Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Problema Es Energía, No Petróleo
Leonardo Girondella Mora
15 abril 2008
Sección: ECONOMIA, FALSEDADES, Sección: Análisis
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En contra de lo que varios medios informaron meses antes, el precio del petróleo sí llegó a un récord histórico hasta marzo de 2008 —el tercer día de ese mes alcanzó ese nivel, que ajustado por inflación corresponde al de 1980. El petróleo se convirtió en noticia y eso produjo varias reacciones que era predecibles.

En México, por ejemplo, hubo alegría nacional —una reacción similar a la del que van a fusilar y le comunican que será muerto con balas de oro y no de plomo. También se dio otra reacción  —buscar un chivo expiatorio y lo fueron las grandes empresas petroleras que llenas de utilidades explotan al mercado por lo que era imperativo la intervención de los gobiernos.

En todas estas reacciones hay un común denominador: en ellas el gobierno desempeña un papel poderoso, pues o es dueño del petróleo o controla a quienes sus propietarios —incluso más de eso, ya que también estimula al uso de las propiedades de otros para competir con el petróleo. Poco o nada se piensa en la otra solución posible y que se aplica en otros muchos mercados, la de dejar que los precios fluctúen espontáneamente.

Un caso ficticio

Los sucesos son una buena oportunidad para saber más —tomo una columna de R. Murphy este propósito. Lo que él argumenta es que la pregunta de que si nos quedaremos sin petróleo es la pregunta equivocada. Incluso en el caso de tener la certeza de que no haya más yacimientos por descubrir y de que todos los existentes sean controlados por un monopolio, no nos quedaremos sin ese recurso repentínamente.

En ese escenario calamitoso de no más yacimientos y una sola empresa monopólica mundial, los precios del petróleo irán subiendo de manera predecible, de acuerdo con la tasa de interés. En ese proceso de precios crecientes, los consumidores irán adaptando sus hábitos para el consumo de un bien que se acaba y los productores tendrán incentivos para la generación de fuentes alternativas de energía. Alterar ese proceso significaría alterar patrones de consumo e incentivos de creación, lo que dañaría a todos.

Volviendo a la realidad

Ese es en un caso hipotético extremo —se sabe que hay más petróleo por descubrir y que mucho de su propiedad está en regiones inestables; que existen varias empresas en competencia, que hay diversos costos de producción y que hay un cártel que maneja volúmenes de producción. La certeza futura del escenario más extremo es mucho menor en la realidad.

Existen yacimientos en varias partes del mundo y ellos tienen diversos costos de extracción, dependiendo de dificultades y profundidades. Lo más lógico es actuar, como dice Murphy, atendiendo los yacimientos existentes con menores costos de extracción para luego ir a yacimientos más difíciles y desarrollar técnicas mejores —que es lo que se ha hecho y para lo que sirven las utilidades. Conforme se desgastan los recursos actuales se abren las oportunidades futuras.

Las reservas probadas en 1944 eran de 51,000 millones —en 2003, de 1.3 billones. Su descubrimiento y explotación no es gratuito. Pero aún así el precio se ha elevado y eso se debe, en parte, a mayor cantidad demandada —la menor pobreza en países como China e India no fue prevista en las inversiones realizadas años antes, lo que está siendo remediado ahora con retraso. Al invertirse las utilidades causarán una mayor oferta y un menor precio, aunque se siguen teniendo riesgos de pronósticos erróneos.

Redefiniendo el problema

La conclusión de Murphy es razonable —el problema no es que el petróleo sea un recurso no renovable, sino que su oferta y su demanda son impredecibles, a lo que añado que la situación se agrava por los largos tiempos, altos riegos y grandes costos de las tareas de explotación. La opinión pública, sin embargo, no comprende esta diferencia pues está acostumbrada a ver al petróleo como un recurso no renovable lo que lleva a pensar que el problema es que se acabará, cuando el problema real es el desconocimiento de su demanda y oferta.

Pero también añado que tampoco se trata de un problema de petróleo, sino uno de energía —es un argumento igual al de hace muchos años en un artículo clásico llamado Marketing Myopia de T. Levitt (PDF) y que criticaba las definiciones estrechas de los negocios, por ejemplo, el pensar en ferrocarriles como tales y olvidar ver que son transportación. Lo que apunto es que ver un problema de petróleo es miope, pues se trata de un problema de energía.

¿Cómo resolver esos problemas? La respuesta estándar está en las reacciones que anoté al principio y que piden la intervención estatal para limitar las utilidades de las empresas petroleras y subsidiar fuentes alternas de energía —lo que es una gran campaña de relaciones públicas de los gobiernos, pero causará menos recursos dedicados a la producción de petróleo y, por lógica, precios más altos a los que de otra manera se tendrían.

En defensa del especulador

La respuesta más adecuada es, por desfortuna, la más vilipendiada —bien resumida en eso de “dejar hacer”: dejar libres a los mercados y aprovechar las acciones de los que quieran especular con los precios del petróleo. Ellos van a dar más estabilidad a los precios que las acciones de los gobiernos.

Todo lo que hago aquí es defender lo que cualquier persona hace en realidad —ella tratará de aprovechar las situaciones de abundancia y precios bajos para beneficiarse en situaciones de escasez y precios altos. El talento está en predecir mejor el futuro que otros.

Murphy usa un ejemplo —el de un especulador, motivado por su propio beneficio que tiene una pieza de información que nadie más conoce: uno de los gobiernos propietarios de petróleo cortará su producción totalmente en un mes. Es decir, en 30 días puede esperarse que el precio se eleve mucho y por eso compra futuros hoy que venderá en más de un mes aliviando en alguna proporción la escasez que entonces se produzca.

Sé que esto es un anatema para muchos, pero al final es cierto —los especuladores tienen una función social que está muy bien oculta detrás de su codicia y hacen el bien sin quererlo: producen precios menos volátiles. Su egoísmo es más beneficioso que el altruismo de los gobernantes.

Uno de los comentarios recibidos en esta página, dentro de una columna que defendía los mercados libres, decía que ellos no son Dios —desde luego que no lo son y no creo que nadie se atreva a afirmar que los mercados libres están exentos de defectos. Una buena prueba de esas fallas está en los precios actuales del petróleo, en buena parte debidos a las fallas en los pronósticos de demanda y que afectaron las inversiones para su oferta.

Sin embargo, a pesar de esas fallas, mi tesis es que los mercados libres, con todo y sus fallas, darán una mejor solución a los problemas de este tipo que el intervencionismo estatal. En realidad, los gobiernos empeorarán los problemas y en este caso desperdiciarán un recurso, que como todos, es limitado.


ContraPeso.info es un proveedor de información e ideas que buscan explicar la razón de ser de sucesos económicos, políticos y sociales.





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