea con tal de lograr su objetivo, llegar al poder.

Post Scriptum

Existe un extraordinario análisis de Maquiavelo en Rothbard, Murray Newton (1995). ECONOMIC THOUGHT BEFORE ADAM SMITH: AN AUSTRIAN PERSPECTIVE ON THE HISTORY OF ECONOMIC THOUGHT. Aldershot, Hants, England ; Brookfield, Vt., USA. E. Elgar Pub.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras