Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Gobierno y Las Personas
Eduardo García Gaspar
9 abril 2008
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Imagine usted que está hablando con su mejor amigo y que usted le hace una pregunta. ¿Cuál de los dos encabezado de periódicos es más probable?, uno dice que las empresas de gobierno están mal administradas y otro encabezado dice que están bien administradas. ¿Cuál de esos dos titulares de periódico estaría más cerca de la verdad?

Una respuesta fue dada hace poco. Se reportó que “El Gobierno es mal empresario con dinero ajeno: Pierde como hotelero, periodista, operador de teatros y promotor turístico, y quien termina pagando es el contribuyente, pues con fondos públicos se cubren los saldos negativos de las paraestatales” (Grupo Reforma, 7 abril).

El neto del reportaje es señalar que las empresas manejadas por el gobierno pierden dinero consistentemente: el Consejo de Promoción Turística, el Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec, la Agencia Mexicana de Noticias (Notimex), Compañía Operadora del Centro Cultural y Turístico de Tijuana, Educal, Diconsa, Fonatur y Corporación Mexicana de Investigación en Materiales, dice el reportaje “registraron las mayores pérdidas entre 2006 y 2007.”

Esto lleva a proponer dos tipos de administración, la gubernamental y la privada, apuntando que la gubernamental da resultados consistentemente malos y que la privada da resultados consistentemente buenos. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: los orígenes de los recursos son diferentes.

Una empresa privada se maneja con recursos personales que son manejados con mayor prudencia. Ellos son propios y conseguirlos tiene un precio que la persona paga. Una empresa pública es manejada por personas cuyos recursos no están en riesgo; son recursos de otros y tienen origen en el cobro coercitivo de impuestos. No extraña que las empresas privadas que no sean redituables cierren y que las empresas públicas que sean deficitarias se mantengan vivas con recursos ajenos, que vienen de los impuestos.

Una de las empresas estatales mexicanas, Diconsa, por ejemplo, recibió apoyos por 2,300 millones que vienen de los impuestos que pagamos lo mexicanos. Es decir, la empresa más barata es la que tiene utilidades: nuestros impuestos no van a ella y se vale por sí misma. Si fracasa, no nos cobra nada al resto. Sus accionistas son los que pierden, no el resto del país.

Es posible que esto sea un secreto mejor guardado que el de la fórmula de Coca-Cola, pues esas empresas públicas, que están quebradas, siguen vivas, artificialmente vivas. Es poco comprensible que ello suceda, pero aún así existen y debemos explicar las razones.

Quizá sea que aún hoy todavía hay quienes creen que los servicios que da el gobierno son gratuitos y que Diconsa, o Fonatur, o Notimex, no cuestan. La realidad es que sí cuestan. Tienen costos de oportunidad. Gracias a ellas este país tiene menos carreteras, menos infraestructura, menos policías, tribunales malos. Este precio se paga con un nivel de bienestar menor al posible.

También puede ser que se deba a que se tiene un recelo de las utilidades. Aún hay quien cree que las utilidades de las empresas son indebidas y con esa actitud apoya a las empresas que pierden dinero. La verdad es que el tener utilidades es una comprobación de que los recursos que se usan están siendo bien aprovechado. En las empresas que pierden dinero, los recursos están siendo desperdiciados y eso es irresponsable porque los recursos son limitados.

¿Le teme usted a utilidades muy grandes en las empresas? Haga lo que los empresarios más temen: abra los mercados, que haya competencia y mucha. Es lo que mejor beneficiará a los consumidores y elevará su estándar de vida.

Lo que les sucede a las empresas gubernamentales en México es la consecuencia natural de lo que los economistas llaman incentivos: ellas son de nadie y su administración no asume responsabilidades porque pueden con facilidad acudir a una fuente de financiamiento que no tiene costo, los impuestos. Que ellas pierdan dinero y desperdicien recursos es lo normal y no cambiará mientras no se modifiquen los incentivos.

Post Scriptum

Creo que hay dos conceptos claves aquí. Uno es el del costo de oportunidad, que representa lo que se pierde con el dinero canalizado a las empresas paraestatales. La trasferencia de 2,300 millones de pesos a Diconsa, por ejemplo, significa necesariamente que ese dinero no se empleará para pavimentar carreteras en mal estado o cualquier otra cosa que pudiera hacerse y que es de una prioridad mayor.

El otro concepto es el de los incentivos. En una empresa privada, el accionista arriesga una parte de su patrimonio; para igualar el riesgo en las empresas gubernamentales podría obligarse a que sus administradores invirtieran también una parte de sus ahorros, arriesgándose a perder y ganar según resultados. Recuerdo haber leído en algún sitio, que si un burro en algún pueblo se pone al servicio de todos, pocos se harán responsables de su cuidado. En poco tiempo el burro morirá por falta de comida y de atención. No le sucederá eso al burro que alguien compró con su dinero.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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