Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Excusas Del Terrorismo
Selección de ContraPeso.info
29 octubre 2008
Sección: CRIMEN, Sección: Análisis
Catalogado en:


ContraPeso.info presenta una idea de Eduardo Posada Carbó. Agradecemos a Fundación Ideas Para La Paz, en Colombia, el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es admirable, un análisis del clima intelectual que crea excusas que legitimar actos reprobables.

¿Cuántas veces no hemos escuchado o leído que los terroristas para unos son los luchadores de la libertad para otros? Pues bien, Michael Walzer — profesor de la Universidad de Princeton y eminente filósofo sobre la ética de la guerra—, ha escrito un par de excelentes ensayos donde repudia con lucidez aquel lugar común, reproducidos en su reciente colección, Arguing about war (New Haven y Londres: Yale University Press, 2004).

Walzer se ubica a la izquierda del espectro ideológico. Sus textos más conocidos son quizá aquellos en los que revalorizó la teoría de la guerra justa, sobre la que vuelve a reflexionar en este nuevo libro, al lado de otros escritos donde se incluyen temas afines, como el conflicto del Oriente Medio, los dilemas para la comunidad internacional ante situaciones como las de Kosovo, o Irak bajo el régimen de Saddam Hussein.

Son en total doce ensayos, entre los cuales quisiera comentar aquellos donde reflexiona directamente sobre el terrorismo, tanto por su interés general como por su relevancia particular al caso colombiano.

Comencemos por aquella frase que se repite con tanta frecuencia: “los terroristas para unos son los luchadores de la libertad para otros”. Walzer rechaza su validez en forma contundente. De aceptarse, nos dice, no habría nada que hacer para los teóricos o filósofos excepto tomar partido, sin principios que sirvan para guiar la decisión.  Tal postura sería “imposible, ya que sostiene que no podríamos reconocer, condenar y oponernos activamente al asesinato de gente inocente”.

Walzer no niega que el terrorismo pueda ser un concepto controvertido.  Pero recuerda que el lenguaje político está lleno de tales conceptos —como el mismo de democracia. Hasta hace poco Bulgaria se llamaba una “democracia popular” pero sólo los “tontos” — advierte—, se lo creían.

Otros respetables académicos como Geoffrey Best también se han resistido a caer en esa tentación relativista que, frente a la controversia conceptual, sugiere que el terrorismo es indefinible.

Más recientemente, Adam Roberts ha señalado que la palabra terrorismo, como otros términos políticos, puede ser considerada “confusa” y hasta “peligrosa”, pero es de todas formas “indispensable”, ya que existe “un fenómeno real que plantea una seria amenaza”.

Así no exista un consenso sobre su definición, los actos terroristas son claramente identificables. Walzer ofrece además una definición: terrorismo es “el asesinato deliberado de gente inocente, al azar, con el fin de producir temor en la población general y coercionar la voluntad de sus líderes políticos”.

Obsérvese el múltiple blanco del terrorismo: los inocentes — es decir, quienes no tienen condición de combatientes—, claro está, son las víctimas directas; pero sus acciones se dirigen en últimas contra la sociedad entera y los gobiernos que la representan: “matar a estas personas para aterrorizar a aquellas”.

Así, un proporcionalmente pequeño número de muertos les sirve a los terroristas para mantener como rehenes al resto de la población. (Walzer no reflexiona sobre el secuestro, pero sus observaciones son también aplicables a tan abominable crimen).

En esa doble condición — la de atentar contra gente inocente y además irrumpir con terror en la vida cotidiana de la sociedad—, Walzer encuentra “el mal peculiar del terrorismo”. Walzer da por sentado que todo acto de terrorismo es un acto malo en sí mismo.  Como tal, su naturaleza condenable no está bajo discusión.

Sin embargo, el terrorismo se encuentra rodeado de una “cultura política de excusas”, la que no puede darse por sentada y tiene, por consiguiente, que ser rebatida con argumentos.

Pocos defienden y justifican abiertamente al terrorismo.  Vivimos, en cambio — nos dice— , en medio de un ambiente intelectual donde se le excusa con frecuencia. Walzer admite que es mejor vivir bajo ese ambiente de excusas ya que, por lo menos, allí se reconoce al terrorismo como un mal.

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No obstante, nos advierte que se trata de una mejora precaria y difícil de sostener, que no deja de ofrecer apoyo a las organizaciones terroristas, así sea de forma indirecta pero de cualquier manera efectiva. No es suficiente, por lo tanto, reconocer los males del terrorismo.  Este debe ser sí el punto de partida: reconocer su condición de mal en sí.  Walzer nos invita a complementarlo y reforzarlo con una “crítica sistemática de sus excusas”.

Y a éstas van dirigidas sus argumentos. Walzer identifica, por lo menos, cuatro razones que se aducen, una y otra vez, para excusar las acciones de los terroristas.

• La primera, y la “más común”, es que quienes acuden al terrorismo lo hacen como su “último recurso” en búsqueda de sus propósitos.  Es decir, no tendrían otras opciones ni otros medios para luchar por su causa. No es fácil, señala Walzer, llegar a ese “último recurso”: para llegar allí, habría que haber intentado antes “todo (que es un montón de cosas) y no sólo una vez”.  Un partido político, por ejemplo, no podría justificar su eventual decisión de lanzarse a la violencia, sobre la base de haber fracasado electoralmente en sus primeros intentos.  Ni tampoco en los posteriores.

Walzer enfatiza que la política es “el arte de la repetición.  Activistas y ciudadanos aprenden de la experiencia, es decir, de hacer las mismas cosas una y otra vez”. ¿Cuándo, pues, puede decirse que se agotan otros medios antes de recurrir al terrorismo? En realidad, quienes acuden al terrorismo suelen hacerlo no cómo último sino como “primer recurso; están en ello desde el comienzo”.

• La segunda excusa es la que señala al terrorismo como el arma de los débiles, particularmente adjudicada a los movimientos de liberación nacional que luchan contra estados poderosos.  Según Walzer, esta excusa oculta la falta de apoyo popular de tales movimientos que se cobijan bajo el falso reclamo de representar a los oprimidos o al pueblo.

• Walzer rechaza la tercera excusa por ser en verdad una justificación: aquella sugiere que el terrorismo “paga”, que a través de él se consiguen objetivos en nombre de los oprimidos.

• La última excusa simplemente sugiere que “todo en política es terrorismo”, una postura que refleja el cinismo contemporáneo hacia la política, con frecuencia dominante.  Se trata de un cinismo “injusto con las víctimas”.

Hay más excusas: la “opresión”— por ejemplo, contra el pueblo o grupos particulares—, identificada a ratos como la causa del terrorismo.  Walzer descalifica esta razón como otra excusa adicional: “la causa real del terrorismo es la decisión de lanzarse a cometer actos terroristas”.

El orden causal es en realidad inverso: “el terrorismo es una de las principales formas de opresión… donde veamos terrorismo, deberíamos encontrar tiranía y opresión”. Unas y otras, todas esas excusas dependen de visiones del mundo “falsas, argumentos históricos sin evidencias y reclamos morales deshonestos”.

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¿Qué hacer pues frente al terrorismo? La respuesta de Walzer se aleja de cualquier contemplación filosófica.Tras reconocer la imposibilidad de proteger a la población contra los ataques indiscriminados, Walzer advierte que la resistencia contra el terrorismo, para tener efectividad, no puede ser sólo defensiva: tiene que suplementarse con “una combinación de represión y retaliación”.

Lejos de cualquier simplismo, acepta que existen variedades ideológicas y organizacionales entre los terroristas. En consecuencia, la respuesta frente a sus amenazas tiene que adecuarse a sus respectivas condiciones y características.  Pero Walzer es claro en postular que debemos oponernos a toda forma de terrorismo y que tal oposición supone la necesidad de la “guerra”. La palabra “guerra”, aclara, puede ser una metáfora, “pero la guerra real es parte fundamental de esa guerra metafórica”.

Con ello quiere decir que si bien no estamos frente a una guerra convencional, el uso de la fuerza es tan inevitable como justo. La justicia de la respuesta es una de sus consideraciones centrales.  La guerra contra el terrorismo no puede por ello incurrir en sus mismas condenables conductas.

Walzer argumenta en favor de una “respuesta multilateral”, donde se le haga frente al terrorismo de las más diversas formas, tanto preventivas como represivas.  Considera que el trabajo policiaco es prioritario.  Reconoce que tal tarea motiva de inmediato interrogantes sobre nuestras libertades civiles, mientras advierte que tenemos también que pensar en el futuro de nuestras libertades civiles si los terroristas tienen éxito.

A todas estas tareas para combatir el terrorismo — fundamentalmente tareas propias del Estado—, Walzer añade otra que encuentro de particular relevancia: el trabajo ideológico para luchar contra el terrorismo.

Walzer señala con razón que dicho trabajo “no puede ni debe estar organizado por el Estado”. Por su misma naturaleza, debe desarrollarse en libertad para que sea efectivo, bajo “los medios desordenados y difíciles de la democracia”.  Su propuesta en un desafío a “intelectuales seculares y religiosos, académicos, y publicistas” para que deslegitimen esa cultura de la excusas y apologías al terrorismo que ha examinado en sus ensayos.

Me parece importante apreciar la importancia del mensaje de este prestigioso filósofo norteamericano, quien otorga un valor central al papel de las ideas en la lucha contra el terrorismo. Hay que reconocer— como él mismo lo hace— que ese mensaje parecería servir los propósitos de quienes nos dedicamos al oficio de argumentar.

Pero, Michael Walzer también advierte, no por ello deja de ser cierto: “los terroristas dependen de un clima simpatizante — y dicho ambiente es una creación cultural, intelectual y política.  Tenemos que trabajar para transformar ese clima, de tal manera que donde los terroristas vayan, encuentren hostilidad y rechazo”.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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