Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Tesoro Que No Lo Es
Eduardo García Gaspar
26 marzo 2008
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Una nota de El Universal, en México (24 de marzo de 2008), es digna de ser examinada por lo que ella implica. Su encabezado dice, “Ponen precio al tesoro petrolero”. Se refiere a que México tiene, en aguas profundas, petróleo con “valor bruto probable, a 30 años, de entre 850 mil millones de dólares y un billón 500 mil millones de dólares”. Todo de acuerdo con cálculos del gobierno. Y añade que autoridades mexicanas

“prevén que el monto de los jugosos contratos que podrían entregar a empresas privadas, nacionales o extranjeras, irá de los 232 mil millones de dólares a los 409 mil millones de dólares, en el mismo periodo.” Y que, “El beneficio que México tendría, una vez descontados los costos totales de descubrimiento y desarrollo, se calcula entre 618 mil millones de dólares y un billón 91 mil millones de dólares.”

¿No es maravillosa esta forma de hablar? Primero, el petróleo en aguas profundas es un tesoro y segundo, los contratos de explotación serán jugosos. Todo esto hace ver al trabajo humano como un juego en el que se trata de encontrar tesoros, o de tener contratos que sean jugosos. Puede usted tener bajo su casa una mina de oro, o un depósito de petróleo, que nada de eso le servirá hasta que se trabaje e invierta para convertir todo eso en bienes aprovechables.

Creo que el error de esa manera de hablar es el de no entender una cosa básica: el petróleo de nada sirve en sí mismo. Vaya y compre usted un barril de crudo y dígame qué hace con él. Tesoro no es por sí mismo. Y vale por una razón nada más: se usa para satisfacer necesidades. Usted necesita una cerveza en un día de calor, pero esa cerveza necesita haber sido transportada, igual que sus ingredientes transformados en una planta que requiere energía.

La cerveza es la que provocó que el petróleo también tuviera un valor. Más aún, usted fue el que hizo que el petróleo costase, en conjunto con otros muchos millones de personas, como un ama de casa que se la pasa repartiendo y recogiendo niños todo el día. Ella no quiere petróleo, quiere un método de transportación. Ninguno quiere barriles de crudo, sino las cosas que el petróleo hace posibles.

En un día de calor, no creo que muchos prefirieran el tesoro de un vaso de crudo en lugar de una cerveza fría. Y si usted tiene monedas de oro, ellas valen no en sí mismas, sino por las cervezas y el resto de las cosas que pueden comprar. Pregunte usted por la gran prosperidad española que le produjo la plata de América.

Luego está eso de los jugosos contratos, una frase que ignora todo lo que significa riesgo en las inversiones. La frase es muy desafortunada porque connota que toda actividad económica tiene éxito asegurado. Pregúntele a Polaroid y sus fotos. Piense usted en gastar mil millones de dólares en una plataforma que empezará a funcionar dentro de cinco años y dígame si eso es necesariamente jugoso. Puede serlo, pero nadie tiene la seguridad.

Pero hay más, se dice que México tendría beneficios debido a esos contratos. No, hay beneficios para nadie excepto para el dueño de la empresa y Pemex no es de los mexicanos, sino del gobierno mexicano, su burocracia, y de su sindicato. Si usted y yo fuésemos dueños de esa empresa, tendríamos acciones de ella y las podríamos comprar y vender.

La nota a la que he hecho referencia es un ejemplo de la colección de clisés desafortunados que se repiten sin tener idea de lo que significan. En verdad, las palabras pierden con eso significado y sin él, no es sorpresa que las cosas fallen. Es más valiosa en la mano una botella de cerveza que un barril de crudo; los negocios no son todos jugosos ni están asegurados; y Pemex no es de los mexicanos.

Más que ninguna otra, estas inexactitudes son causa de pobreza y de miseria. Son parte de la mentalidad mercantilista, la que considera que cosas como el petróleo son tesoros envidiables. Son parte del populismo, el que ha engañado a millones de mexicanos haciéndoles creer que el inventado tesoro es suyo. Son parte de la ignorancia, la que supone que los negocios no tienen riesgos.

Post Scriptum

El valor del petróleo de Pemex en aguas profundas tiene una sola causa. Vale por las cervezas que satisfacen la sed, por los niños que pueden repartir y muchas otras cosas. En sí mismo, vale cero.

En términos más económicos, estoy hablando de bienes de primer orden, los que usamos y consumimos. Los bienes que sirven para producirlos tienen valor sólo en el sentido de que producen bienes de primer orden. Una semilla de trigo, un tractor, una fábrica de componentes químicos y muchas cosas más, encuentran su razón de ser en cosas tan complicadas de tener como un pan de caja… y valen no en sí mismos, sino por lo que al final producen.

Por eso cuesta tanto un café en Starbucks: al grano de café le han añadido muchas más cosas que en conjunto vende, igual que un gran chef usa ingredientes baratos para producir un platillo caro. Me gustaría que quien esa nota escribió comprase el café, por ejemplo, e hiciera en su casa todo lo demás que ofrece Starbucks para saber de esto.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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