Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Gran Dilema
Leonardo Girondella Mora
13 marzo 2008
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
Catalogado en:


En el fondo verdadero de todos los asuntos políticos y las discusiones que en ellos se dan, está el gran dilema —es el de qué colocar primero, a la igualdad o a la libertad. Mi respuesta es directa, la libertad debe ser la prioridad, por encima de la igualdad. Estoy seguro de que no convenceré a quienes opinan lo opuesto, pero sí creo poder dar una defensa breve de mi postura.

Me deshago de entrada de las opiniones medias que dirían que ambas cosas, libertad e igualdad pueden estar en un mismo nivel de prioridad —no lo pueden estar, es imposible y debe tomarse partido. Hay más razón en quienes dicen que la igualdad es primero, que quienes dicen que ambas valen lo mismo.

Las personas tienen capacidad de razonar, es decir, de elegir —retirando la libertad se ataca a la razón humana. La libertad, además, es una oportunidad de ser uno mismo, de expresarse y ser feliz en la definición que uno ha hecho, no la que otro impone. En los errores y excesos que inevitablemente acarrea la libertad hay más sensación de lo humano, que en las visiones de una sociedad igualitaria en la que todos se comportan igual.

La libertad es, por necesidad, una base de la moral —sin libertad no hay méritos posibles, ni responsabilidad, ni aprendizaje.

Puede argumentarse, con amplias razones que la esencia humana es la misma en todas las personas —y ella es una esencia de igualmente libres, que allí se detiene: hay grandes y enormes diferencias en los humanos, que deben ser respetadas. Los humanos difieren en habilidades, talentos y gustos, que son enriquecedores para todos. Bajo la ley todos son iguales y así debe ser, pero la ley no debe estandarizar a las personas —un punto que no es usualmente tratado.

La ley se aplica a todos por igual porque todos tienen las mismas libertades y son, por tanto, responsables de sus actos, sean quien sea. Pero tratar a todos como iguales no puede significar el tener leyes que los hagan iguales, porque no lo son. La ley se aplica por igual a un atleta que a un artista o a un matemático —pero no puede intentarse que todos sean atletas, o artistas. Si esto se intentara, todos perderían las contribuciones que las diferencias producen.

Quienes persiguen sociedades igualitarias, como la de una sociedad sin clases, sólo tienen una forma de implantar su utopía: anulando la libertad y, por eso mismo, atacando la misma esencia humana. Bajo una sociedad así se dejaría de ser humano.

Por último, algunos de quienes colocan a la igualdad por encima de la libertad lo hacen por una razón —arguyen que existen personas que viven bajo condiciones de miseria y pobreza que no son congruentes con el valor de la persona humana. Tienen razón, esa indeseable situación es cierta. Su error no es ése, sino el del camino que eligen para remediar el problema y que es poner a la igualdad por encima de la libertad.

Es un mal camino por dos razones —primero, ataca a la naturaleza humana misma, a su valor esencial; segundo, eso produce aún más desigualdad. La solución a la pobreza es la libertad, con lo que coincide la experiencia: las sociedades que sistemas de libertad padecen menos pobreza que los países en los que sus habitantes no son libres.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información  para lectores que buscan ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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