Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Escuchemos De Sexo
Eduardo García Gaspar
14 noviembre 2008
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
Catalogado en:


Hace mucho que fue escrita una frase que es muy impresionante.

“Muéstrame a la mujer con la que él duerme y te diré la opinión que tiene de sí mismo… Sólo el hombre que alaba la pureza del amor desposeído del sexo puede ser lo suficientemente depravado como para pensar en el deseo sin amor”.

La idea es más compleja de lo que aparenta. Desde luego, se trata de una crítica al deseo sexual impulsivo e indiscriminado. Es una idea interesante porque además viene de una autora, Ayn Rand, a la que no puede acusarse de moralista, ni religiosa. Es una mentalidad muy diferente a la del que dice que “si sientes placer, hazlo”. Y es un tema de actualidad.

Supongo que estos tiempos sean unos en los que el sexo ha sido exaltado como pocas veces en la historia. Pero lo que me parece único de estos tiempos es que se tengan justificaciones académicas y teóricas de una actividad sexual indiscriminada. Quizá sea Freud el que abrió la puerta principal a esa manera de pensar.

Lo que llama la atención inmediata de Rand es esa parte que dice, “Muéstrame a la mujer con la que él duerme y te diré la opinión que tiene de sí mismo”. Es una forma de decir que las personas debemos pensar que somos dignos, que tenemos valor, que podemos rebajarnos. Es decir, hay una especie de nivel por encima del cual debemos comportarnos y si no lo hacemos, eso sería una rebaja de nuestro valor personal.

Obviamente, la frase aplica a ambos sexos y expresa una manera de averiguar si la persona se comporta a su altura en un terreno sexual. Obviamente habrá otros terrenos, como educación, trabajo, familia y demás. Lo que me parece fascinante es la forma de colocar una idea en tan escasas palabras, señalando que existe un valor personal y humano.

La otra parte de la frase de Rand es más compleja. Dice, “Sólo el hombre que alaba la pureza del amor desposeído del sexo puede ser lo suficientemente depravado para pensar en el deseo sin amor”. En la parte más obvia puede comprenderse una idea que incorpora dos elementos, amor y sexo. De allí saca una conclusión: tener sexo sin que exista amor es una depravación, es decir, una rebaja de la dignidad personal.

La otra parte habla del lado opuesto: el amor tiene un componente sexual. Quizá el punto central sea el de entender que el sexo por el sexo no tiene sentido. No está mal la idea para estos tiempos en los que suele pensarse lo opuesto y creer que el sexo debe ejercerse sin limitación.

Lo de Rand tiene, sin embargo, una debilidad pues no define lo que es el amor entre personas. Y el amor puede ser definido de las maneras más vagas y convenientes, de tal manera que se justifique lo que la persona haga o quiera hacer. Entra aquí en acción otra idea, una de C. S. Lewis y que considera amor a una decisión deliberada y consciente de amar a alguien.

La idea de Lewis define como enamoramiento a la sensación involuntaria y caprichosa de querer a alguien. Eso no es amor, dice, sino enamoramiento y es muy diferente del amor. El enamoramiento es impensado e irreflexivo, pero el amor es intencional y voluntario. La diferencia es fascinante también.

Rand habla de un nivel de dignidad personal debajo del cual es posible caer rebajándonos en el plano sexual. Y Lewis, indirectamente, también habla de una línea de separación entre enamoramiento pasional y decisión de amar. Las dos ideas juntas son constructivas y tienen en común el proponer formas razonables de conducta humana derivadas de la razón y de la dignidad humana.

Eso es lo que me parece constructivo y positivo, el reconocer que el ser humano posee dignidad y valor por sí mismo, y que es una equivocación rebajarnos. Es una diferencia enorme con muchas de las opiniones actuales que parte de un ser humano que no tiene dignidad, ni valor, ni es capaz de tomar decisiones. Es la mentalidad que ve al sexo como una actividad a la que se debe sucumbir sin restricciones.

Al final de cuentas. Si se acepta que hay dignidad en el ser humano, no hay duda de que se acepta que esa dignidad le indica ciertas normas de comportamiento, es decir, limitaciones a su conducta. Tocqueville lo expresó bien al afirmar que hay reglas que indican que mientras sé que hay cosas que puedo hacer, algunas de ellas no las debo hacer.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras