Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Excesos de los Intelectuales
Selección de ContraPeso.info
1 marzo 2008
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: AmaYi
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El tema es de real fondo: las amenazas a la libertad que provienen de los llamados intelectuales y que, como tales, han cometido dos errores. Primero, han exagerado el poder de la razón y por ello, rechazado lo que no entienden. Segundo, se han excedido en sus reclamos de libertad sin limitaciones.

Las consecuencias de ambos errores son graves, implican la destrucción misma de la sociedad. Hayek va al fondo de la cuestión que separa, por un lado, a quienes proponen destruir el orden anterior para construir un arreglo nuevo, absolutamente racional. Y por el otro a quienes ven en la realidad un orden espontáneo que desafía una explicación científica.

Esta carta contiene un resumen de la idea encontrada en Hayek, Friedrich A. von, (1989). The Fatal Conceit : The Errors Of Socialism. Chicago. University of Chicago Press. 0226320685, chapter four, The Revolt of Instinct and Reason, pp. 48-65.

No son conceptos fáciles y suelen ser puestos de lado como irrelevantes, pero explican el fenómeno del clima intelectual y sus consecuencias en el estado de la sociedad (la idea de Hayek es similar a la de Thomas Sowell en Diferencia de Panoramas, donde propone la existencia de visiones muy diferentes, la Amplia y la Restringida, como explicación de muchas diferencias de opinión).

El capítulo inicia con una crítica. Una crítica al abuso de la razón, lo que ha llevado a interpretaciones equivocadas acerca de la naturaleza y el desarrollo de las instituciones humanas, y terminado en la exaltación del fracaso y la incitación a que las personas satisfagan sus deseos primitivos.

Es el racionalismo que descarta a la tradición.

Pero también es el racionalismo que sostiene que la mera razón es capaz de construir de la nada un nuevo mundo, una nueva moralidad, un nuevo lenguaje. Todo mejor que lo actual.

Aunque falso, este racionalismo aún domina la mente de científicos, literatos, artistas e intelectuales.

Cierto que dentro del racionalismo, hay diversas corrientes.

Por ejemplo, Rousseau, considerado romántico e irracional, tiene bases profundas racionalistas: después de exaltar la noción de que el instinto animal es un mejor camino que la razón y la tradición para la cooperación ordenada, creó la idea de la voluntad general, por la que las personas se vuelven una sola.

Es una de las fatales fuentes de engaño que promete el paraíso si se da rienda suelta a los instintos.

Aunque sin fundamento ni evidencia, esa idea es seductora. Es como una licencia para hacer de lado las contenciones culturales, dando legitimidad a la idea de que la libertad es quitarse de encima lo que en realidad la hace posible.

Es el ataque a la idea de que las reglas son contenciones a conductas y que ellas hacen posible el orden sin el que la persona sería incapaz de lograr sus metas libremente decididas.

El autor describe un medio ambiente en el que la razón es abusada para poner en tela de juicio toda restricción y paradójicamente sin interés por investigar las razones por las que se ha creado el orden actual.

El énfasis entero está en la creación racional de un orden nuevo, al que están dedicadas disciplinas como la sociología, propuesta para dirigir el desarrollo futuro.

Es una revuelta contra el orden establecido, la propiedad y la moral tradicional, no por parte de cualquiera, sino de pensadores serios de mucho tiempo atrás. Por el contrario, Hayek sostiene una idea opuesta: la moral, las instituciones de propiedad, libertad y justicia no son una creación meramente racional, sino un producto de la evolución cultural.

Se plantea así el contraste entre el diseño deliberado producido intencionalmente por la razón y, por el otro lado, el diseño espontáneo, no consciente, producto de éxitos, fracasos y experiencias acumuladas en el tiempo.

El autor señala la influencia del racionalismo, tan grande que en lo general, dice, cuanto más educada es una persona inteligente, ella será no sólo racionalista, sino que también sostendrá ideas socialistas; incluso a pesar de que ella no se considere a sí misma socialista.

Cuando más arriba se va con personas inteligentes, más se encuentran intelectuales y más convicciones socialistas se enfrentan.

La sorpresa inicial disminuye cuando uno entiende que las personas inteligentes actúan bajo la idea de sobrevalorar a la razón. Serán más propensas a suponer que el diseño intencional y racional de la sociedad es superior al diseño espontáneo.

Tenderán más a creer que las fallas de la sociedad actual pueden remediarse con el mero uso de la planeación racional. Todo lleva a un clima en el que la planeación central de la economía es vista como la opción natural.

El intelectual verá con sospecha las normas que no tienen una explicación racional inmediata. Querrá sustituirlas por normas acopladas a su razón. Desechará lo establecido, o al menos lo verá con sospecha. Pensando que la razón lo es todo, tratarán de llevar al terreno humano la mentalidad de las ciencias físicas.

La idea básica que poseen es creer que todo debe venir de la razón, de intenciones deliberadas, de explicaciones científicas. La tradición y sus instituciones y normas, ante esa mentalidad, resultan escasamente comprensibles.

Pensar así tiene consecuencias que son muy riesgosas para la moral e incluso para la razón misma, dice Hayek. El uso convencional que se hace de la razón lleva a los intelectuales a hacer caso omiso de los límites teóricos de la razón.

Los lleva también a ignorar la realidad de un mundo externo, con información e historia, con ciencias naturales y con ciencias humanas. Y los lleva a mal entender el origen y las funciones de las normas de la sociedad.

La critica del autor tiene, por tanto, dos ejes centrales.

• El contraste que hace entre dos maneras de comprender a las personas y cómo viven. Una es la visión de un diseño intencional, perfectamente racional y deliberado, que es producto de la razón. Otra es la visión del diseño espontáneo, no intencional, producto de la evolución cultural, de intentos fracasados y exitosos que han llevado a la situación actual.

• La realidad de un medio ambiente intelectual que abusa de la razón y comete el error de ignorar esa realidad al enfatizar exclusivamente el uso extremo de la razón y que por eso desecha todo lo que en un examen superficial no considera razonado y sujeto a pruebas racionales absolutas.

No extraña que entonces Hayek ponga atención en los intelectuales. Son a los que ha llamado mercaderes de ideas de segunda mano.

Profesores, periodistas, gente que sin profundidad han sido expuesta a ideas y de las que ellos se consideran representantes para su difusión. Se ven como portadores de pensamientos modernos, moralmente superiores a quienes valoran la tradición.

Ven como su deber el popularizar esas ideas “absorbidas en los corredores de la ciencia”, burlándose de paso de todo lo que es convencional.

Uno de los ejemplos de estos intelectuales es H. G. Wells, alguien de gran talento con una obra de calidad y que ha hecho más para propagar la idea socialista de una economía planeada que los autores originales.

Entre otros personajes nombrados están G. B. Chisholm, de la Organización Mundial de la Salud, el que propuso erradicar la noción del bien y del mal por medio de la Psiquiatría; A. Einstein también con su eslogan socialista de sustituir a la producción por lucro con la producción por uso y la repetición de otras ideas socialistas. Es la idea de una sociedad basada en el diseño científico, como la de B. Russell.

En tiempos actuales las consideraciones de Hayek podrán evocar nombres de literatos, artistas, celebridades y novelistas con las mismas cualidades. Los que popularizan ideas como ésas, tratan temas recurrentes. Son comunes denominadores a todas ellas:

Racionalismo. La negación de todo lo que no pueda ser fundado en la experiencia y el razonamiento, deductivo o inductivo.

Empiricismo. La negación de que existe conocimiento en todo lo que no está basado en la experiencia.

Positivismo. La afirmación de que todo conocimiento real es el que puede ser demostrado con fenómenos observables.

Utilitarismo. La aceptación del principio de placer-dolor como el criterio de juicio de lo correcto en una acción.

Esas ideas han creado impresiones. Impresiones de que es válido sólo lo que es racionalmente justificable, sólo lo que puede ser probado con experimentos observables, sólo lo que puede ser sujeto de experiencias, sólo lo que puede ser investigado. Todo lo demás debe ser desechado.

Pensar así lleva al repudio de las reglas morales y tradiciones que están creando nuestra cultura, las que no pueden ser justificadas de la manera en las que pretende ese racionalismo. Y por ello se llega a la propuesta de una nueva moralidad, diseñada ex-profeso y que contiene una buena dosis socialista. Es el aceptar ideas o presupuestos como ciertos:

• Es irracional aceptar lo que no puede probarse por métodos científicos o ser probado por métodos de observación.

• Es irracional lo que uno no comprende.

• Es irracional seguir un curso de eventos cuyo propósito no está definido por adelantado.

• Es irracional hacer algo cuyos efectos no son totalmente conocidos previamente, ni pueden ser observables ni vistos como benéficos.

Ninguno de esos presupuestos reconoce que la razón y el conocimiento puede tener límites, ni que en parte la razón podría ser usada para descubrir sus límites.

Ninguno de esos supuestos muestra la menor curiosidad acerca del proceso evolutivo por el que se ha pasado para llegar a la situación actual, ni acerca de las consecuencias que se tendrían en caso de la destrucción del orden presente.

Hay otra idea adicional. La de que las contenciones a la conducta humana que se presentan en una sociedad libre son en realidad frenos a la libertad para expresarsesin limitaciones. Argumentar contra esa afirmación debe iniciar aceptando lo que es obvio: sí existen reglas que limitan las libertades, pero es sobre eso que descansan los beneficios logrados.

Dice Hayek que virtualmente los beneficios de la civilización son posibles gracias a la aceptación de la carga de la tradición en nuestra conducta. La alternativa a no aceptar esto es la pobreza y la carestía.

La libertad requiere que a la persona se le permita alcanzar sus metas propias, lo que sólo es posible delimitando los derechos de cada persona, es decir, asignado dominios dentro de los cuales cada quien pueda disponer de medios propios para lograr esos objetivos.

Es teniendo algo propio, no importa que sea poco, que puede formarse una personalidad propia y una situación dentro de la que las intenciones personales puedan lograrse.

La confusión ha sido provocada por suponer que lo anterior puede ser logrado sin imponer límites a la libertad. Hayek menciona explícitamente a Voltaire y su “cuando pueda hacer lo que yo quiera, he ahí la libertad” y a Bentham con su idea de que toda ley es un mal.

A Russell y su idea de que la libertad es la ausencia de obstáculos para realizar lo que deseamos. Estas ideas son irreales, porque la libertad individual es imposible si hay libertad absoluta de todos.

La clave es cómo asegurar que cada persona pueda tener la mayor libertad posible. Puede lograrse limitando la libertad de todos, por medio de reglas abstractas, que impidan acciones coercitivas o discriminatorias que invadan el dominio personal.

Se necesita un gobierno que aplique esas reglas abstractas que protegen la esfera personal. Se logra así gran libertad y diversidad, lo que con orden crea la civilización. No produce felicidad, sino la posibilidad de lograrla individualmente.

Preguntar por las decisiones conscientes e intencionales que llevaron a adoptar esas reglas es tan erróneo como preguntar por la razón que llevó al hombre a adoptar su razón.

La enajenación de los tiempos modernos, dice el autor, viene de dos fuentes:

• La que afecta principalmente a los intelectuales, es la profecía auto-cumplida de infelicidad que siente todo el que vive dentro de un sistema que no puede explicarse del todo en términos racionales.

El resultado es la consideración de gente como Foucault y Habermas que ven una alienación rampante en cualquier sistema cuyo orden se impone a las personas sin su consentimiento explícito. Por definición verán a la civilización como insoportable.

• La que afecta a los beneficiarios de la abundancia material, es la persistencia de sentimientos e instintos de solidaridad y de altruismo que sufren los que siguen esas reglas abstractas y convierten en ideas de culpabilidad y conciencia social.

Con menos refinamiento, para resolver la enajenación se proponen ideas de liberación de la carga de la civilización: fuera las ideas de trabajo disciplinado, responsabilidad, aceptación de riesgos, ahorro, honestidad, cumplimiento de promesas.

Quienes defienden esa liberación rompen sin remedio lo que hace posible la civilización, pues en nombre de esa liberación repudian lo que ha hecho posible llegar a donde estamos. Lo repudian porque no entienden cómo es que ciertas limitantes a la libertad por medio de reglas legales y morales, hacen posible un mejor y más libre orden del que podría ser alcanzado por medio de un poder central.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



2 Comentarios en “Excesos de los Intelectuales”
  1. Contrapeso » La Fantasía Económica de Francia
  2. Contrapeso » Lecciones Económicas Mexicanas




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