Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Votante Desilusionado
Eduardo García Gaspar
7 marzo 2008
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todos hemos visto el fenómeno cuando entre amigos hablamos de política en México. Si se conversa con un partidario del PRD, llegará a expresar que los del PAN salieron iguales que los del PRI. Y ya muy en confianza reconocerá que los de su partido también son iguales al resto. Lo mismo con los partidarios del PAN… y del resto de los partidos

Entre quienes no están afiliados a partido alguno esta reacción de desencanto sucede también. Escuché a alguien decir durante la presidencia de Fox que había votado por él para darse cuenta después de que los panistas salieron iguales a los priistas. En un estado gobernado por el PRD, escuché de un par de taxistas lo mismo: los perredistas salieron iguales a los del PRI.

¡Bienvenidos al mundo real! A quien haya votado por el candidato que sea del partido que sea y se haya creado ilusiones de grandes cambios, más le vale despertar del sueño febril. Los gobernantes, se ha dicho, son elegidos por las promesas que hacen durante las campañas electorales y mientras están en el poder ásan el tiempo hablando de las razones por las que no pueden cumplir lo prometido.

Si bien puede haber diferencias ideológicas entre los tres partidos grandes de México, con el PRI y el PAN en un centro variable y el PRD a la izquierda, las diferencias entre los gobernantes son mucho menores. De hecho, me parece, son más las similitudes que las diferencias en los gobernantes, sean del partido que sea. Hay varias causas de esto.

La más obvia es la histórica. Desde los años 30 del siglo pasado en números redondos, el modelo de gobernante fue el del PRI. La educación práctica del gobernante actual viene de modelos de ese partido porque no hubo otros. Y es una educación que no ha sido democrática, al contrario. Consecuentemente el político actual es similar al anterior en todos los partidos: paternalista, centralizador, impositivo, demagogo, populista, sin capacidad de negociar.

La meta del político mexicano, sin importar partido, es la de lograr el poder, que es la misma en todos los países. Pero con una diferencia en México, esa ansia de poder es más marcada aquí que en una democracia más consolidada. Además de la educación pobre en democracia, los gobernantes mexicanos quieren el poder y están dispuestos a todo. Son muy parecidos en esto también.

Más aún, los puestos de gobierno en todas partes, atraen a cierto tipo de personas, generalmente no las mejores. A un gobernante no le son aplicadas las mismas reglas de desempeño que en otras instituciones. Puede cambiar de puesto sin necesidad de otra cosa que tener el padrino adecuado. Y los puestos de gobierno son extraordinariamente atractivos a los deshonestos, pues los sistemas de rendición de cuentas son complicados y poco efectivos.

En pocas palabras, el panorama no es muy atractivo: los gobernantes mexicanos son de baja calidad de desempeño. Creo que aún inferior que en otras partes. Si usted me dice ahora que entonces el problema se solucionaría llevando a gente mejor preparada a los puestos públicos, yo le respondería que espere sentado y trate de atraer a esos puestos a gente que prefiere otros campos de trabajo, mejor pagados, más honestos y con menos problemas de política.

Si alguien me dice que el país estaría mejor si el PRI regresara al poder, o si el PRD estuviera en él, o osi el PAN mantuviera el poder, le contestaría que sería más realista ir a Las Vegas con la esperanza de quebrar a un casino. Otros quizá digan que sería mejor que los empresarios gobernaran, o que lo hicieran los obreros, o el grupo que a alguien se le ocurra. Tampoco va a funcionar, por una razón adicional.

Nadie, ninguna persona, o grupo de ellas, tiene la capacidad de gobernar y hacerlo bien todo el tiempo. Esta es la razón en el fondo por la que tantas personas se desilusionan con quienes han elegido para gobernar. Esta es la razón del sistema democrático que cede el poder a varios gobernantes bajo una regla esencial: nadie puede concentrar todo el poder. Nadie.

Y de esta manera es que una institución necesaria puede operar razonablemente bien. Y es por esto también que el socialismo no funciona: los gobiernos deben tener muy pocas funciones, muy importantes y con poderes fragmentados.


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