grandes ideas

Las dos equivocaciones de los intelectuales. Los errores comunes que son causados por el abuso de la razón y el rechazo a la experiencia acumulada en la realidad diaria. Una explicación de la tracción del intelectual a ilusiones utópicas.

Introducción

El tema es de real fondo: las amenazas a la libertad que provienen de los llamados intelectuales y que, como tales, han cometido dos equivocaciones.

Primero, han exagerado el poder de la razón y por ello, rechazado lo que no entienden. Segundo, se han excedido en sus reclamos de libertad sin limitaciones.

Las consecuencias de ambos errores son graves, implican la destrucción misma de la sociedad. Hayek examina el tema, esos errores de los intelectuales.

La idea fue encontrada en Hayek, Friedrich A. von, The Fatal Conceit: The Errors Of Socialism. Chicago. University of Chicago Press, chapter four, «The Revolt of Instinct and Reason», pp. 48-65.

El abuso de la razón

El capítulo inicia con una crítica. Una crítica al abuso de la razón, lo que ha llevado a interpretaciones equivocadas acerca de la naturaleza y el desarrollo de las instituciones humanas.

Y terminado en la exaltación del fracaso y la incitación a que las personas satisfagan sus deseos primitivos. Es el racionalismo que descarta a la tradición.

Pero también es el racionalismo que sostiene que la mera razón es capaz de construir de la nada un nuevo mundo, una nueva moralidad, un nuevo lenguaje. Todo mejor que lo actual.

Aunque falso, este racionalismo aún domina la mente de científicos, literatos, artistas e intelectuales, siendo esta una de sus equivocaciones.

Llamado a la liberación

Por ejemplo, Rousseau, considerado romántico e irracional, tiene bases profundas racionalistas.

Después de exaltar la noción de que el instinto animal es un mejor camino que la razón y la tradición para la cooperación ordenada, creó la idea de la voluntad general, por la que las personas se vuelven una sola.

Es una de las fatales fuentes de engaño que promete el paraíso si se da rienda suelta a los instintos.

Aunque sin fundamento ni evidencia, esa idea es seductora. Es como una licencia para hacer de lado las contenciones culturales, dando legitimidad a la idea de que la libertad es quitarse de encima lo que en realidad la hace posible.

Es el ataque a la idea de que las reglas son contenciones a conductas y que ellas hacen posible el orden sin el que la persona sería incapaz de lograr sus metas libremente decididas.

El autor describe un medio ambiente en el que la razón es abusada para poner en tela de juicio toda restricción y paradójicamente sin interés por investigar las razones por las que se ha creado el orden actual.

La revuelta hacia un nuevo orden

El énfasis entero está en la creación racional de un orden nuevo, al que están dedicadas disciplinas como la sociología, propuesta para dirigir el desarrollo futuro.

Es una revuelta contra el orden establecido, la propiedad y la moral tradicional, no por parte de cualquiera, sino de pensadores serios de mucho tiempo atrás.

Por el contrario, Hayek sostiene una idea opuesta. La moral, las instituciones de propiedad, libertad y justicia no son una creación meramente racional, sino un producto de la evolución cultural.

Se plantea así el contraste entre el diseño deliberado producido intencionalmente por la razón. Y, por el otro lado, el diseño espontáneo, no consciente, producto de éxitos, fracasos y experiencias acumuladas en el tiempo. Una de las equivocaciones de los intelectuales.

Diseño racional versus diseño espontáneo

El autor señala la influencia del racionalismo, tan grande que en lo general, dice, cuanto más educada es una persona inteligente, ella será no solo racionalista. También sostendrá ideas socialistas, incluso a pesar de que ella no se considere a sí misma socialista.

Cuando más arriba se va con personas inteligentes, más se encuentran intelectuales y más convicciones socialistas se enfrentan.

La sorpresa inicial disminuye cuando uno entiende que las personas inteligentes actúan bajo la idea de sobrevalorar a la razón. Serán más propensas a suponer que el diseño intencional y racional de la sociedad es superior al diseño espontáneo.

Tenderán más a creer que las fallas de la sociedad actual pueden remediarse con el mero uso de la planeación racional. Todo lleva a un clima en el que la planeación central de la economía es vista como la opción natural.

Los intelectuales, como parte de sus equivocaciones, verám con sospecha las normas que no tienen una explicación racional inmediata. Querrán sustituirlas por normas acopladas a su razón. Desecharán lo establecido, o al menos lo verá con sospecha. Pensando que la razón lo es todo, tratarán de llevar al terreno humano la mentalidad de las ciencias físicas.

La idea básica que poseen es creer que todo debe venir de la razón, de intenciones deliberadas, de explicaciones científicas. La tradición y sus instituciones y normas, ante esa mentalidad, resultan escasamente comprensibles.

Pensar así tiene consecuencias que son muy riesgosas para la moral e incluso para la razón misma, dice Hayek. El uso convencional que se hace de la razón lleva a los intelectuales a hacer caso omiso de los límites teóricos de la razón.

Los lleva también a ignorar la realidad de un mundo externo, con información e historia, con ciencias naturales y con ciencias humanas. Y los lleva a entender el origen y las funciones de las normas de la sociedad.

Intelectuales y sus equivocaciones

La critica del autor tiene, por tanto, dos ejes centrales en su crítica.

Diseño racional versus diseño espontáneo

El contraste que hace entre dos maneras de comprender a las personas y cómo viven.

Una es la visión de un diseño intencional, perfectamente racional y deliberado, que es producto de la razón.

Otra es la visión del diseño espontáneo, no intencional, producto de la evolución cultural, de intentos fracasados y exitosos que han llevado a la situación actual.

Abuso de la razón

La realidad de un medio ambiente intelectual que abusa de la razón y comete el error de ignorar esa realidad al enfatizar exclusivamente el uso extremo de la razón.

Por eso desecha todo lo que en un examen superficial no considera razonado y sujeto a pruebas racionales absolutas.

Atención a los intelectuales

No extraña que entonces Hayek ponga atención en los intelectuales. Son a los que ha llamado mercaderes de ideas de segunda mano.

Profesores, periodistas, gente que sin profundidad han sido expuesta a ideas y de las que ellos se consideran representantes para su difusión. Se ven como portadores de pensamientos modernos, moralmente superiores a quienes valoran la tradición.

Ven como su deber el popularizar esas ideas «absorbidas en los corredores de la ciencia», burlándose de paso de todo lo que es convencional.

Uno de los ejemplos de estos intelectuales es H. G. Wells, alguien de gran talento con una obra de calidad y que ha hecho más para propagar la idea socialista de una economía planeada que los autores originales.

Entre otros personajes nombrados están G. B. Chisholm, de la Organización Mundial de la Salud, el que propuso erradicar la noción del bien y del mal por medio de la Psiquiatría.

A. Einstein también con su eslogan socialista de sustituir a la producción por lucro con la producción por uso y la repetición de otras ideas socialistas. Es la idea de una sociedad basada en el diseño científico, como la de B. Russell.

En tiempos actuales las consideraciones de Hayek podrán evocar nombres de literatos, artistas, celebridades y novelistas con las mismas cualidades. Los que popularizan ideas como esas, tratan temas recurrentes. Son comunes denominadores a todas ellas:

Racionalismo. La negación de todo lo que no pueda ser fundado en la experiencia y el razonamiento, deductivo o inductivo.

Empiricismo. La negación de que existe conocimiento en todo lo que no está basado en la experiencia.

Positivismo. La afirmación de que todo conocimiento real es el que puede ser demostrado con fenómenos observables.

Utilitarismo. La aceptación del principio de placer-dolor como el criterio de juicio de lo correcto en una acción.

Los efectos del abuso de la razón

Esas ideas han creado impresiones. Impresiones de que es válido sólo lo que es racionalmente justificable, solo lo que puede ser probado con experimentos observables, solo lo que puede ser sujeto de experiencias, solo lo que puede ser investigado.

Todo lo demás debe ser desechado. Las equivocaciones de los intelectuales surge de esto.

Pensar así lleva al repudio de las reglas morales y tradiciones que están creando nuestra cultura, las que no pueden ser justificadas de la manera en las que pretende ese racionalismo.

Y por ello se llega a la propuesta de una nueva moralidad, diseñada ex-profeso y que contiene una buena dosis socialista. Es el aceptar ideas o presupuestos como ciertos:

  • Es irracional aceptar lo que no puede probarse por métodos científicos o ser probado por métodos de observación.
  • Es irracional lo que uno no comprende.
  • Es irracional seguir un curso de eventos cuyo propósito no está definido por adelantado.
  • Es irracional hacer algo cuyos efectos no son totalmente conocidos previamente, ni pueden ser observables ni vistos como benéficos.

Ninguno de esos presupuestos reconoce que la razón y el conocimiento puede tener límites, ni que en parte la razón podría ser usada para descubrir sus límites.

Ninguno de esos supuestos muestra la menor curiosidad acerca del proceso evolutivo por el que se ha pasado para llegar a la situación actual, ni acerca de las consecuencias que se tendrían en caso de la destrucción del orden presente.

Límites de la libertad

Hay otra idea adicional. La de que las contenciones a la conducta humana que se presentan en una sociedad libre son en realidad frenos a la libertad para expresarse sin limitaciones.

Argumentar contra esa afirmación debe iniciar aceptando lo que es obvio: sí existen reglas que limitan las libertades, pero es sobre eso que descansan los beneficios logrados.

Dice Hayek que virtualmente los beneficios de la civilización son posibles gracias a la aceptación de la carga de la tradición en nuestra conducta. La alternativa a no aceptar esto es la pobreza y la carestía.

La libertad requiere que a la persona se le permita alcanzar sus metas propias, lo que solo es posible delimitando los derechos de cada persona. Es decir, asignado dominios dentro de los cuales cada quien pueda disponer de medios propios para lograr esos objetivos.

Es teniendo algo propio, no importa que sea poco, que puede formarse una personalidad propia y una situación dentro de la que las intenciones personales puedan lograrse.

La confusión ha sido provocada por suponer que lo anterior puede ser logrado sin imponer límites a la libertad. Hayek menciona explícitamente a Voltaire y su «cuando pueda hacer lo que yo quiera, he ahí la libertad» y a Bentham con su idea de que toda ley es un mal.

A Russell y su idea de que la libertad es la ausencia de obstáculos para realizar lo que deseamos. Estas ideas son irreales, porque la libertad individual es imposible si hay libertad absoluta de todos. Ignorar que la libertad tiene límites es una de las equivocaciones de los intelectuales.

La clave es cómo asegurar que cada persona pueda tener la mayor libertad posible. Puede lograrse limitando la libertad de todos, por medio de reglas abstractas, que impidan acciones coercitivas o discriminatorias que invadan el dominio personal.

Se necesita un gobierno que aplique esas reglas abstractas que protegen la esfera personal. Se logra así gran libertad y diversidad, lo que con orden crea la civilización. No produce felicidad, sino la posibilidad de lograrla individualmente.

Preguntar por las decisiones conscientes e intencionales que llevaron a adoptar esas reglas es tan erróneo como preguntar por la razón que llevó al hombre a adoptar su razón.

Enajenación actual

La enajenación de los tiempos modernos, dice el autor, viene de dos fuentes:

Infelicidad

La fuente que afecta principalmente a los intelectuales es la profecía auto-cumplida de infelicidad que siente todo el que vive dentro de un sistema que no puede explicarse del todo en términos racionales.

El resultado es la consideración de gente como Foucault y Habermas que ven una alienación rampante en cualquier sistema cuyo orden se impone a las personas sin su consentimiento explícito. Por definición verán a la civilización como insoportable.

Abundancia

La fuente que afecta a los beneficiarios de la abundancia material, es la persistencia de sentimientos e instintos de solidaridad y de altruismo que sufren los que siguen esas reglas abstractas y convierten en ideas de culpabilidad y conciencia social.

Con menos refinamiento, para resolver la enajenación se proponen ideas de liberación de la carga de la civilización: fuera las ideas de trabajo disciplinado, responsabilidad, aceptación de riesgos, ahorro, honestidad, cumplimiento de promesas.

Quienes defienden esa liberación rompen sin remedio lo que hace posible la civilización, pues en nombre de esa liberación repudian lo que ha hecho posible llegar a donde estamos. El resultado neto de las equivocaciones de los intelectuales.

Lo repudian porque no entienden cómo es que ciertas limitantes a la libertad por medio de reglas legales y morales, hacen posible un mejor y más libre orden del que podría ser alcanzado por medio de un poder central.

Y unas cosas más…

La idea de Hayek es similar a la de Thomas Sowell en Dos visiones políticas, el origen de los desacuerdos, donde propone la existencia de visiones muy diferentes, la Amplia y la Restringida, como explicación de muchas diferencias de opinión.

También es recomendable la idea de C. Murray, La utopía posible es imperfecta y espontánea.

Más sobre el tema de las equivocaciones de los intelectuales.

Ingenuidad del intelectual

Por Eduardo García Gaspar 

Sí, sabemos que hay ideas económicas y políticas malas. Si sabemos que hay y hubo gobernantes malos, déspotas, crueles. ¿Cuál es la razón por la que se les implante de nuevo, por las que se les considere héroes?

Responder a lo anterior, requiere distinguir a dos tipos de personas.

La gente común

Una gran masa de ciudadanos demasiado simples, siempre dispuestos a la llaneza de creer lo que un alguien con autoridad les diga, un profesor o un gobernante.

Esto explica, por ejemplo, el éxito del populismo: la ingenuidad de un número importante de ciudadanos que pecan de inocentes y crédulos. Sin preparación y escasos conocimientos, suelen tomar como ciertas las modas intelectuales, lo repetido en medios, lo frecuente en redes sociales.

Los intelectuales

Pero, la verdad no es infrecuente que los intelectuales cometan las mismas equivocaciones de la gente común. No es excepcional que apoyen a dictadores, que sean socialistas abiertos, que exijan intervencionismo.

Lo mismo que atrae al escasamente educado, también llama al altamente educado porque ambos son muy parecidos en una cosa. 

Los dos, los no educados y los intelectuales, son extraordinariamente cándidos, crédulos e inocentes en lo que se refiere a cuestiones políticas.

Entiendo que personas con escasa educación sean engatusadas con facilidad por un populista que les engaña con promesas irrealizables y bienestar futuro fácil de lograr. Eso se comprende con facilidad.

Pero que la elite de los más preparados también sea engañada por las promesas de mundos futuros ideales, cuesta trabajo entender.

Los más educados, los de la elite intelectual también se tragan el cuento de la existencia de enemigos de los que nos librará el gobierno si se le permite actuar sin limitaciones al gobernante que, creen ellos, tiene metas de una sociedad perfecta diseñada racionalmente.

Total, los intelectuales muy educados e inteligentes son igual de cándidos y simples que los de muy escasa educación. Los dos se tragan con notable inocencia el cuento de las buenas intenciones gubernamentales basado.

Los que no tienen esa candidez son los que conocen el mundo real y padecen en carne propia la realidad de un gobierno lleno de buenas intenciones.

Concluyendo

Las equivocaciones de los intelectuales, es paradójico, son similares a las de las personas de escasa educación. Los intelectuales se equivocan por abusar de la razón y las personas de escasa educación, por no usarla.

Y ambos parecen padecer del déficit de atención histórica amplia, que ignora la necesidad de tomar en cuenta a la realidad acumulada.

[La columna fue actualizada en 2019-10]