cerebro mente razonar falacia

La falacia ad ignorantiam, del desconocimiento. Un modo de razonar por el que la ausencia de pruebas es usada como demostración de la verdad que hay en una afirmación. Y nada más que eso.

La falacia ad ignorantiam, definición

Se trata de una manera curiosa de probar una afirmación cualquiera, sostenida en la idea de que quien piensa lo opuesto desconoce como rebatir esa afirmación.

«En lógica, un argumento ad ignorantiam, o argumentum ad ignorantiam, también conocido como llamada a la ignorancia, es una falacia que consiste en sostener la verdad (o falsedad) de una proposición alegando que no existe prueba de lo contrario, o bien alegando la incapacidad o la negativa de un oponente a presentar pruebas convincentes de lo contrario». falacias.escepticos.com

Es una forma de buscar la verdad de una afirmación sustentada en la ausencia de pruebas en su contra. Su falla es obvia, la ausencia de pruebas no significa que esas pruebas no existen. Quizá esas pruebas aún no existen, o bien son desconocidas para el opositor.

Expresado de otra manera:

«La falacia Ad Ignorantiam es una falacia que consiste en afirmar que algo es verdad solo porque hasta el momento no se ha podido probar que es falso (o viceversa). Quienes argumentan de esta manera no basan su argumento en el conocimiento, sino en la falta de conocimiento y tratan de trasladar la carga de la prueba a otra persona». retoricas.com

Ejemplos y estructura

La esencia del argumentum as ignorantiam puede ser mejor entendida con algunos ejemplos.

  • No ha podido demostrarse que hay vida en otras galaxias, así que por lo tanto, no la hay. O lo opuesto, no ha podido demostrarse que no hay vida en otras galaxias, y por eso, se concluye que sí la hay.
  • No ya pruebas que demuestren que la acusada asesinó a su esposo, por lo tanto ella es inocente.
  • No existen pruebas de que el ataque a su casa no fue causado por terroristas, por lo tanto sí fue realizado por ellos.

La estructura de la falacia ad ignorantiam es sencilla:

  • La persona A afirma x
  • No hay evidencia que niegue a x (o que la pruebe)
  • Por lo tanto, x es verdadera (o falsa)

O como se explica en otra parte:

«—No se puede refutar A, por lo tanto, A es verdadero → no se puede demostrar que la homeopatía no cura, por lo tanto la homeopatía sí cura
«—No se puede demostrar A, por lo tanto, A es falso → no se puede probar la existencia de vida fuera de la Tierra, por lo tanto no existe vida fuera de la Tierra». retoricas.com

Discusión

La estructura de esa falacia es del tipo que aprovecha la falta de conocimiento de algo para probar su no existencia —o, más ampliamente, el usar esa carencia de conocimiento para probar lo que sea: «jamás ha sido probada como errónea la teoría de que los extraterrestres construyeron las pirámides mayas, por lo que eso debe ser cierto».

El tratamiento del argumentum ad ignorantiam tiene sus particularidades, pues existen ocasiones en las que la carencia de información sí es un argumento que tiene algún peso.

Como cuando alguien alega que los jugadores de algún equipo de futbol son en realidad reencarnaciones de famosos jugadores ya muertos, o que la desaparición de un avión en el Tibet fue por culpa de una nave espacial extraterrestre. Contra esto podría alegarse que la falta de información adicional hace sospechosas tales opiniones.

La falta de conocimiento de algo puede ser, por tanto, usada para probar su existencia, como cuando se sostiene que la falta de pruebas sobre la culpabilidad de alguien acusado de asesinato demuestra que sí es culpable porque supo ocultar bien las pruebas.

Pero también para probar su inexistencia, como cuando se afirma que ya que nadie ha podido ver ángeles eso prueba que ellos no existen.

El punto desacertado de esta falacia es el uso de un argumento que no tiene relación con el tema —la mera falta de conocimiento sobre él hace más recomendable el evitar tratarlo que el emitir opiniones sobre él.

Sin embargo, insisto en casos en los que es posible alegar que la falta de información puede ayudar a rechazar alguna afirmación, como la del que sostiene que Lolita no fue escrito por V. Nabokov sino por un inglés desconocido —ante lo que cualquiera puede alegar que la falta de información al respecto hace a la opinión poco sólida.

Probar la existencia de algo, o bien su inexistencia, son tareas dificultosas que necesitan cúmulos de evidencia y dentro de las que no tiene cabida lógica la ignorancia al respecto.

En política, por ejemplo, un gobernante puede atacar a otro diciendo que «el desconocimiento del origen de su fortuna personal es una prueba de su deshonestidad», la que es una demostración vacía hasta que no presente evidencias de mucha mayor contundencia.

SI alguien dice que no conoce ningún estudio que pruebe que la pena de muerte reduce la criminalidad, puede estar en lo cierto o no, pero la razón expresada es equivocada: que alguien no conozca algo no es prueba de su inexistencia.

La misma falta cometería quien alegue que la pena de muerte sí funciona porque él desconoce estudios que prueben que no funciona.

Una de las causas de la falacia del desconocimiento es el considerar a la experiencia personal como una fórmula de argumentación central: todo se probaría o desaprobaría solamente dependiendo de lo que él sabe y conoce.

Si la persona resulta un experto en la materia, sus opiniones tendrán cierta solidez —pero si no es experta, lo que ella afirme será sujeto de muchas dudas.

En un discurso político puede usarse esta falacia —por ejemplo cuando un gobernante afirma «yo no he visto a ningún miembro del gobierno colocando nuevas etiquetas de precios más altos a los productos, por lo que no puede culparse al gobierno de la inflación que sufre el país; tampoco he visto cerrando fábricas a los gobernantes de mi partido, por lo que no pueden culparnos de la pérdida de empleos».

Y algo más, si el lector quiere…

Conviene ver

Más sobre la falacia ad ignorantiam y el caso de los alienígenas

Un Pato, Cuatro Picos

Por Eduardo García Gaspar –   25 julio, 2011  105

La persona hablaba de visitas extraterrestres a la tierra. En tiempos inmemoriales habían visitado el planeta y dejado evidencia como las pirámides de Egipto y una imagen curiosa en las ruinas mayas, de una figura que parece un astronauta actual.

Creía en lo que decía.

No tengo problema con esas creencias y resultan un tema curioso en las conversaciones, como leer un libro de ciencia ficción. Pero con lo que tengo problemas es con la manera con la que suele ser defendido eso de las visitas extraterrestres hace miles de años.

La falacia ad ignorantiam en pleno

Decía esta persona que no había evidencia alguna que demostrara que esas visitas no se habían realizado. Ya que ningún científico había logrado probar que los extraterrestres no habían estado en la tierra y realizado algunas construcciones, tenía que ser verdad.

No necesariamente.

Recuerdo haber leído una crítica un tanto sarcástica de esta manera de razonar. Si alguien sostiene que hay un plato de porcelana flotando en algún lugar del universo, no puede alegar que el no poder probar que eso es falso, demuestra que es cierto lo del plato flotante.

Esto tiene un nombre elegante.

Se llama argumentum ad ignorantiam (usar palabras en latín da cierta altura a la columna).

El error de fondo

Es decir, una especie de argumentación que se cimienta en la realidad del desconocimiento. En el caso de esa persona, ella cree poder demostrar su opinión diciendo que no se sabe que haya sido demostrada falsa y, por tanto, es verdadera.

De esta manera, podría usted sostener que existe un pato que tiene cuatro picos. Nunca nadie ha demostrado que no existe. Es por tanto cierto, ese pato debe existir.

La situación tiene aplicaciones más reales, como la que afirma que nunca nadie ha demostrado que usted no ha sido infiel con su cónyuge y que por eso, definitivamente lo es.

Cuando estas cosas se explican suele suceder que las personas reaccionan diciendo que es obvio, que nadie caería en esa trampa.

Las pruebas de Dios

Esto sucede en la vieja discusión religiosa sobre la existencia de Dios. Quien defiende su existencia puede hacerlo diciendo que nunca nadie ha probado su inexistencia y, por lo tanto, existe.

Es el mismo error, pero al revés, del que dice que no existe porque nunca nadie ha probado su existencia.

Ninguna de esas dos maneras de hablar sobre Dios es atinada. Debe admitirse que cabe la posibilidad de probarla o de lo contrario, que no exista evidencia en un sentido o el otro, no tiene nada que ver con la realidad.

Es obvio que debe acudirse a otras maneras de probar su existencia o inexistencia. Esta no es la adecuada.

El marido infiel y otros casos

Volvamos al caso del marido infiel, o mejor dicho, supuestamente infiel.

Si no existe evidencia alguna de que haya sido siempre fiel, eso no es prueba de que haya sido infiel a su mujer. Y lo opuesto, la evidencia de que no haya sido infiel no demuestra que siempre haya sido fiel.

Si no hay evidencias en un sentido o el otro, no puede emitirse un juicio sobre su fidelidad y el principio que se aplica es el de ser inocente: la inocencia no necesita ser demostrada, es la culpabilidad la que debe probarse (un principio natural).

La corrupción de un gobernante es un caso típico para este tipo de argumentaciones. Sin pruebas innegables es imposible probar que es corrupto, aunque lo sea. El hecho de que sea un gobernante no permite concluir que sea corrupto de manera absoluta.

Pero quedan caminos alternos, los de consistencia entre, por ejemplo, sus posesiones y su ingreso. Una discrepancia notable entre ellas, lo haría en extremo sospechoso y el juicio se encaminaría a probar el origen de su fortuna.

Una aplicación de esto se da en los deportes. Recuerdo un caso en el que un gol fue anulado por fuera de lugar, lo que la repetición de la jugada indicó como claramente falso. Era una jugada legítima.

Y alguna gente arguyó que el árbitro había recibido dinero por hacer eso: ya que no podía probarse que no lo recibiría, debía ser cierto.

No necesariamente. Había otra explicación, la ineptitud del árbitro, la que sí podía demostrarse en el video. La falacia ad ignorantiam es frecuente y poco detectada.

[La columna fue actualizada en 2019-12]