Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Es un Don Juan, un Casanova
Eduardo García Gaspar
9 enero 2008
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Hay una afición nacional en muchos países y está muy bien ilustrada por una pequeña muestra. El 7 de enero Grupo Imagen reportó en su boletín que,

“Por segunda ocasión, la estatua del ex presidente Vicente Fox fue objeto de agresión en Veracruz… le colocaron una bolsa de basura en la mano que decía ‘Eres un ratero, es dinero robado’… [y] letreros… en los cuales se podía leer: ‘Rata de 2 patas’ o ‘Este burro parado es Vicente Fox, la vergüenza de todo mexicano bien nacido’”.

La extraña afición es una de dos etapas. En la primera, el presidente de un país es elegido obviamente por la mayoría electoral y en la población se generan una serie de grandes expectativas e ilusiones.

En la segunda, al final de su mandato y después, la euforia pasa al otro extremo, el de insultos y acusaciones tan extremas como las ilusiones lo fueron en la etapa inicial. En los EEUU está sucediendo. La segunda etapa se le está aplicando a Bush y la primera se inicia en Obama, Huckabee, McCain, Clinton y el resto.

Es como un enamoramiento apasionado y loco en el comienzo de una relación personal y que termina con un odio emocional e incontrolable.

Si nos remontamos al año 2000, estaríamos en presencia de una población mexicana llena de expectativas e ilusiones, muchas de ellas tan desbordadas como las de un partido de futbol en una final. Recuerdo una noticia en la que se hablaba de gente gritando a Fox “no nos falles”.

Era obvio que muchos habían depositado una fe injustificable en un simple ser humano lleno de defectos como el resto. Siete años después, Fox recibe insultos y acusaciones por parte de muchos que lo alabaron sin condiciones al principio.

Es cierto que Fox y su esposa no entendieron muy bien la posición en la que ellos encontraron al país. Pusieron más atención en ellos que en la coyuntura tan excepcional que se vivía.

Siendo de un temperamento más bien escéptico comenté varias veces en se tiepo que era ridículo poner tantas expectativas en un simple ser humano. Es irreal hacerlo. Ningún ser humano es tan perfecto ni tiene tanto poder.

A lo que voy es a añadir otra cosa. Igual que puede ser criticada con justificación la administración del ex presidente mexicano, también lo puede ser la conducta veleidosa que tuvo buena parte del electorado: los que se fueron a los extremos de las expectativas irreales a los juicios negativos más descabellados.

Lo mismo padecieron en su primera etapa los partidarios extremos de Calderón y López Obrador. Cada uno tenía sus enamorados irrestrictos.

Ambos generaron expectativas más dignas de un arcángel que de un ser humano, pero los resultados futuros presentarán dos situaciones. Una será un Calderón más apegado a la realidad y eso si las cosas resultan muy bien.

Cualquier falla y será tratado sin misericordia. La otra será más complicada: unos lamentarán con desesperación lo mejor que hubiera sido López Obrador como presidente y otros terminarán por entender que el país se salvó de un riesgo grande.

Pero regreso a mi punto, el de una buena parte del electorado que al principio genera expectativas enormes con la elección del nuevo gobernante y al final termina por sufrir una desilusión extrema que lleva a calificaciones negativas tan injustificadas como antes lo fueron las grandes ilusiones. En su efecto neto esto permite aprender un par de lecciones.

  • La primera: conviene no desarrollar expectativas desproporcionadas de ninguno de los candidatos pues no son ellos personas mejores que el resto y en la mayoría de los casos son peores. Ningún gobernante es un ángel de perfección y la mayoría son unos diablos sagaces.
  • La segunda: cuando alguien escuche las promesas de campaña es obvio que lo mejor es ser un gran escéptico. No crea usted todo lo que digan pues más de la mitad serán exageraciones. Si esta lección no se aprende, se correrá el riesgo de elegir a un mentiroso incapaz de hacer lo que ha prometido.

Poniendo todo junto, lo que puede concluirse es que si predomina la primera de las etapas, el electorado será fácil presa de políticos populistas que se eligen con el truco de crear las más grandes expectativas posibles aprovechando esa tendencia del electorado.

Es decir, la afición a desarrollar grandes expectativas en la etapa electoral es una debilidad del electorado que los gobernantes muy bien conocen y aprovechan.

Quizá el paralelo ilustre esto: piense usted en los gobernantes en campaña como Casanova o Don Juan, seres seductores y embaucadores en extremo, muy difíciles de resistir… pero que una vez que han conseguido su meta, usted sale sobrando.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



1 comentario en “Es un Don Juan, un Casanova”
  1. Tormenta Casi Perfecta | Contrapeso




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