Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Oro Que Dios Nos Dio
Selección de ContraPeso.info
29 febrero 2008
Sección: ECOLOGIA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Alejandro Chafuén. Agradecemos al Hispanic American Center for Economic Research (HACER) el amable permiso de publicación. Chafuén es autor de Economía y Etica publicado por RIALP en 1991 y Benedicto XVI y la libertad. La idea central del escrito es poner sentido común en una discusión que puede parecer pequeña, la de la opinión de algunos líderes católicos en El Salvador, opuestos a la actividad minera de metales preciosos. La situación es muy local, pero lo que está dentrás es universal.

Escribo para ofrecer algunas reflexiones con respecto a la sorpresiva posición expresada por algunos líderes de la Iglesia Católica en El Salvador en relación a la actividad minera de metales preciosos por parte del sector privado.

La Iglesia Católica ciertamente no mantiene una tradición de oponerse a la producción y uso de metales preciosos, y es difícil imaginar por qué hoy día se opondría a proyectos de minería y rescate de zonas que respetan el medio ambiente a través del uso de tecnología del más alto nivel, beneficiando a miles de seres humanos. La minería no sólo crea empleos en áreas rurales que carecen de oportunidades de trabajo, sino que además extrae productos minerales únicos, útiles y altamente valorados por la sociedad.

En particular, los metales preciosos oro y plata han sido valorados por el hombre para una amplia variedad de fines artísticos, industriales, monetarios y hasta religiosos. La Iglesia se preocupa de manera profunda por el medio ambiente, pero también promueve la buena moral del uso prudente de los recursos naturales para el beneficio de la humanidad. Éste es el orden natural de nuestra condición.

Aseveraciones de que toda actividad minera de materiales preciosos causa perjuicios inaceptables e irreversibles a la gente y al medio ambiente, no tienen justificación, ya que los costos y beneficios de cada operación minera difieren. La minería y las prácticas de rescate modernas han logrado grandes avances en décadas recientes para proteger el medio ambiente. Un rechazo tajante a toda minería de metales preciosos carece de contexto y debería ser reconsiderado.

Algunos pudieran intentar hacer referencia a la reciente declaración (1 de enero de 2008) del Papa Benedicto XVI en la publicación The Human Family, A Community of Peace, citando una frase de éste que expresa que “nosotros tenemos que preocuparnos por el medio ambiente, por cuanto le ha sido confiado al hombre para cuidarlo y cultivarlo de forma libre y responsable,” pero ellos no deberían omitir las siguientes oraciones contenidas en la misma declaración:

“Los seres humanos, obviamente, tienen un valor supremo con respecto a la creación como un todo. El respeto al medio ambiente no implica el considerar a la naturaleza material o animal más importante que el hombre. Por el contrario, significa no considerar de forma egoísta que la naturaleza está a la completa disposición de nuestros intereses, en vista de que futuras generaciones también tienen el derecho de aprovechar de sus beneficios y mostrar hacia la naturaleza el mismo sentido de libertad responsable que reclamamos para nosotros mismos. Tampoco podemos obviar al pobre, quien en muchos casos está excluido de los bienes de la creación que han sido destinados a todos.”

Los metales preciosos son críticos para muchas de las tecnologías de tipo ambiental apoyadas por ambientalistas que incluyen paneles solares, turbinas de viento, células de energía eficiente, procesamiento de bio-diesel y otras.

Está fuera de duda que el Papa Benedicto no apoya el poner la preservación del medio ambiente sobre la necesidad del hombre de crear empleos y aprovechar los múltiples beneficios de los productos minerales extraídos de la tierra. Por lo tanto, cualquier oposición no calificada contra la minería de metales preciosos no puede ser inferida de manera razonable de las recientes declaraciones del Papa, ni tiene una base fundada en la doctrina y práctica de la Iglesia Católica.

El ambientalista no puede sostener ambos argumentos al igual que aquellos que se oponen de manera personal al aborto pero lo apoyan como una política social general.

La Iglesia Católica incuestionablemente no está opuesta al uso y consumo de metales preciosos. Por el contrario, la instrucción general del Misal Romano, i.e., las instrucciones para la Misa Católica, según han sido aprobadas por la Santa Sede en fecha 17 de marzo de 2003, ordenan de manera expresa el uso de cálices sagrados para la celebración de la Misa, los cuales normalmente están fabricados con metal precioso, preferiblemente oro, tal como se demuestra de la siguiente declaración:

“Dentro de los requisitos para la celebración de la Misa, el cáliz sagrado es referido con un honor especial. Los cálices sagrados deben ser fabricados a partir de un metal precioso. Si se fabrican a partir de un metal oxidable o de un metal menos precioso que el oro, entonces normalmente deben ser dorados por dentro,” Instrucción General (2003), párrafos 327-328.

Esta antigua práctica de la Iglesia que favorece enfáticamente el uso de metales preciosos continúa siendo respetada en todo el planeta. Cada año, miles de nuevos sacerdotes en todo el mundo regularmente reciben el regalo de cálices sagrados que contienen metales preciosos para dar la Misa.

El Vaticano mismo autoriza cada año la acuñación de moneda de oro, incluyendo en el 2007 y 2008, para conmemorar de forma presente el Pontificado del Papa Benedicto XVI. Estas monedas, las cuales están compuestas de oro, están actualmente disponibles para su compra en la página web del Vaticano.

Este hecho demuestra además que la Iglesia Católica bajo el Papa Benedicto XVI no se opone al uso y consumo de metales preciosos. Dado el uso y consumo actual de metales preciosos por la Iglesia en la forma prescrita por el Vaticano, ya sea para la acuñación de moneda como para la fabricación de cálices sagrados y otros propósitos, la Iglesia no puede de forma lógica oponerse a toda extracción de metales preciosos del subsuelo, que es, obviamente, de donde estos materiales últimamente provienen.

Desde los anillos de oro usados por los Arzobispos y Papas, al oro dado a nuestro Señor inmediatamente después de su Nacimiento en la Epifanía, el oro es parte de la historia y tradición de la Iglesia. La Familia Sagrada pudo haber usado el oro para huir de Egipto, pero lo que sea que ellos decidieron, no desdeñaron el don del oro.

Tampoco debería hacerlo El Salvador. El oro es parte de nuestra riqueza natural recibida de la tierra, y está enteramente dentro de los límites de la doctrina de la Iglesia Católica el minar, refinar y usar oro en sociedades Cristianas.

En resumen, las posiciones del Papa Benedicto XVI y de la Iglesia son mucho más próximas a la posición de los promotores de la minería responsable desde el punto de vista ambiental, utilizando principios y prácticas sanas de desarrollo sostenible, que con ambientalistas radicales que abogan una teología post-Cristiana dirigida a suplantar a la Iglesia Católica misma.


ContraPeso.info es un proveedor de información e ideas que buscan explicar la razón de ser de sucesos económicos, políticos y sociales.



1 comentario en “El Oro Que Dios Nos Dio”
  1. Rick Colmenares Dijo:

    Felicidades por tu pagina, muy buena informacion, anteriormente encontre http://cashforgoldco.com
    pero no hay como una buena pagina en espanol. Felicidades por su buen trabajo.





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