Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Fabuloso: Bajan Aranceles
Eduardo García Gaspar
20 noviembre 2008
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Sucedió hace unos días y es parte de una serie de hechos similares que se repiten con constancia. Esta vez fue el caso del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (COMCE). Su presidente, V. Díez Morodo hizo declaraciones sobre el comercio exterior.

Dijo que no pueden reducirse los aranceles a las exportaciones de inmediato, que esa reducción no puede ser inmediata, ni puede ser general. Que los aranceles que pueden reducirse son los que no tienen movimiento, pero que los que sí lo tienen deben ser estudiados uno por uno, caso por caso. Que debe haber un diálogo con las empresas, que reducir aranceles es un golpe a la producción y al empleo.

Esta reacción, que era previsible, se da por causa de un programa de reducción de aranceles a las importaciones, que en promedio deben bajar del 10 por ciento al 5 en este año, y en 2 por ciento dentro de dos. Entre las empresas afectadas, se reporta a algunas de las grandes: Cemex, Peñoles, Condumex, Grupo México, Editorial Televisa, Vicky Form, Corporación Durango y Telas Especiales de México.

Los detalles son diferentes, pero la esencia es la misma, la de un movimiento en contra del comercio exterior y que tiene su nacimiento en el mercantilismo: prohibir las importaciones para proteger a las industrias locales. Desde luego, el problema es que esa protección no se extiende a los ciudadanos, que sólo podrán comprar bienes nacionales, caros y de mala calidad.

No es nuevo, como dije, y eso es lo que hace a esas peticiones realmente notables. El cabildeo de las empresas protegidas, como lo fue con Luis XIV, es fuerte y contiene alegatos emocionales. El más usual de ellos es el de empleos perdidos: si entran productos más convenientes para los compradores, se perderán los empleos de las fábricas que ahora producen los productos menos convenientes.

Es cierto que puede suceder eso. La importación de mejores productos, más baratos, mejores, o las dos cosas, pondrá en apuros a las empresas que producen los productos peores. Pero del otro lado, habrá un beneficio enorme: los compradores mejorarán su vida en la medida que esos productos satisfagan mejor sus necesidades. Un aspecto que los proteccionistas olvidan convenientemente.

Se alega también, como se ha hecho por siglos ya, que si se dejara entrar a todos los productos sin aranceles, la mayoría de las empresas cerrarían porque no podrían competir con los productos importados. Eso no puede suceder por una razón sencilla: si se quiere importar, la única manera de hacerlo es exportar. Es decir, las fábricas nacionales tendrían que producir para exportar y así el país podrá importar.

El cuidado que debe tenerse con peticiones de restricciones al libre comercio es sutil. Antes de aceptarlas, debe considerarse la afectación que se hace a terceros. Desde luego que cerrar las fronteras a la importación al cemento, por ejemplo, es una medida que favorece a los productores. No hay duda de eso. Pero hay que ver más allá de los efectos inmediatos.

El gobernante que aprueba esa prohibición de importar cemento, sin duda se sentirá bien viendo que ha protegido a algunos miles de empleos y pregonará las maravillas de su decisión. Pero habrá puesto de lado eso que no se ve: el daño que ha producido a millones de ciudadanos al impedirles disponer de cemento más barato, o de mejor calidad, o de más variados tipos… y que sin duda es un daño de mayor cuantía.

Pero si bien el comercio exterior puede defenderse con argumentos cuantitativos de eficiencia y logros tangibles de prosperidad, esa defensa es la menor de todas. El comercio exterior es una parte de la libertad humana y que hace posible que dos personas, las que sean, comercien entre sí donde sea que se encuentren.

Impedir el libre comercio es exactamente igual a emitir una ley que dice que los mexicanos tendrán la libertad de comprar y vender productos entre ellos, pero no tendrán esa misma libertad con el resto de las personas en el mundo. O que los mexicanos podrán beber cerveza importada de Alemania, pero no podrán usar cemento ruso. No tiene sentido.

La libertad es una y si es posible comprar una novela de Crichton en México, no veo cómo puede impedirse que no se usen bienes de otros productores, sea cemento, ropa, alimentos, lo que sea.

[Es especialmente recomendable Comercio Internacional]


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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