Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Riesgo de Opinar
Leonardo Girondella Mora
7 mayo 2008
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
Catalogado en: , ,


El pasado 17 de abril fue publicada una columna que merece ser comentada —su tesis es muy representativa de una forma de pensar que es tan desatinada como generalizada.

En Grupo Reforma, el columnista conocido como Catón escribe sus opiniones sobre el celibato de los sacerdotes católicos.

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Iré paso a paso examinando la columna —señalando antes que se dice que es el columnista más leído en México y que su columna, por lo general, consta de una serie de chistes casi siempre con contenido sexual. El título de la columna es “Contra El Celibato”y comienza preguntado,

¿Cuántos chistes podrían narrarse que tienen como protagonistas a curas que pecan -en el mejor de los casos- con mujer?

Sigue narrando lo acostumbrado, chistes que en esta columna fueron los siguientes:

Recordemos el cuento del padre Incapaz, que las hincaba y ¡paz! O el de la forastera que buscaba en el pueblo a un tal Pacorro, pues le habían dicho que era gran amante, y resultó que no era el tal Pacorro, sino el párroco. O aquél de la esposa que no tenía hijos: alguien le dijo que se embarazaría si rezaba 10 avemarías, pero otra señora le aconsejó que mejor fuera con el padre nuestro, pues así había quedado ella embarazada.

A lo que sigue un comentario personal del columnista:

Es infinito el número de historias, imaginarias y verdaderas, de curas que faltan al sexto y al noveno mandamientos. Yo soy católico. Creyente, no practicante. Y soy casado. Practicante, no creyente. Aunque indigno, amo a la Iglesia en cuyo seno nací y en la cual quiero morir.

El razonamiento anterior es merecedor de un breve análisis —el columnista dice que cree en la iglesia católica, pero que no practica sus preceptos. Si alguien cree en lo que sea pero no lo respeta, es indudable que no cree en ello. Es un caso de una salida clisé del tema que se teme y se desea evitar, que lleva a una contradicción.

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De inmediato, el columnista dice que:

Y, sin embargo, hay cosas de mi Iglesia que me duelen. El Papa Benedicto aludió a una de ellas cuando al llegar a Estados Unidos habló de la vergüenza que siente por los casos de pederastia en que han incurrido numerosos sacerdotes de ese país. Dijo el Pontífice que la Iglesia debe pedir perdón a quienes han sido víctimas de esos abusos incalificables, y a sus familiares.

Eso es cierto —pero lo que importa es que sirve introducir la opinión del columnista y que es a la que quiero referirme. Empieza su opinión diciendo que,

Con la osadía que la ignorancia da yo pienso que la Iglesia debería pedir perdón -y no dudo que alguna vez lo pida- a sus sacerdotes y religiosas por haberlos sometido a la inhumana obligación, carente de toda humanidad, del celibato. De esa imposición contra natura, y del recelo con que la clerecía ha visto siempre a la mujer, como ocasión continua de pecado, derivan en buena parte los males que ahora la Iglesia debe lamentar…

Entonces, el columnista establece su posición —es la de otro perdón católico que debe darse, el de pedir a sus ministros ser célibes porque se trata de algo que va contra la naturaleza humana en su opinión. La cosa va aún más allá, según el columnista.

Los casos de mala conducta sexual de los sacerdotes no sólo son debidos al celibato sino a otra cosa —según él, el catolicismo considera a la mujer ocasión de pecado. En resumen, todo se arreglaría dejando de lado el celibato.

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En la siguiente parte, el columnista insiste en su tesis:

… pienso que el celibato religioso es grave error, e injusticia que clama al Cielo, porque a más de ir contra el orden natural, dispuesto por Dios mismo, somete a quienes hacen ese voto a indecibles sacrificios y zozobras, pues nadie puede impunemente contrariar las leyes de la naturaleza.

Queda muy clara su posición hasta ahora al menos —el columnista afirma creer en la iglesia católica, pero no practicarla y respalda la idea de que si los sacerdotes pudieran tener oficialmente relaciones sexuales, se terminarían los problemas de ministros católicos que faltan a esa regla.

¿Se refiere a matrimonios de los sacerdotes o a poder acudir a un burdel? La pobreza de su opinión es enorme en un tema que merece más seriedad que el de ser introducido con chistes de mal gusto.

Sigue con su idea diciendo que,

El celibato religioso no es institución divina; es coacción humana, originada -lo más triste- en preocupaciones que nada tienen que ver con lo espiritual, sino antes bien con cosas puramente materiales, de mero acopio y conservación de la riqueza. El celibato no está ni en las raíces de la Iglesia ni en su esencia.

La afirmación es extraordinaria —el celibato no es un precepto religioso, sino uno originado por el afán de riqueza (los curas casados tendrían más gastos). Todo se trata de algo mezquino que implanta una regla que no es propiamente religiosa.

Es obvio que el columnista ignora que en el catolicismo existe una tradición interpretativa que es parte esencial de ella.

Luego dice que debe hacerse un cambio, el de

… reconciliar a la Iglesia católica con la naturaleza del hombre, para ya no contrariarla ni ejercer violencia sobre ella, pues ahí está en gran medida la fuente de la maldad y de las perversiones que tanto daño han hecho a tantos inocentes, y a la institución misma a lo largo de su historia.

La opinión queda clara —las malas conductas sexuales de los sacerdotes son un problema que podría remediarse permitiéndoles tener relaciones sexuales, sin aclarar nada más y abriendo el camino a cualquier opción.

Hacerlo, además, según el columnista, ayudaría a resolver la declinación de la iglesia católica frente a otras religiones (que me imagino sí permiten que sus ministros tengan relaciones sexuales).

Además, dice que,

Hay escasez de vocaciones. A mi entender eso se debe en buena parte a la obligación de celibato que se impone a quienes sienten el llamado religioso, pero no quieren o no pueden hacer renuncia de su naturaleza humana. A esa naturaleza, que por ser humana es también divina, nadie puede renunciar sin exponerse a grandes sufrimientos, a tremendas tormentas interiores, o a incurrir en claudicación o desviaciones. Por eso, en tratándose del celibato, sueño con el día en que mi Iglesia siga la ley natural, que es ley de Dios, y no el dictado falible de los hombres.

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En resumen, según Catón, la iglesia católica sería más popular, habría más ministros y se terminarían con los abusos sexuales —todo eso si a los ministros católicos se les permitiera acostarse con alguien teniendo permiso oficial de hacerlo.

Peor ataque al celibato es difícil de pensar por las siguientes fallas de juicio:

1. Los abusos sexuales de sacerdotes católicos son reales y vienen de una minoría de ellos —estimada entre el 2 y el 6%. Aún suponiendo porcentajes mayores, el razonamiento del columnista no se justifica, pues la gran mayoría de los ministros respetan el celibato. Sólo aplicaría en caso de cifras casi mayoritarias.

2. Sin duda los abusos sexuales de los ministros católicos y la pobre atención que ha merecido el problema por parte de sus jerarcas lastima a esa religión y hace dudar a sus fieles —pero se trata de la violación de un precepto religioso y no de una cuestión de popularidad.

La religión no es una cuestión de popularidad lograda por la relajación de reglas, de hecho es lo opuesto: el establecimiento de que todo puede hacerse pero que no todo debe hacerse.

3. Conseguir más ministros, concentrándose en elevar su número descuida otro factor, el de la calidad de esos ministros —si relajar los requisitos de los futuros sacerdotes es el secreto absoluto entonces debería plantearse también el relajar todos los demás.

La intención que he tenido al examinar el contenido de esa columna es el mostrar la terrible pobreza de una opinión leída por muchos —no me he preocupado por defender el celibato de los sacerdotes católicos, lo que sería otra historia, sino de mostrar la baja calidad de uno de los ataques que se le hacen.

Si el celibato es examinado al menos debe pedirse que se haga con inteligencia.


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5 Comentarios en “El Riesgo de Opinar”
  1. José Luis Hernández L. Dijo:

    Mas vale tarde…. verdaderamente es un tema delicado, mi pregunta es ¿con que autoridad se siente el Sr. Girondella Mora para criticar a un columnista que ha tenido probada aceptación durante decadas, que igual tiene el valor de hablar de política que de religión, quizas Sr. Leonardo, antes debíamos conocer su curricula. NOTA DEL EDITOR: su crítica se dirige a la autoridad que supone no tiene Girondella para opinar sobre lo escrito por Catón. Esa misma crítica que usa el amable lector podría volverse en su contra y entonces también preguntar qué conocimientos teológicos tiene Catón para escribir esas opiniones. Esta discusión no lleva a nada. Que un columnista haya sido popular no es prueba contundente de razonamientos válidos.

  2. jje Dijo:

    Jamás he leido una columna de Catón. Vaya pobreza intelectual cómo permiten que publique.

  3. Celia Palacios Dijo:

    Don José Luis, no se necesita ninguna autoridad para criticar los escritos de Catón (fíjese que digo los escritos y no a la persona). El señor Catón podrá tener mil años escribiendo, y ser muy simpático, pero en el escrito que Girondella comenta, Catón NO lo hizo bien y así se lo demuestra con armas de razón y de lógica. En este caso, ésas son las armas para combatir los malos escritos y no las llamadas a la autoridad moral.

  4. Celia Palacios Dijo:

    Sólo quiero hacer una aclaración, don José Luis. Es incorrecto su primera apreciación de que “Si alguien cree en lo que sea pero no lo respeta, es indudable que no cree en ello. Es un caso de una salida clisé del tema que se teme y se desea evitar, que lleva a una contradicción.”

    Usted piensa que la Iglesia Católica es un todo homogéneo, monolítico, congruente y consistente. Y no lo es así. La Iglesia Católica es una mezcla heterogénea de personas, ideas, ideologías (sí, hago claro que hay de las dos), fe, personas con fe, personas sin fe, mercantilismo, verdadera convicción, buena fe, mala fe… etc. Hay de todo, como en botica, porque en la Iglesia Católica, como en cualquier otra institución humana, hay de todo, porque hay de todo tipo de seres humanos. Es incorrecto pensar que si se cree en las ideas, se acepta “apagando el juicio crítico”, todo lo demás. Es incorrecto pensar así, porque entonces no se piensa con la razón, sino con comodidad, fácilmente, sin usar la capacidad de raciocinio. Creer en la Iglesia Católica -y según usted, respetarla- no implica creer en toooodo lo que hacen y dicen sus autoridades, ni en todas sus leyes y estatutos.

    Así que Catón, al decir que él sí cree en la Iglesia Católica, pero expresa sus dudas, no quiere decir que no respeta a la institución, sino que se siente calificado para poder hablar con distancia crítica (no con ceguera sentimental).

  5. droctavio Dijo:

    Me atrevo a decir que el examen de lo escrito por Catón es correcto al señalar errores obvios de una tesis superficial y de un remedio sin sentido. Habiendo leído a Catón varios años diría que se trata no de un columnista, sino de un comediante de periódico, cuyo mérito central es el de contar chistes que a veces tienen gracia, pero más veces son vulgares e indignos, especialmente contra la mujer. Los temas del celibato sacerdotal católico merecen menos superficialidad.





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