Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Explicación Cultural del Desarrollo
Eduardo García Gaspar
8 febrero 2008
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Análisis
Catalogado en:


Introducción

Se propone, como filosofía de ContraPeso.info, al Equilibrio del Poder como un principio lógico que explica las causas y razones del bienestar general, el bien común y la felicidad personal; el Equilibrio del Poder es contrario a las ideas políticas que llaman a la concentración del poder que así se corrompe y desvirtúa (Trenchard, John y Gordon, Thomas, Cato´s Letters or Essays on Liberty, Civil and Religious, and Other Important Subjects, Vol. 1, Liberty Fund, 1995).

El Equilibrio del Poder no es un valor a defender, sino sólo una herramienta explicativa que permite entender mejor el funcionamiento de la libertad, la que sí es un valor a defender en sí misma. Esto debe sernos muy claro, pues al igual que la democracia, el Equilibrio del Poder puede ser confundido con el gran valor que debe ser sostenido; esto es un error.

La defensa y promoción de ideas como la de la democracia o el Equilibrio del Poder son en realidad la defensa y promoción del gran valor que esas ideas tienen en su fundamento y que es la libertad. En este ensayo se argumenta que la cultura de una sociedad es quizá la causa que más influye en las probabilidades de prosperidad de un conjunto de personas.

No hay varas mágicas

Lo primero que es necesario hacer es reconocer que el Equilibrio del Poder no es una receta con alguna dosis de magia, que este principio no puede funcionar por sí mismo como si se tratara de un sistema que se instala en una computadora sin nada más que hacer que apretar teclas y botones para hacerlo funcionar esperando una elevación automática del bienestar social.

La imperfección humana basta para demostrarlo. Simplemente no puede esperarse que el Equilibrio del Poder dé resultados allí donde la cultura, la moral y las costumbres sean erróneas. Para explorar este tema con una profundidad mayor, llamaremos Condiciones a la enorme serie de limitantes que tienen los hombres en sus actos dentro de una sociedad y examinaremos el impacto de esas Condiciones en la consecución del bienestar general.

Por ejemplo, una Condición como el machismo tiene consecuencias en el logro del bienestar, pues por ella se hacen difíciles o imposibles las contribuciones de las mujeres a la sociedad; si todo lo demás permaneciera constante, la sociedad machista progresaría menos que otra sociedad en la que la mujer fuera considerada igual al hombre, sencillamente por el hecho de que la suma de las aportaciones individuales sería mayor allí donde la mujer tiene capacidad de contribución.

Podemos aceptar sin problema que en toda sociedad existen como dadas una serie de Condiciones que modulan, limitan y dan sentido a las conductas individuales de sus ciudadanos. Estas Condiciones son un complejo conjunto de leyes, valores, moral, costumbres, religión, usos, prácticas, herencias, que imponen limitaciones en las conductas personales. Estas Condiciones son algo como cultura, una serie de rasgos que hacen diferente a una sociedad de otra, desde el tipo de comida hasta la religión, pasando por el sistema gubernamental y la manera de hacer negocios. Por primitiva que sea, toda sociedad tiene Condiciones y ellas son frenos, limitantes, motivantes y explicaciones de la acción humana en las sociedades. Aceptar que toda sociedad tiene Condiciones implica reconocer varias ideas previas que explican la existencia de esas Condiciones. Examinemos algunas de esas ideas.

Una o más formas de poner orden

Primero, la acción humana tiene tantas opciones y alternativas que requiere de algún sistema que le imponga un orden y un sentido de manera que esa sociedad sea de alguna manera estable en el tiempo; sin Condiciones habría caos y fragilidad, la existencia de esa sociedad sería un imposible cuando cada uno de sus miembros actuara aleatoriamente.

Segundo, algunas de esas Condiciones son más congruentes con el Equilibrio del Poder que otras, es decir, existen Condiciones que están más lógicamente asociadas con la concentración del poder y Condiciones que son más cercanas a la distribución del poder (Harrison, Lawrence E., Underdevelopment is a State of Mind, the Latin American Case, chapter 1, What makes development happen?, Madison Books, 1985, pp. 1-9, 116).

Por ejemplo, en una sociedad se tienen explicaciones sobrenaturales de los sucesos cotidianos, creyendo que los acontecimientos del mundo son obra y razón de fuerzas desconocidas fuera del control y de la razón humanos; allí se cree en la suerte, en la influencia de los astros, en el destino escrito para cada ser humano, lo que da origen al uso de amuletos, a estrictas ceremonias religiosas, incluso a sacrificios de animales y otros actos destinados a atraer la buena suerte. Estas son Condiciones de esa sociedad quizá originadas en la idea central de un ser humano débil y poco poderoso que sólo puede intentar agradas a esas desconocidas fuerzas sobrenaturales que todo lo dominan.

Pero estas Condiciones, además, tienen un impacto en el Equilibrio del Poder, pues muy seguramente una sociedad así tenderá a poseer un gobierno concentrado, formado por quienes dicen poseer la clave y los secretos de esas desconocidas y caprichosas fuerzas sobrenaturales; el resto de los hombres, por estas Condiciones, se sentirán impotentes y débiles, incapaces de hacer contribuciones y aportaciones a la sociedad, que no sean las iniciativas de los gobernantes.

Por el contrario, la sociedad en la que predominen Condiciones que hacen pensar en un mundo real y capaz de ser entendido, tendrá una distribución de poder más homogénea y por eso sus miembros tendrán más posibilidades de hacer mayores contribución que ésos que habitan donde sus actos se creen limitados por fuerzas incomprensibles. Esta creencia en fuerzas sobrenaturales, fuera del control humano, es uno de los muchos ejemplos que pueden darse de las Condiciones que se dan en una sociedad, que alteran el Equilibrio del Poder, y que por consiguiente modifican las probabilidades de bienestar general.

Toda sociedad vive bajo Condiciones, las que sean, y existen Condiciones que son más congruentes con el Equilibrio del Poder que otras. Las Condiciones, por ejemplo, de las sociedades Inca y Azteca fueron notablemente contrarias al principio del Equilibrio del Poder; mientras que las Condiciones de las sociedades europeas del Renacimiento fueron mucho más congruentes con el Equilibrio del Poder.

Existen Condiciones porque los humanos necesitamos un sentido de vida, algo que explique y dé dirección a nuestros actos; no importa qué tan complejo ni qué tan primitivo es ese algo, lo requerimos. Todas esas Condiciones que son leyes, valores, mandamientos, creencias, costumbres, prácticas y usos, tienen en última instancia la función de una brújula. Son algo así como las señales de la dirección del navegante que quiere llegar a puerto y, sin ellas, pierde sin remedio el rumbo.

Las Condiciones de cada sociedad, manifestadas de mil diversas maneras, posiblemente puedan explicarse en algunas pocas creencias que son la fuente de esas manifestaciones. Son también el cúmulo de experiencias acumuladas de generaciones con individuos que hicieron aportaciones infinitesimales a ellas.

Por ejemplo, una sociedad en la que la concepción del mundo es una de resignación y renuncia personal posiblemente cree costumbres como una alimentación de preparación primitiva y vestimentas sencillas; mientras que una sociedad en la que el humano sea visto como un co-creador del mundo posiblemente dé lugar a costumbres arraigadas de comercio y estudio. Esas ideas centrales, de las que quizá muy pocos tengan plena conciencia, son la fuente de la que nacen leyes, normas, usos y costumbres que se alimentan entre sí para arraigarse y, sin intención expresa tener efectos en las posibilidades de bienestar general.

Se mudan y cambian

Pero también hay cambios; las Condiciones no pueden quedar estacionarias excepto quizá en el caso excepcional de una sociedad aislada y con una visión pasiva del mundo. Con mayor o menor frecuencia las Condiciones cambian, mucho más rápidamente en sus detalles que en su visión esencial.

Las modas del vestir y de la música son casos de cambios en lo accidental, mientras que otras cuestiones se modifican con mucho mayor lentitud como la comprensión de un sistema heliocéntrico o de los descubrimientos que llevan a cambios en las ideas; al mismo tiempo que quizá las ideas de alguna escuela filosófica toman mucho tiempo para penetrar en la sociedad, esas mismas ideas tardan en desaparecer. Las ideas de Aristóteles o las de Adam Smith y Marx no pueden explicarse unas sin otras, quizá con visiones comunes a todas en lo esencial, pero manifestaciones diferentes.

Es de simple lógica que en las Condiciones de una sociedad y sus modificaciones en el tiempo existen diversas posibilidades de acomodo del principio del Equilibrio del Poder. Las Condiciones de la URSS durante su existencia son un ejemplo de aquéllas ajenas y contrarias al Equilibrio del Poder; por el contrario las Condiciones de los países de la Unión Europea han sido desde hace siglos mucho más propicias a ese equilibrio, aunque quizá se muevan ahora en dirección opuesta.

Esto tiene una consecuencia natural y obvia cuando se habla de estos temas: es posible que las Condiciones de una sociedad determinada hagan mínima la probabilidad de éxito del Equilibrio del Poder pues sus ciudadanos tienen creencias y costumbres ajenas a las ideas de la libertad personal y los derechos individuales. Sería una tarea inútil tratar de justificar con razonamientos la superioridad de los sistemas democráticos de poderes equilibrados con el nazi ni con el marxista convencidos.

¿Por qué existen Condiciones en todas las sociedades? No hay sociedad que no las tenga de algún modo. Podemos añadir que existen Condiciones porque ellas nos dan estabilidad, al menos a algunos miembros de la sociedad y que conforme más estabilidad den a todos mayor oportunidad de bienestar existe.

Un sistema feudal, por ejemplo, quizá daba cierta estabilidad a los señores y a los nobles, pero sus vasallos padecían la desconfianza de posibles medidas autoritarias; esto sucedió aún en la mayor proporción dentro de las sociedades árabes y orientales de hace 500 años (Kennedy, Paul, The Rise and Fall of the Great Powers, Vintage Books, New York, 1987, chapter 1, The Rise of the Western World, pp. 3-30). Pero en el Occidente fue disminuyendo la incertidumbre y la desconfianza al introducirse los cambios liberales que pusieron límites a los poderes de monarcas y gobernantes (Mill, John Stuart, On Liberty and other Essays, Oxford University Press, 1991, On Liberty, I Introduction, pp. 5- 1).

Hay sociedades que sí y las hay que no

Las Condiciones, por tanto, dan un sentido a la vida pero también pueden producir diferentes niveles de confianza razonable en la vida de las personas. Los súbditos de un despótico rey pueden encontrar una cierta razón de su vida al obedecer los más mínimos caprichos de su monarca representante terrenal de alguna deidad, pero seguramente no sentirán deseos de emprender mejora alguna de sus bienes por miedo a despertar la codicia real; la vida de esos vasallos está justificada por la sumisión pero sus aportaciones son imposibles debido a la desconfianza que produce la oncertidumbre de las últimas ocurrencias de su rey.

Por tanto, las Condiciones más pertinentes al Equilibrio del Poder son las de una confianza, tranquilidad y certeza razonables a todos los miembros de la sociedad. Solamente con esta base es posible tener aportaciones individuales que cada hombre realiza justificando sus beneficios futuros; únicamente sembraré mi huerto donde y cuando creo que podré disfrutar del fruto futuro de mi esfuerzo actual. ¿Dónde preferiremos vivir, en el lugar en el que se respeta la ley o en el sitio en el que el robo y el asesinato son comunes y hasta aceptados?

La respuesta natural es nuestra preferencia por sociedades en las que la seguridad mía y de mis posesiones sea razonable porque allí puedo realizar mi vida, puedo ser feliz. Los seres humanos buscamos estabilidad y confianza.

Uno de los más notables avances de las culturas propicias al Equilibrio del Poder fue la serie de ideas que propusieron limitaciones y frenos a los gobiernos y monarcas autoritarios, con nociones como el respeto a la ley, el nombramiento de representantes populares, la separación de los poderes y otras similares, lo que fue posible donde diferentes religiones y geografías hicieron imposible la concentración excesiva del poder y predominó la idea de la dignidad humana y la responsabilidad individual; y esto generó la posibilidad de contribuciones personales de todos tipos, con incentivos importantes, o al menos sin consecuencias negativas para la persona. Los gobiernos, al menos, no fueron obstáculos para permitir la iniciativa individual, en oposición a culturas en las que un deseo de un gobernante era capaz de detener totalmente a la sociedad (Kennedy, Paul, The Rise and Fall of the Great Powers, Vintage Books, New York, 1987, chapter 1, The Rise of the Western World, pp. 3-30).

Ideas que son herencias

Esas Condiciones de Equilibrio del Poder tienen herencias culturales que permiten libertad de acción al individuo; sus Condiciones, en el tiempo, fueron creando y afirmando ambientes con reglas de comportamiento que son sencillas y pocas en número, afinadas y acomodadas a las nuevas circunstancias de cada generación durante largos períodos (Hazlitt Henry, The Foundations of Morality, University Press of America, 1988).

Estas Condiciones son y dan origen a las leyes, la moral, los mandamientos religiosos y las costumbres, que no pueden tomarse como una cosa terminada, perfectamente formada y definida, capaz de dar contestación a todos los casos y a todas las situaciones. Ninguna serie de Condiciones es la combinación perfecta; siempre estamos rodeados de imperfecciones y oportunidades de mejora sin importar qué arreglo social tengamos. Esta falta de perfección en las Condiciones y el hecho de ser ellas producto de miles de contribuciones durante cientos de años, lleva a conclusiones claras

Primero, hace extremar las sospechas ante quienes pretenden crear y hacer seguir Condiciones radicalmente distintas a las heredadas de tantas y tantas generaciones, pues no puede entenderse que un humano tenga suficiente sabiduría como para echar por la borda esas Condiciones. Por ejemplo, no podría creerse en quien proponga que robar es justificable, ni en quien diga que el bien se alcanza por medio de la violencia o de la guerra contra los infieles, pues miles de años demuestran lo contrario.

Tampoco puede aceptarse la idea de la destrucción del mundo actual para la construcción de otro sistema supuestamente mejor. La experiencia de la humanidad, por medio de las aportaciones de innumerables hombres, ha ido formando esa serie de normas. Filósofos, religiosos, gobernantes, abogados, legisladores y muchos otros, con sus ideas y sus actos, han propuesto esas Condiciones y sus afinaciones, que son medios para la cooperación que permite la consecución de la felicidad personal de los ciudadanos. Desde la amabilidad personal en una reunión social hasta el no robar, ellas son instrumentos destinados a facilitar la consecución de la felicidad personal y el bien común. Los intercambios voluntarios serían imposibles sin esa serie de reglas diversas. Los tratos entre individuos tampoco serían factibles sin ellas.

Segundo, no se trata de Condiciones que puedan cambiar rápidamente en el tiempo, pues los principios básicos permanecen en el fondo, sin quizá mucha conciencia de ello, pero influyendo en las más pequeñas acciones diarias de cada persona. Quien ha sido educado dentro de una cultura en la que la corrupción es un hábito común, tenderá en sus acciones a actuar de manera congruente con esa costumbre, ofrecerá y dará dádivas indebidas que lastimen derechos de otros; para esa persona la creencia en la posibilidad de negociar todo no puede erradicarse en escaso tiempo. Quien crea en el Derecho Divino de algún monarca o piense en la superioridad de una raza o de un segmento social, tenderá a mantener esas figuraciones sin grandes modificaciones repentinas.

Tercero, los humanos en nuestra imperfección debemos interpretar y aplicar esas Condiciones a casos concretos y específicos; los principios más esenciales van gradualmente acomodándose a las circunstancias del día, como si se tratara de una revelación que en pequeñas dosis se nos fuera presentando y de la que somos parte. Como actualmente, cuando el tema de la clonación entra en controversia con el principio de la dignidad humana y su creación Divina, cuestión quizá no diferente a los momentos en los que se creyó que la anestesia no era válida para los partos. Simplemente, podemos equivocarnos en algún momento pero tenemos la oportunidad de corregir mientras exista libertad de acción.

Cuarto, no tiene lógica aceptar principios verdaderamente esenciales que sean cambiantes y que hagan válido en un tiempo robar o en un lugar asesinar, pues ello equivaldría a tener conductas impredecibles en los demás y haría imposibles los tratos entre personas por la desconfianza así generada. ¿Qué persona viajaría a un país en el que el robo es permitido y qué negocios se harían sabiendo que mañana las mentiras estarán autorizadas?

La esencia de los principios proviene de nociones básicas acerca del mundo y la vida, cosas que no pueden ser cambiadas con sencillez ni rapidez; quien cree que los sacrificios humanos son requeridos por las deidades no podrá modificar sus concepciones por mayor insistencia de quien, por el contrario, piense que cada persona es sagrada y única, merecedora de derechos personales.

Consecuentemente, es aceptable la idea de que las Condiciones tienen una influencia fuerte en las posibilidades del logro del bienestar general y que esas Condiciones no son posibles de modificar con rapidez. Esto significa que existen sociedades que por razones que pueden llamarse culturales van a tener mejores niveles de bienestar que otras y que el remedio de esta situación no es uno de corto plazo. La situación, por tanto, puede simplificarse viendo Condiciones que están inclinadas a la concentración del poder y Condiciones que son congruentes con el Equilibrio del Poder. Son éstas últimas las que tenderán a producir más altos niveles de bienestar general simplemente porque estas Condiciones son las que permiten mayores contribuciones de todos.

Lo anterior significa, necesariamente, que unas naciones tendrán mayores niveles de bienestar general que otras y que esta situación se debe en mucho a las Condiciones prevalecientes en cada una de ellas. Donde esas Condiciones den como consecuencia el Equilibrio del Poder habrá más felicidad personal que donde exista lo contrario, la concentración del poder.

Usando otros términos, la cultura es una buena explicación del desarrollo; si las Condiciones de una sociedad no son adecuadas al Equilibrio del Poder ella no progresará tanto como las sociedades en las que las Condiciones sean congruentes con la desconcentración del poder. No es, por tanto, el desarrollo una cuestión de inversiones extranjeras, ni de ayuda internacional, sino un asunto de potencial interno en buena proporción proveniente de Condiciones que son internas y que hacen posible contribuciones personales dentro de un ambiente de razonable certidumbre.

El secreto: fragmentar el poder

Debe ser bastante claro que las Condiciones más propicias al logro del bienestar social son las que conducen a la sociedad a la distribución y reparto del poder entre los ciudadanos; o visto de otra manera, las Condiciones que limitan y controlan la concentración del poder. Con un poder distribuido y equilibrado, cada uno de los miembros de una sociedad está en mejor posibilidad de tener iniciativas y hacer aportaciones a la sociedad, desde abrir una panadería hasta escribir una novela o dedicarse a la vida religiosa.

También debe ser claro que dentro de esa sociedad con Equilibrio del Poder son en extremo necesarias Condiciones que permitan tener confianza y tranquilidad razonables, con lo que las iniciativas personales tendrán más sentido y serán más abundantes. Las fuentes de las Condiciones de una sociedad con Equilibrio del Poder son ideas que parten del concepto central del valor individual de la persona humana. La tesis del Equilibrio del Poder sostiene, por lógica interna, la idea de la dignidad individual, de seres humanos valiosos en si mismos, cada uno en lo personal, cada uno con derechos y obligaciones.

El Equilibrio del Poder necesariamente supone que cada persona tiene capacidades, habilidades y potenciales, realizados o por realizarse, pues no hay otra manera de justificar la distribución del poder entre los miembros de la sociedad. El Equilibrio del Poder necesariamente supone la existencia de reglas basadas en la dignidad individual de cada ser humano y el respeto obligatorio que esa dignidad merece. Ninguna persona, ningún ser humano, es en su esencia diferente a otro; nadie puede ser sacrificado en aras de otro, ni en su persona, ni en sus propiedades.

El Equilibrio del Poder supone a cada persona capaz de soportar la responsabilidad de su libertad, capaz de tomar decisiones propias y de aceptar sus consecuencias, es decir, supone seres dignos e iguales entre sí que deben seguir reglas de respeto a sí mismos y a los demás.

La libertad de iniciativa y acción que posee cada uno de los ciudadanos de una sociedad de poder equilibrado permite actividades de difusión de esas ideas centrales y su desarrollo. Es decir, en una sociedad de ese tipo, llena de iniciativas, es lógico esperar gran cantidad de acciones de difusión de valores e ideas provenientes de iglesias, intelectuales, partidos políticos y organizaciones ciudadanas de toda clase.

Esto es lo que permite a la sociedad, primero, mantener diseminadas entre los ciudadanos las nociones esenciales de sus Condiciones, para reafirmarlas; y, segundo, para mantenerlas vigentes y actualizadas, con nuevas afinaciones y ajustes, hasta con nuevas aportaciones y mejores soluciones de problemas. Esta sociedad dará la bienvenida a nuevas ideas, algunas quizá contrarias a sus ideales, pero sujetas a evaluaciones y correcciones, dentro de ese ambiente de continuas iniciativas.

La persona individual es el centro de todo

Lo que sigue supone que hay un acuerdo, en el sentido de que cada ser humano, el que sea, sin importar sexo, edad, origen, religión, es merecedor de un respeto basado en su dignidad; en términos Cristianos esto significa la creación divina de cada ser, valioso en lo personal y único, irrepetible y sagrado en sí mismo. Sin embargo, no importa la religión profesada, sino su consecuencia, que es ésa, la de entender a cada persona como valiosa por sí misma y con derechos que deben ser respetados por los demás.

Ya que cada persona es valiosa en sí misma, por tanto, es perfectamente lógico y razonable que merezca libertad de acción e iniciativa. Esta creencia es el principio básico de algunas culturas y coincide con las que mayor bienestar general han alcanzado; lo contrario es cierto, las culturas que tienen Condiciones que impiden las contribuciones personales son las de menor bienestar general. Las Condiciones de esa sociedad que parte de la idea de seres humanos valiosos y dignos en sí mismos enfrenta dos tipos de reglas, las que tienen que ver con las relaciones entre esas personas y las que se refieren a las personas en sí mismas.

El trato a los demás

Entremos a las reglas de respeto en nuestras relaciones con otros, dejando para más tarde lo de las reglas de respeto hacia nuestras personas en lo individual. Las Condiciones sociales, sean leyes, preceptos religiosos o cualquier otro tipo de norma, actúan como limitantes en las posibilidades de nuestra conducta con respecto a otros.

Para satisfacer nuestro apetito podemos, entre miles de opciones, acudir a una panadería específica y comprar un pan cualquiera; es moralmente irrelevante la selección de la panadería y también la selección del tipo de pan, lo mismo que la selección de la hora de la compra y el billete válido con el que la hagamos. Pero, hay otra alternativa para hacernos de ese pan, pues podemos entrar a la panadería y robarlo saliendo sin pagar con el pan metido en algún bolsillo. Esta acción es moralmente reprobable pues es un ataque al respeto que debemos a la otra persona que es igualmente digna que el que roba.

Estas son Condiciones que a su vez pueden verse bajo dos perspectivas. Una es la de las acciones que claramente hacen un daño significativo en los demás, como el robo o el asesinato; estos actos son inmorales pues son contrarios a la dignidad de la persona y a la igualdad esencial de los hombres y mujeres. La otra perspectiva es la de daños no significativos, como el de un vecino que una noche hace una fiesta demasiado ruidosa y molesta, o el caso de quien hace llamadas bromistas y molestas a otra casa; los daños de esta conducta son al mismo tiempo menores, y también difíciles de perseguir.

Los casos claros son penalizados por la ley, ésos que el gobierno hace merecedores de penas y castigos específicos, desde el asesinato hasta el desobedecer el reglamento de tránsito. El Equilibrio del Poder requiere esta condición, de manera que las personas de una sociedad sientan y confíen en que las más claras malas conductas representan un alto costo personal, que es lo que canaliza la acción humana hacia vías razonables y al menos sin daños a terceros.

Tal vez pueda esto resumirse en el principio de no hacer a otros lo que no es deseable para ti mismo; si a ti no te gustaría que tus propiedades fueran robadas, ni que tus hijos fueran secuestrados, es lógico que no debes hacer eso mismo a otros. Más aún, esos ataques claros a la dignidad de otras personas son reglas claras de la sociedad de las que el gobierno es responsable, para perseguirlas y castigarlas proporcionalmente al daño causado. La persecución y castigo intentan dos objetivos, la reparación del daño y la elevación del costo del crimen, es decir, un incentivo negativo a los actos de este tipo cuyo efecto es disminuir el número de esas acciones (Friedman, David, Hidden Order, the economics of everyday life, Harper Business, 1996, chapter 20, pp 298- 313).

Las acciones no mayores, difíciles de perseguir sea por un daño pequeño o por el engorro de identificar al culpable, caen en el campo mismo de no hacer a los demás lo que no quieras que te hagan a ti, pero tienen que remitirse por esas razones al criterio personal. Simplemente se tiene que confiar, y a veces soportar, el criterio de quien no tiene gran conciencia de que un radio por la noche puede molestar a los vecinos, o de que una llamada en un teléfono móvil es molesta en un cine, por no mencionar lo obvio de un eructo intencional en una reunión. Si bien es en extremo difícil y quizá indeseable que el gobierno haga algo efectivo en estos casos, la cultura de la sociedad es el factor en el que debe confiarse para ponerles solución.

Son los actos de gravedad y su potencial castigo los que hacen que en la sociedad se inicie un ambiente de confianza y estabilidad, que es un factor determinante para la creación de bienestar general. Están aquí incluidos los actos de la autoridad que el Equilibrio del Poder hace razonables y lógicos, sin abusos de poder, que es otro de los factores que contribuyen a establecer confianza y estabilidad (Maquiavelo, Nicolás, De Principatibus, edición bilingüe, notas, traducción y estudio introductorio de Elisur Arteaga Nava y Laura Trigueros Gaisman, Trillas, 1999, XXI De cómo debe comportarse un príncipe para ser estimado, pp. 293-300).

También hay un lado positivo

Pero no todo es una motivación negativa que evite los actos que dañan a otros, pues también existen reglas sustentadas en la idea de tratar a los demás como uno quisiera ser tratado, lo que constituye un paso importante hacia adelante del principio que sólo establece que no hay que hacer a otros lo que no quisiera sufrir uno mismo.

Las Condiciones también incluyen la conveniencia de acciones de buen trato a otros, como el visitar a los enfermos y el realizar acciones caritativas. Pensemos, por ejemplo, en los donativos voluntarios dados a los damnificados de algún desastre natural y que pueden venir de cualquier parte del mundo; o en lo deseable de acciones de atención a los padres y el tiempo dedicado a los hijos.

La naturaleza de esas acciones es muy diferente a la de las conductas que dañan a los demás; no pueden ser tratadas por igual las acciones de beneficio a otros que los actos que los dañan. Para los actos dañinos claros la intervención gubernamental es forzosa y obligatoria, pero el gobierno no puede intervenir en los actos benéficos a terceros.

Estos actos son propios y voluntarios y en eso radica su mérito; cualquier dosis de obligatoriedad que quite la voluntariedad de esos actos arranca de ellos su valor. Es muy distinto el dar clases a analfabetas sin cobro de sueldo los domingos de manera voluntaria, que el hacer eso mismo amenazado por una pena corporal establecida en alguna disposición gubernamental.

Es decir, la conclusión es transparente en este campo: el gobierno debe intervenir para hacer respetar las reglas sociales que implican un daño en los demás, pero no puede intervenir en asuntos que implican un beneficio a unos y un sacrificio a otros. Esto último es una cuestión personal, voluntaria, que dentro del Equilibrio del Poder es no sólo permitido, sino fomentado al dejar esa responsabilidad a la persona y dejar en libertad la difusión de esos valores de buenas acciones al prójimo.

Las Condiciones de una sociedad pueden llamar a conductas benevolentes que no están contenidas en la ley como reglas obligatorias. Si la ley, emitida por el gobierno, contuviera todos los preceptos morales y éticos deseables en una sociedad para maximizar los niveles de felicidad de todos los ciudadanos, se estaría en presencia de un monopolio moral y el principio del Equilibrio del Poder habría sido roto.

Además, la ley no puede adjudicarse la tarea de lograr la felicidad de los ciudadanos, tan sólo puede ayudar a crear algunas de las Condiciones más propicias para lograrla. No es de manera alguna razonable pedir que la ley llegue al nivel de obligar a los hombres a hacer el bien y debe contentarse únicamente con intentar evitar que hagan el mal, castigándolo cuando se cometa.

La ley obligatoria y general, emitida por el gobierno, debe ser de tal naturaleza que contenga una serie de disposiciones mínimas y necesarias, orientadas hacia la prohibición de los actos de personas que dañan la capacidad de los demás para alcanzar su felicidad personal. La ley está orientada a hacer respetar la pequeña serie de actos sobre los que la sociedad está fácilmente de acuerdo que no deben realizarse.

Si la ley no cubre todas pero hace obligatoria una parte de las reglas morales, el resto de esas normas son creadas y difundidas por personas e instituciones ajenas al gobierno. Es en estas personas e instituciones en las que la sociedad coloca la facultad de promover reglas positivas, normas destinadas a la promoción de conductas loables y deseables, pero voluntarias.

Aquí es donde, por ejemplo, es promovida la conducta del benefactor de sociedades de ayuda al desprotegido, la conducta del que ha seleccionado la carrera de medicina y atiende a personas pobres, que son conductas que la ley no puede premiar ni castigar, pues le son irrelevantes para sus propósitos, pero que deja libres. Son la familia, la iglesia, la escuela, las universidades, los medios de comunicación y las asociaciones voluntarias en donde se deposita la función de fomentar, revisar y comunicar el respeto a acciones deseables, pero no obligatorias, que los ciudadanos deben emprender para beneficio de los integrantes de la sociedad.

No hay oposición entre persona y sociedad

Es obvio que la idea del Equilibrio del Poder tiene su fundamento en hacer posible las contribuciones individuales de los miembros de la sociedad y que bajo esta perspectiva se considera negativa la condición social que impida o evite esas acciones e iniciativas personales.

Visto de otra manera, allí, donde existan Condiciones que hagan posibles las actividades de los miembros de la sociedad se está más inclinado al Equilibrio del Poder y, por tanto, hay mayores probabilidades de bienestar general. El bienestar de algunos países y el retraso de otros puede ser explicado, en parte, con base en los niveles de creación, difusión y respeto de Condiciones cuyo efecto es el de producir situaciones que hacen posible el bien común y la felicidad personal.

Progresará más aquella sociedad en la que predominen las normas morales producto de la experiencia de milenios en la consecución del bienestar y cuyo efecto sea el de la asignación de poder en la persona.

Puede también decirse que dentro de la idea del Equilibrio del Poder no existe la noción de un conflicto esencial o estructural entre la sociedad y sus miembros. Ya que se encuentra más o menos diseminada esa noción de contrariedades naturales entre los intereses de los individuos y los de la sociedad, conviene abundar de nuevo en esto para demostrar su falsedad. El Equilibrio del Poder sostiene que no existe un conflicto entre los intereses individuales de una persona y los de la sociedad.

Primero, porque no puede admitirse una entidad sola llamada sociedad sin la existencia de sus miembros, cada uno de ellos distinto y digno en sí mismo; la sociedad, así en general, es un concepto vago, tanto que resulta difícil aceptar que ella tiene por sí misma intereses que no sean los de la suma de miles de intereses y derechos individuales.

Segundo, porque lo que sí puede existir es una serie de problemas de diversa intensidad entre miembros individuales diferentes de la sociedad; no conflictos con la sociedad en general, pero sí conflictos entre seres humanos que forman esa sociedad. Esta individualización de los problemas es una herramienta de análisis más rica en posibilidades de búsqueda de soluciones pues evita la respuesta obvia del planteamiento más primitivo.

Si alguien se pregunta qué intereses deben predominar, los de un individuo sólo o los de la sociedad entera, la respuesta obvia es la de dar a la razón al mayor número. Esto es un error de razonamiento inducido por un mal planteamiento del problema. Pero sí pueden existir conflictos graves entre miembros de la sociedad, en lo individual o en grupos. Por ejemplo, el fraude refinado realizado por un financiero sin escrúpulos que obtuvo dinero de inversionistas con información engañosa, o incluso la apertura de un negocio dentro de una casa habitación dentro de una zona residencial y que afecta la vida de los vecinos.

Estos conflictos entre los intereses de las personas son parte inevitable de la vida en sociedad y tienen posibilidad de soluciones al ser tratadas como conflictos entre individuos, no entre algún individuo y la sociedad en general.

Es su pobreza de análisis para el encuentro de soluciones lo que hace en extremo primitivos y pueriles los planteamientos que sostienen conflictos inevitables entre grupos sociales vagos y mal definidos; por ejemplo, entre los capitalistas y los proletarios. Nociones como ésta presentan dificultades insuperables que necesitan definiciones precisas de cada grupo involucrado de manera inequívoca y capaz de señalar individuos concretos, determinación exacta de las acciones o actos que serán juzgados e individualización cabal de las relaciones entre ellos, además de leyes que señalen esos delitos o faltas. Si cada ser humano es digno, cada ser humano merece un juicio personal e individual; sólo pueden ser admitidas las culpas colectivas cuando se niega la dignidad del ser humano.

Desde luego, en toda sociedad se presentan conflictos debido a nuestra imperfección natural, y ellos tiene posibilidad de ser solucionados cuando existen reglas claras y sistemas fáciles de justicia, incluyendo la posibilidad de negociaciones entre las partes involucradas. El Equilibrio del Poder da posibilidades iguales a cada persona para defenderse cuando ella es sujeta de ataques a su persona y para actuar cuando ella quiere hacer actos que o son irrelevantes a la ley o bien acciones de beneficio a otros.

Esas normas irrelevantes

Es, desde luego, muy sencillo entender Condiciones sociales que reprueban el daño a las personas, con disposiciones, preceptos y leyes que reprueban y castigan actos como el robo, el fraude, el secuestro y el asesinato; pero no es tan fácil comprender normas de comportamiento que son de apariencia irrelevante, como las costumbres de saludar, ceder el paso a peatones, o llegar puntualmente a una cita.

Es cierto que dentro de las Condiciones de una sociedad existen muchas reglas que en apariencia carecen de una justificación obvia, natural y razonable, al menos ante los ojos de algunas personas. Sin embargo, esta apariencia no debe ser tomada como excusa para desechar esas normas. Ellas han sido el producto de un largo y complicado desarrollo que no puede ser hacerse de lado sin consecuencias.

Desde la convencional y amable redacción introductora y final en una carta de negocios hasta la correcta manera de sentarse en la casa donde uno es invitado, hay normas de apariencia irrelevante, pero que han sido producto espontáneo de la sociedad y que promueven, por poco que sea, la cooperación y la convivencia, con lo que hacen más fácil la consecución de la felicidad personal.

Igualmente irrelevante puede parecer la regla en algunas sociedades de la formalidad en el vestir; ¿qué razón puede darse al uso de la corbata en muchas reuniones de negocios, o el arreglo mayor de las personas que son invitadas a una boda? Ninguna, excepto la del detalle personal que reconoce así el respeto hacia otros que esperan de los demás lo mismo que ellos están haciendo por los otros; presentarse bien vestido a una boda quizá no sea más que una forma de decir que se agradece y respeta la invitación, una especie de buena voluntad manifestada visualmente.

Estas reglas vienen de siglos atrás, de convenciones sociales, de amabilidades personales, de muestras de respeto que hacen un poco mejor nuestra existencia y nuestra convivencia. Este conjunto de reglas no es el producto de un individuo solo que en un momento dado las creó para ser aceptadas por el resto. Son reglas de todos tipos, acumuladas, refinadas, modificadas, rechazadas y aceptadas en el transcurso de miles de años, sin poder señalar a nadie en concreto como su creador. Esto es congruente con el Equilibrio del Poder que enfatiza la idea de un poder repartido y de la posibilidad de contribuciones individuales dentro de un sistema espontáneo de acciones humanas.

Igualmente existen costumbres y hábitos que difícilmente caen en un terreno moral pero tienen repercusiones importantes en las posibilidades de desarrollo. Por ejemplo, la mentalidad que hace difícil confiar en las asociaciones con personas ajenas a la familia, digamos para la fundación de una empresa, necesariamente tendrá un impacto en el tamaño de las empresas de esa sociedad, las que serán más de tipo familiar que corporativo con accionistas múltiples (Fukuyama, Francis, Trust, the social virtues and the creation of prosperity, 1996, Free Press Paperback, chapter 4 Scale and trust, chapter 5, Languages of good and evil, pp. 23-41)

O bien la preferencia en cierto país por carreras profesionales liberales que espontáneamente puede sesgar la actividad empresarial a ciertos grupos y la gubernamental a otros (Sowell, Thomas, Race and Culture A World View, Basic Books, 1994, pp 22-25 y 147-148).

También son éstas Condiciones de la sociedad, aunque sin peso moral pero con efectos en las posibilidades de bienestar general, como los gastos adicionales de abogados que necesitan hacerse en las sociedades en las que existe escasa confianza en terceros y que afectan el costo de los productos producidos.

El reto de los tiempos: del principio al caso concreto

Como un producto humano, las Condiciones no son un conjunto final y terminado de preceptos que prevén todas las situaciones y resuelven todas las dudas. Sí, podemos presumir de conocer los principios centrales de esas reglas, pero nuestra existencia nos obliga a imaginar y probar sus aplicaciones concretas.

No tenemos dudas al respecto de la existencia fija en el tiempo de principios como el no robar y no matar; más aún ninguna duda tenemos de que el respeto a esos principios produce bienestar general, bien común y felicidad personal.

Sabemos con claridad que las sociedades en las que esos principios de respeto a los intereses individuales son razonablemente aplicados nos dan una vida mejor que las sociedades en las que eso no sucede. Esto es nada más la consecuencia clara del entendimiento de la persona humana, cada una de ellas, como seres que en lo individual merecen un tratamiento digno y respetuoso, pues cada una de ellas también tiene la capacidad de acciones y conductas que ayudan a lograr el bienestar general.

Pero esos principios básicos no están resueltos en sus aplicaciones prácticas. Por ejemplo, sabemos que matar es un acto reprobable, pero enfrentamos la controversia del aborto en el que hay personas y grupos que tienen ideas diferentes y opuestas; sabemos que robar es malo, pero los jueces enfrentan a diario situaciones dudosas en los que pueden existir atenuantes de supuestos delitos y a los que tienen que dar solución específica.

Sabemos que la prostitución denigra la dignidad de la persona, pero nos planteamos su posible solución en un mundo imperfecto y con la obligación de dar soluciones humanas que nos eviten problemas mayores, llegando quizá a soluciones que toleran la prostitución como el mal menor (Mandeville, Bernard, The Fable of the Bees, Penguin Classics, London, 1989, pp 117-130).

Sabemos que el consumo de drogas es perjudicial a la persona, contrario a su dignidad, y dañino al resto, pero al plantearnos la solución reconocemos complejidades enormes que llevan a acciones contrapuestas de prohibición o de legalización, sin que haya acuerdos definitivos. E incluso tenemos que enfrentar situaciones nuevas, productos de avances, como la clonación que nos obligan a pensar y a buscar aplicaciones de esos principios básicos a situaciones desconocidas y nuevas.

No tenemos nuestros problemas resueltos en las cuestiones de las Condiciones de la sociedad. De alguna forma experimentamos, como con la Prohibición americana de bebidas alcohólicas. Lo que hace el Equilibrio del Poder es permitir la aportación libre de ideas por parte de todos para la solución de esos problemas, con la gran cualidad de poder dar marcha atrás.

Esa Prohibición fue cancelada, como quizá lo sea la prohibición del consumo de drogas y se resuelvan de alguna manera las controversias respecto a la clonación. El Equilibrio del Poder reconoce que los humanos podemos ayudar a la solución de esos problemas, que tenemos la capacidad y que no existe ser humano alguno que nos dé esas respuestas definitivas y eternas; somos parte activa de la Creación, si es que lo vemos en términos Cristianos, co-creadores también de este mundo, con el deber de hacerlo mejor para todos.

También hay reglas con uno mismo

No sólo existen reglas que norman el trato entre las personas y las instituciones de la sociedad, también hay reglas para el trato a uno mismo. Lo que ha sido tratado en este ensayo es lo referente a las Condiciones de la sociedad; así se ha llamado a toda la serie de valores, creencias, normas, preceptos, costumbres que tiene una sociedad estableciendo que las reglas que parten de la noción de la dignidad del hombre: cada ser humano vale en sí mismo y merece ser libre y receptor de poder.

Por esto es que el Equilibrio del Poder es congruente con la idea de la dignidad humana individual. Resulta lógico que si cada ser es digno en sí mismo existan reglas que lo hagan merecedor de respeto por parte de los demás; éstas son Condiciones destinadas a regir las relaciones entre los seres humanos de una sociedad.

Pero hay otras Condiciones que señalan el trato que un humano se da a sí mismo y en lo que poco o nada pueden interferir los demás. Si yo, por ejemplo, robo el automóvil de mi vecino es muy obvio que mi conducta viola el principio de la dignidad humana pues he afectado a mi vecino en sus propiedades que son una extensión de su persona; sin embargo, no hay afectación a nadie en el caso de que yo dentro de mi casa beba en exceso, coma hasta hartarme o de rienda suelta a los más reprobables vicios personales.

Si haciendo eso no afecto a los demás, poco o nada puede hacerse por la vía de la coerción gubernamental para que yo rectifique el rumbo. ¿Cómo y por qué razón se me puede impedir que coma alimentos cargados de grasa y de sal? Igualmente tampoco puede impedirse que yo gaste en exceso comprando ropa de manera irresponsable, ni que compre billetes de lotería, ni que arriesgue mi patrimonio en negocios demasiado riesgosos.

El punto es dejar claro que existen conductas personales que no afectan los intereses de los demás y que ellos no son sujetos de la acción coercitiva del gobierno. Esas conductas personales pueden o no ser moralmente relevantes; si yo pinto el interior de mi casa con los colores más chillantes posibles eso no afecta los intereses de nadie y es moralmente irrelevante.

Pero si soy un usuario de drogas o bebo en exceso, ése es un acto moralmente reprobable porque con ello atento contra mi dignidad de persona, aunque no afecte a nadie en particular. La autoridad no puede intervenir en mi contra a menos que, por ejemplo, conduzca borracho mi auto, una situación en la que sí estoy afectando potencialmente a otros.

A todos en una sociedad les interesa la salud de sus miembros. Por mucho que las relaciones entre las personas sean saludables y respetuosas, no hay muchas posibilidades de bienestar general si en la sociedad, por ejemplo, todos sus miembros son bebedores en exceso; es obvio que en esa sociedad se padecerá falta de productividad, ausentismo laboral y otras cosas. Aunque ese vicio, realizado dentro de las casas, no afecte a nadie directamente, es obvio que sí tiene un efecto en el resto.

Por esto existen reglas personales que llaman al respeto de la dignidad propia y establecen como reprobables conductas como el beber o comer en exceso, o bien que consideran como virtudes a hábitos como el ahorro, el trabajo y la disciplina personal.

Con esto se reconoce que no sólo debe ponerse atención en las reglas de tratos entre las personas, sino también en las reglas de tratos a uno mismo, pues la salud integral de los miembros de la sociedad es uno de los supuestos de una buena vida en ella (Lewis, C.S., Mere Christianity, Collier Books, MacMillan Publishing Company, 1952, Book III Christian Behaviour, I, The three parts of morality, pp 55-59).

Dada la naturaleza de la acción gubernamental fundamentada en el Equilibrio del Poder, la autoridad no puede entrar a la vida de las personas y regular, por ejemplo, la ingestión alimenticia haciendo ilegal el consumo más allá de cierto límite de algunas grasas, alcoholes o calorías; tampoco puede regular los tiempos de ocio de las personas, ni lo que ellas hacen en esos momentos, ni tener leyes que establezcan límites máximos de compra de ropa dependiendo del ingreso de la familia. Todas estas cuestiones tienen que ser dejadas a la decisión de la persona, que es el terreno en el que entran las reglas que hacen llamados al respeto propio y las virtudes o hábitos sanos.

Dentro de un sistema de Equilibrio del Poder, por tanto, resulta natural la necesidad de instituciones que difundan, recuerden y fomenten estas reglas que crean costumbres y hábitos sanos y de consecuencias positivas para el bienestar general.

Se requiere que, por ejemplo, existan iglesias que exhorten al seguimiento de virtudes que hacen mejores a las personas en lo individual y, por tanto, les dan mayores probabilidades de tener mejores relaciones con otros. La familia, en este sentido, juega un papel principal en la difusión de valores y sanos hábitos de una generación a otra (Friedman Milton y Friedman Rose D., Crime, On Liberty and Drugs, Milton Friedman y Thomas S. Szasz, editores, The Drug Policy Foundation Press, 1992, pp. 37-38).

Las asociaciones ciudadanas de todo tipo son parte también de este esfuerzo de difusión que mantiene vigentes hábitos y costumbres que permiten con mayor facilidad la consecución del bienestar general. Si algún gobierno, por motivo alguno, prohibiera la libre expresión y manifestación de estas instituciones, por ejemplo, asociaciones de padres de familia o alguna iglesia, estaría poniendo un freno a la divulgación de buenos hábitos y eso tendría efectos negativos en el progreso de la sociedad.

Conclusión

Es posible decir que las Condiciones proveen una manera de estructurar la conducta humana de manera que la sociedad funcione. Si se abandonaran esas Condiciones, no sabríamos qué otras seguir. Las reglas que hacen que la sociedad trabaje mejor se mantienen y se propagan al futuro, dentro de un proceso evolutivo en el que siempre se hacen afinaciones (Waldrop, M. Mitchell, Complexity, the emerging new science at the edge of order and chaos, Touchstone Books, 1992, pp. 15-51,145-147, 167, 294, 319).

Son tantas y tantas las opciones de acción y conducta que se nos presentan a los humanos que nuestra vida sería un caos de actividades sin sentido e inconexas si careciéramos de normas de comportamiento; estas normas están contenidas en las Condiciones de cada sociedad y tienen el efecto de limitar el número de acciones permitidas dando un sentido a ellas.

La fuente de esas Condiciones son las ideas más centrales y esenciales de cada sociedad o cultura, de las que se derivan las reglas que limitan la gama de acciones posibles. Si la fuente de esas Condiciones es una serie de ideas que entienden a cada persona como un ser digno en sí mismo, merecedor de respeto y poseedor de derechos que imponen obligaciones en los demás, la sociedad que parte de ese principio es una que permite con más facilidad la aplicación del Equilibrio del Poder; sucedería lo contrario en una sociedad que da escasa o nula importancia a la persona individual.

En la primera, florecerán con facilidad organismos caritativos que son movidos por el interés de socorrer a, por ejemplo, personas afectadas por catástrofes naturales; en la segunda quizá todo lo se hiciera es esperar las órdenes de la autoridad para ver la forma correcta de reaccionar ante la misma catástrofe, con incluso la posibilidad de alegrarse ante el daño de quien es visto como enemigo de esa autoridad.

Para terminar, el Equilibrio del Poder es un principio que engloba en una sola idea, nociones básicas como la división de los poderes gubernamentales, la separación iglesia-estado, la inconveniencia de monopolios, las ventajas de la especialización, la protección del débil y las nociones que contiene el común denominador de la distribución homogénea del poder humano dentro de una sociedad.

El Equilibrio del Poder es una idea que inspira una visión de las causas y las razones del bienestar social, el bien común y la felicidad personal. Un arreglo social con homogeneidad en la distribución del poder producirá más progreso que otro con un poder concentrado.

El Equilibrio del Poder es una noción útil para entender la influencia de variables sociales en su contribución al bienestar de la sociedad y sus miembros. Por ejemplo, ayuda a entender la causa por la que el machismo es nocivo, pues concentra autoridad en un solo sexo y deja al otro sin posibilidad de hacer contribuciones.

Ayuda a entender las posibles formas de fragmentación del poder gubernamental en el tiempo y el espacio. Ayuda a comprender la razón por la que una sociedad donde el fatalismo es rasgo importante progresa menos que otra en la que sus miembros creen poder modificar su destino. Ayuda a entender las razones del fracaso de regímenes estatistas, que impiden a sus ciudadanos hacer contribuciones al bienestar.

Visto de manera sencilla, el Equilibrio del Poder no es más que una visión de la libertad, el valor supremo que nos da la vida. Todo lo que he tratado de hacer en este ensayo es dar razonamientos que demuestran la superioridad de los regímenes basados en la noción de dejar libre a la iniciativa individual.

Nada tan maravilloso puede existir en este mundo que el contemplar la actuación de un individuo con iniciativa y libertad, con poder individual para realizar sus metas, dentro de un sistema de mutua dependencia (Sowell, Thomas, A Conflict of Visions, William Morrow, 1987, p. 137).

No importa que cometa errores, los puede corregir (Tocqueville, Alexis de, La Democracia en América, Aguilar, I, 1988, p. 220). Sus aciertos los mantendrá. Gozará él de sus logros y, sin quererlo ni pensarlo, hará partícipes a los demás de esos frutos personales. Todo sin apelar a motivaciones utópicas, ni a morales idealistas. Todo sustentado en la realidad innegable de una naturaleza humana dual, buena pero capaz de la maldad.

Cada hombre y cada mujer, sin importar su preparación formal o su edad, en realidad o en potencia, tiene talentos y habilidades, posee intuiciones y capacidades, dispone de conocimientos y experiencias que le hacen poderoso. Ese poder de cada individuo es la fuente del bienestar general, el bien común y la felicidad personal.

No importa que algunas de esas manifestaciones de la iniciativa personal puedan aparecer como groseras y vulgares, como bajas y de mal gusto. Siempre habrá la oportunidad de mostrar otras manifestaciones el evadas, benéficas y de buen gusto. No importa que se dé la apariencia primera de una situación desordenada, pues por debajo de ella existe un orden dirigido al progreso espiritual y material.

Por ello, cada hombre y cada mujer debe ser dejados libres dentro de un sistema ordenado de mutua dependencia y alta libertad para alcanzar la felicidad que se han fijado para sí mismos y así realizar contribuciones que ayuden a otros a lograr su felicidad. Dios Nuestro Señor nos creó dándonos una libertad tal que podemos ir contra El. En cada uno de nosotros depositó talentos y habilidades. Necesitamos libertad para usar esos talentos, que serán desperdiciados en la medida que se impida nuestra iniciativa personal.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información  para lectores que buscan explicaciones.




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras