Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Es El Optimismo Lo Que Cuenta
Eduardo García Gaspar
16 septiembre 2008
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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Todos hemos oído el reclamo, que viene principalmente por parte de las iglesias. Suelen ellas afirmar que la falta de religiosidad en nuestros tiempos es causa de muchos males que padecemos. Se les escucha, sin mucha atención, porque al fin ellas son partes interesadas en el tema.

Muchos pensarán que si las iglesias se quejan de la falta de sentimientos religiosos en la actualidad, es que ellas desean tener más fieles y con eso, más influencia y poder. No es un argumento que anule el reclamo de las iglesias, porque lo que dicen puede ser perfectamente cierto. La discusión se puede quedar allí y no llegar a nada concreto hasta que se escucha algo sorprendente, la voz de los no religiosos.

Uno de ellos, F. Hayek (1899-1992), un economista célebre, comparte esa idea de lo lamentable que es la pérdida del sentido religioso. Este hombre no fue creyente y supongo que sin mucho error se le podría clasificar como ateo. Y, sin embargo, hace esa observación: el declinar de la influencia cristiana es una de las causas que hacen a los tiempos actuales padecer de desorientación moral e intelectual. No es el único ateo que piensa así.

El tópico establece una asociación causal entre creencias religiosas y conducta moral. Lo que se dice es lo mismo que dijo Tocqueville a mediados del siglo 19: los preceptos religiosos dan un sentido a la libertad entendiendo que aunque todo puede hacerse no todo debe hacerse. Sin ese freno a la libertad absoluta, paradójicamente se deja de ser libre por carecer de dirección esa libertad.

Consecuentemente, podrá especularse que si la religión elevara el número de fieles, la sociedad mejoraría notablemente. A más personas creyendo en la obligación de respetar los mandamientos cristianos, por ejemplo, se reducirían índices de criminalidad, de enfermedades sexuales y demás. Quien cree en el Juicio Final, no hay duda, tenderá a tener una mejor conducta en esta vida.

Creo en verdad que eso será cierto, como un efecto de las creencias religiosas, pero no estará exento de peligros. Las religiones, especialmente el Cristianismo, da un sentido a la vida y una explicación de ella, pero sus interpretaciones terrenales se prestan todas ellas a variaciones enormes que podrán acarrear justificaciones a todo tipo de regímenes sociales, que es de lo que se queja Hayek.

Hay una posibilidad que no debe desecharse para examinar este tema, el de la persona humana y la respuesta a quiénes somos. Las respuestas religiosas a la interrogante son asombrosas y útiles, tanto que no pueden ignorarse. Esto ha sido llamado la antropología de la sociedad: la idea que de nosotros mismos debemos tener para que de ella se deriven las conclusiones lógicas de nuestra conducta.

Si se piensa que las personas son cada una de ellas valiosas por igual, y que tenemos capacidades para pensar, razonar, actuar y prever, las conclusiones serán diferentes a la que tuviera una idea que de la persona contuviera opiniones menos halagadoras. Si se cree que la persona es un accidente biológico se llegará a conclusiones diferentes que si se piensa que ella es una creación divina. Aunque no se crea en Dios, la conclusión se mantiene y fue expresada con cierto cinismo en eso de que “Si Dios no existiera, sería necesario inventarlo”.

El terreno que piso es muy resbaloso por causa de multitud de opiniones prefabricadas y sin sentido, pero creo que mi punto ya debe ser claro: no pueden abandonarse las creencias religiosas sin consecuencias para las personas de una sociedad. Sin esas creencias se pierde la identidad optimista del ser humano, lo que lleva a entenderle como una bestia más sin sentido. La idea de los derechos humanos, por ejemplo, habría sido imposible sin antecedentes cristianos.

En otras palabras, sin una perspectiva religiosa sobre lo que somos, nos volveremos pesimistas sobre nuestro destino y naturaleza. El esfuerzo será sustituido por la pereza y la verdad por la subjetividad. Una visión pesimista de la persona lleva a comprender como inevitables nuestras pasiones e instintos. Es el optimismo inherente a la religión lo que de inmediato tendrá el efecto de vernos como capaces de usar bien a la libertad que es una oportunidad y no una maldición como suele creerse.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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