Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Recaudador de Impuestos
Selección de ContraPeso.info
26 junio 2008
Sección: GOBIERNO, Sección: Análisis
Catalogado en: ,


ContraPeso.info presenta un texto de F. Bastiat, un diálogo breve entre un fabricante de vino y el recaudador de impuestos que lo visita para llevarse toneles de vino. La base de la traducción es la realizada por Alex Montero para Fundación Atlas 1853 y a la que se le han hecho pequeños ajustes.

Bastiat tiene la virtud de poner en palabras llanas y simples lo que suele ser tratado con demasiada ceremonia, como en este célebre intercambio de ideas entre Juan Buenhombre, el productor de vino, y el recaudador. Un texto clásico para compartir con otros.

RECAUDADOR: ¿Ha producido usted veinte toneles de vino?

JUAN B: Sí, a fuerza de cuidados y sudor.

RECAUDADOR: Tenga la bondad de entregarme seis de los mejores.

JUAN B: ¡Seis toneles de los veinte! ¡Santo cielo! Usted quiere arruinarme. Y, por favor dígame, ¿en qué se usarán?

RECAUDADOR: El primero será entregado a los acreedores del Estado. Cuando se tienen deudas, lo menos que puede hacerse es pagar los intereses.

JUAN B: ¿Y qué han hecho con el capital?

RECAUDADOR: Esto sería muy largo de contar. Una parte fue puesta hace tiempo en cartuchos que produjeron el más lindo humo del mundo. Otra parte fue al pago de hombres ahora lisiados en tierra extranjera tras haberla devastado. Luego, cuando estos gastos nuestros causaron la invasión de nuestras tierras por parte de nuestros buenos amigos, el enemigo, no quisieron ellos abandonarnos sin llevarse algún dinero, que tuvimos que pedir prestado.

JUAN B: ¿Y qué beneficio saco hoy de ello?

RECAUDADOR: La satisfacción de decir: ¡Que estoy orgulloso de ser francés cuando miro la columna del triunfo!

JUAN B: Y la humillación de dejar a mis herederos una tierra gravada con una renta perpetua. En fin, es necesario pagar lo que se debe, cualquiera que sea el loco uso que se le haya dado. Vaya entonces un tonel, pero ¿los otros cinco?

RECAUDADOR: Es necesario uno para pagar los servicios públicos, la lista civil, los jueces que harán restituir el surco que su vecino quiere apropiarse, los policías que atrapan a los ladrones mientras usted duerme, los obreros que mantienen el camino que lleva al pueblo, el cura que bautiza a sus niños, el instructor que los educa y su servidor que no trabaja por nada.

JUAN B: Se ve justo, servicio por servicio. No hay nada que decir. Yo desearía tanto más arreglarme directamente con mi cura y mi maestro de escuela; pero no insisto en eso; vaya el segundo tonel. Aún estamos lejos de los seis.

RECAUDADOR: ¿Cree usted que sean mucho el tercer y cuarto toneles como su contribución a los gastos del ejército y la marina?

JUAN B: ¡Ay! Es poca cosa, considerando lo que me cuestan ya, porque ellos me han arrebatado dos hijos que amé tiernamente.

RECAUDADOR: Es muy necesario mantener el equilibrio de las fuerzas en Europa.

JUAN B: ¡Ah, Dios mío! El equilibrio será el mismo si se reduce en todas partes las fuerzas en la mitad o en tres cuartos. Conservaríamos nuestros niños y nuestras rentas. No sería necesario más que mutuo entendimiento.

RECAUDADOR: Sí, pero eso es precisamente lo que falta.

JUAN B: Eso es lo que me asombra. Al fin, todos sufrimos por eso.

RECAUDADOR: Es que tú lo has querido así, Juan Buenhombre.

JUAN B: Usted bromea, señor recaudador; ¿es que tengo voz en estos asuntos?

RECAUDADOR: ¿A quién ha elegido usted como diputado?

JUAN B: A un bravo general de la armada, que será mariscal dentro de poco si Dios le presta vida.

RECAUDADOR ¿Y de qué vive el bravo general?

JUAN B: De mis toneles, por lo que imagino.

RECAUDADOR: ¿Y qué sucedería si él votara por la reducción de la armada y de su contribución?

JUAN B: En lugar de ser nombrado mariscal, sería obligado a retirarse.

RECAUDADOR: Comprende ahora que ha sido usted mismo…

JUAN B: Pasemos al quinto tonel, le pido.

RECAUDADOR: Ese va a Argelia.

JUAN B: ¡A Argelia! ¡Y se nos asegura que todos los musulmanes están opuestos al vino, los bárbaros! Yo mismo me he preguntado a menudo si ellos ignoran el Médoc porque son incrédulos o, lo que es más probable, si ellos son incrédulos porque ignoran el Médoc. Además, ¿qué me ofrecen ellos a cambio de este néctar que me ha costado tanto trabajo?

RECAUDADOR: Ninguno. Tampoco esto es destinado a los musulmanes, sino a los buenos cristianos que pasan todos los días en Berbería.

JUAN B: ¿Y qué hacen ellos que pueda serme útil?

RECAUDADOR: Realizar razias y sufrirlas, matar y ser muertos, contraer disentería y regresar a ser tratados, abrir puertos, abrir rutas, construir pueblos y poblarlos de malteses, italianos, españoles y suizos que viven de sus toneles y de otros toneles que vendré a pedirle todavía.

JUAN B: ¡El cielo me ayude! Esto es demasiado. Yo le niego rotundamente mi tonel. Se enviaría a un manicomio a un viñador que hiciera tales locuras. Abrir rutas en las Montañas Atlas, ¡por Dios, cuando no puedo salir de mi casa por falta de caminos! ¡Abrir puertos en Berbería cuando la Garona se llena de arena todos los días! ¡Arrebatarme a los niños que amo para ir a hostigar a los de Argelia y Túnez! ¡Me hacen pagar las casas, semillas y caballos que se entregan a los griegos y a los malteses cuando hay tantos pobres alrededor de nosotros!

RECAUDADOR: ¡Los pobres! Justamente, se deshace el país de esta población sobrante.

JUAN B: De seguro enviando después de ellos el dinero que los mantendría aquí.

RECAUDADOR: Y además usted coloca las bases de un gran imperio para llevar la civilización a Africa y coronar a su patria con inmortal gloria.

JUAN B: Usted es poeta, señor recaudador, pero yo soy viñador y yo me niego.

RECAUDADOR: Considere que, dentro de unos mil años, Usted recuperará sus anticipos centuplicados. Es lo que dicen aquellos que dirigen tal empresa.

JUAN B: Mientras tanto, ellos me piden primero, para adornar los gastos, solo un poco de vino, después dos, después tres ¡y heme aquí gravado por un tonel! Insisto en mi rechazo.

RECAUDADOR: Es demasiado tarde. Su representante en la legislatura ha estipulado para usted la concesión de un tonel.

JUAN B: Es muy cierto. ¡Maldita debilidad! Me parece que dándole mi representación he cometido una imprudencia, porque ¿qué hay de común entre un general de la armada y un viñador?

RECAUDADOR: Usted ve bien que hay alguna cosa en común entre los dos, que no es más que el vino que usted recoge y que él se vota en nombre de usted.

JUAN B: Ríase de mí, lo merezco, señor recaudador. Pero sea razonable, ¡vamos!, déjeme al menos el sexto tonel. He aquí el interés de las deudas pagado, la lista civil abastecida, los servicios públicos asegurados, la guerra en África perpetuada. ¿Qué más quiere?

RECAUDADOR: No regatee conmigo. Faltó decirle sus intenciones al señor general. Mientras tanto, él ha dispuesto de su vendimia.

JUAN B: ¡Maldita reliquia bonapartista! Pero, en fin, ¿qué quiere hacer de este pobre tonel, la flor de mi bodega? Tenga, guste de este vino. ¡Cuán suave es, fuerte, con cuerpo, aterciopelado, escogido!…

RECAUDADOR: ¡Excelente! ¡Delicioso! Será del gusto de M.D., el fabricante de telas.

JUAN B: ¿De M.D., el fabricante? ¿Qué quiere usted decir?

RECAUDADOR: Que él sacará buen partido.

JUAN B: ¿Cómo? ¿Qué pasa? ¡Diablos, no le comprendo!

RECAUDADOR: ¿No sabe usted que M. D. ha fundado una soberbia empresa, muy útil al país, la que, hecho el balance, deja cada año una pérdida considerable?

JUAN B: Lo compadezco de todo corazón. ¿Pero qué puedo yo hacer?

RECAUDADOR: La Cámara ha comprendido que, si esto continuara así, M. D. estaría en la alternativa de operar mejor o de cerrar su fábrica.

JUAN B: ¿Pero qué tienen que ver los malos negocios de M. D. con mi tonel de vino?

RECAUDADOR: La Cámara ha pensado que si ella entregara a M. D. un poco del vino tomado de su sótano, algunos hectolitros de trigo tomados de sus vecinos, algunas monedas de los salarios de los obreros, las pérdidas de M. D. se convertirán en beneficios.

JUAN B: La receta es infalible tanto como ingeniosa. ¡Pero es terriblemente injusta! ¡Qué! ¿M. D. cubrirá las pérdidas con mi vino?

RECAUDADOR: No es precisamente el vino, sino el precio. Es lo que se llama subsidio al incentivo. ¡Pero usted está totalmente asombrado! ¿No ve usted el gran servicio que brinda a la patria?

JUAN B: ¿Quiere decir usted a M. D.?

RECAUDADOR: A la patria. M. D. nos asegura que su industria prospera gracias a este arreglo y así, dice él, que el país se enriquece. Es lo que él repitió estos días en la Cámara de la que es parte.

JUAN B: ¡Es un fraude descarado! ¡Qué! ¡Un incompetente abre una tonta empresa y pierde su capital y él me arrebata bastante vino o trigo para reparar sus pérdidas y reservarse las utilidades, creyendo que esto es una ganancia nacional!

RECAUDADOR: Su diputado lo ha concluido así y a usted no le resta más que entregarme los seis toneles de vino y de vender lo mejor posible los catorce toneles de vino que le dejo.

JUAN B: Es mi trabajo.

RECAUDADOR: Es que, verá usted, sería bien enojoso que usted no los vendiera a un alto precio.

JUAN B: Me encargaré de ello.

RECAUDADOR: Porque hay muchas cosas a las que este precio debe hacer frente.

JUAN B: Lo sé, señor, lo sé.

RECAUDADOR: En primer lugar, si usted compra hierro para renovar sus layas y sus arados, una ley decide que usted le pagará al herrero dos veces más de lo que vale.

JUAN B: Pero esto un asalto en despoblado.

RECAUDADOR: Después, si usted tiene necesidad de aceite, de carne, de tela, de hulla, de lana, de azúcar, cada uno, por ley, le costará el doble de su valor.

JUAN B: ¡Pero es horrible, horroroso, abominable!

RECAUDADOR: Nada logrará con esos lamentos. Usted mismo, por medio de su representante legal…

JUAN B: Deje a mi representante fuera de esto. Cierto, hice una extraña selección. Pero no se me impondrá de nuevo y me haré representar por un buen y franco campesino.

RECAUDADOR: ¡Bah! Reelegirá usted al bravo general.

JUAN B: ¿Yo? ¿Reelegiré al general para repartir mi vino entre africanos y los fabricantes?

RECAUDADOR: Usted lo reelegirá, ya le dije.

JUAN B: Esto es ir demasiado lejos. No lo reelegiré si no lo quiero.

RECAUDADOR: Pero usted querrá y lo reelegirá.

JUAN B: Que él venga aquí e intente ser elegido. Encontrará con quién hablar.

RECAUDADOR: Lo veremos. Adiós. Me llevo sus seis toneles de vino y voy a hacer la repartición como el general lo ha decidido.


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