Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Valioso Tema Perdido
Eduardo García Gaspar
20 marzo 2008
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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La situación es curiosa. Antes, hace ya tiempo, era natural que se hablase de religión en cualquier ocasión y los que podían hacerlo eran quienes se consideraban expertos en la materia. El resto de las personas les escuchaban con respeto al menos, aunque muchos de ellos hacían poco caso de lo que se les decía. En cambio ahora, en tiempos de grandes libertades, lo que se ha logrado es que nadie hable de religión.

Es algo que ha podido lograrse sin necesidad de fuerza gubernamental. Es que simplemente se considera de mal gusto hablar de religión. No es políticamente correcto hacerlo. Quien lo hace suele ser visto como un anormal ajeno a los tiempos modernos que están abiertos a la diversidad y la tolerancia… mientras no se trate de temas religiosos. Me parece que el asunto es gracioso en la superficie, pero tiene sus consecuencias serias.

Una religión, la que sea, tiene una poderosa fuerza de cohesión en una sociedad. Es una parte de la cultura y las tradiciones, quizá el ejemplo de los días de fiesta sea el más visible. Pero también, es una poderosa fuerza moral que disminuye las conductas reprobables de las personas. Cuando se pierde la fuerza de la religión, se pierden también esos frenos a las malas acciones y en esa sociedad deberá esperarse un aumento de la criminalidad.

Es decir, en un intento de modernización y apertura y libertad, que es cuando más se necesitan los preceptos morales, una de sus fuentes ha sido anulada en buena proporción. Quizá todo se deba a una exageración de la idea de la tolerancia y la diversidad. En sociedades en las que conviven muchas personas de diferentes religiones se evita hablar de ellas y lo que se consigue es mandarlas al armario haciendo que ellas sean una cuestión personal que cada quien define como se le antoja.

Los tiempos de mayores libertades son paradójicos. Se tiene la libertad de tratar los más escabrosos temas en los medios: nada hay que sea prohibido, ni siquiera el hablar con lujo de detalles de los genitales al mediodía en la radio. Y, sin embargo, tratar de religión es mal visto. Graciosa la paradoja que provoca la libertad de hablar de estimulación sexual temprana, pero no de la Trinidad. No es que esté prohibido, es peor: se considera de mal gusto. La gente bien educada, se presupone, no habla de cosas religiosas.

La libertad religiosa que es causa de orgullo general en una sociedad termina siendo una censura social, no legal. Perder un tema por discutir en nuestras libertades es una pérdida al final de cuentas. Podíamos, por ejemplo, tener prohibido hablar de un tema cualquiera, como los pescados, y eso sería una pérdida que no puede negarse. Retirar cualquier tema de discusión y estudio es una pérdida. Sea cual sea el tema.

Lo que creo es que, al dejar de hablar de religión, de cualquiera, se ha perdido algo importante. Las religiones tratan de temas vitales para los humanos. Ellas explican la razón de nuestra existencia, nuestra vida presente y futura, guían nuestras libertades, justifican nuestro valor. Ponerlas de lado es perder mucho, incluso para los no religiosos. Y, si acaso se habla de religión más o menos en serio, se les ve como curiosidades culturales dignas del National Geographic nada más.

Quizá el punto que tengo sea visto por muchos como irrelevante. Preferiría yo ser atacado con fuerza que ser puesto de lado en este tema. Me parece más sana la postura del que me diga que no cree en religión alguna y que todo es una patraña, que la del que prefiere ser educado y dejar de hablar de estas cuestiones. Tengo más en común con el ateo que con el indiferente.

El indiferente es el que piensa que, primero, el asunto religioso es un tema a evitarse porque hiere susceptibilidades; que es un asunto personal por el que cada quien hace su propia religión de la que no habla con nadie y maneja a su conveniencia. Es la posición cómoda del no pensar y sentirse orgulloso de adorar a la diversidad y a la tolerancia como sus nuevos dioses, políticamente correctos. Hacer esto es perder la oportunidad de la libertad religiosa.

Post Scriptum


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