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La falacia post hoc ergo propter hoc. Una forma errónea de razonar concluyendo que existe una relación causal entre sucesos que suceden uno después de otro, sin otra evidencia que esa.

Definición de la falacia post hoc ergo propter hoc

Su esencia consiste en establecer una relación entre dos sucesos, uno posterior al otro.

«[…] es una falacia que consiste en hacer creer que una cosa es causa de otra por el hecho de suceder antes […]». retoricas.com

Es la forma de pensamiento que argumenta que si llevo el paraguas a la calle —primer suceso—, entonces no lloverá —el segundo suceso—, entre los que establece una relación de causa-efecto. La conclusión es que si llevo el paraguas entonces no lloverá y viceversa.

«“Post hoc ergo propter hoc” es una expresión latina que significa “después de esto, eso; entonces, a consecuencia de esto, eso”. A veces se acorta por post hoc. Post hoc es también llamado correlación coincidente o causalidad falsa. Es un tipo de falacia que afirma o asume que si un acontecimiento sucede después de otro, el segundo es consecuencia del primero». es.wikipedia.org

La esencia del error

En su fondo, la falacia post hoc ergo propter hoc comete el error de asignar una relación causal entre dos acciones un anterior a la otra, sin que exista relación de otro tiempo que no sea la secuencia temporal.

El jugador de póquer que antes de abrir una carta la frota contra la mesa, o la gira, piensa que eso tendrá un efecto positivo dándole la carta que él necesita en ese juego.

Puede o no existir una relación causal entre los sucesos, pero el hecho de que uno suceda después del otro no es evidencia suficiente para justificar la relación causal.

Estructura de la falacia post hoc ergo propter hoc

El razonamiento bajo el que funciona este modo erróneo de razonar es el siguiente:

  • El suceso X es previo al suceso Y.
  • Por esa razón, X es la causa de Y.

El que los dos eventos sucedan al mismo tiempo o uno después del otro no invalida la hipótesis de que entre ellos efectivamente exista una relación más allá de la coincidencia en el tiempo —pero no significa que esa relación sea probada más allá de dudas razonables.

El argumento que quiere probar una relación entre los dos eventos debe aportar una explicación mayor y lógica, como por ejemplo la explicación monetaria de la inflación como un efecto posterior a la emisión de dinero.

Sí, una cosa sucede después de la otra, pero se necesita también un modelo que explique lógicamente esa relación o conexión entre los eventos.

El caso del placebo

Una aplicación notable de la falacia post hoc ergo propter hoc es la del uso de remedios ficticios que el paciente supone que le han curado su padecimiento.

«Se define como placebo como toda sustancia que carece de actividad farmacológica pero que puede tener un efecto terapéutico cuando el paciente que la ingiere cree que se trata de un medicamento realmente efectivo. Esta acción curativa o de mejoría resultante es lo que se denomina efecto placebo». sanitas.es

El paciente toma la medicina —primer suceso— y cierto tiempo después percibe una mejoría —segundo suceso—, de lo que concluye que la medicina ha funcionado. Algo que sucede con frecuencia con remedios de brujos y medicinas «alternativas».

Un ejemplo:

  • He ido a una especialista en telepatía para que, con sus poderes, mi padre se cure del cáncer.
  • Mi padre ha tenido una remisión importante de su cáncer.
  • Por lo tanto, la especialista en telepatía hizo que mi padre se curara del cáncer.

Dos falacias similares

Es útil apuntar la existencia de dos falacias de este mismo tipo:

  • cum hoc ergo propter hoc
  • post hoc ergo propter hoc

La segunda de ellas ha sido la examinada antes. La primera es sutilmente diferente:

«[…] se comete al inferir que dos o más eventos están conectados causalmente porque se dan juntos. La falacia consiste en inferir que existe una relación causal entre dos o más eventos por haberse observado una correlación estadística entre ellos». es.wikipedia.org

La falacia es producto de observaciones coincidentes sin que se tenga una explicación o modelo que ligue lógicamente a los dos sucesos.

La correlación entre lo corto de las faldas femeninas y el índice general de la bolsa de Nueva York ha sido usado como ejemplo de estas coincidencias, las que harían suponer que para que ese índice se elevara lo que habría que hacer sería recortar las faldas de moda; o quizá para recortarlas tendría que esperarse que el índice subiera.

El cum anterior supone que suceden al mismo tiempo, el post supone que suceden uno después del otro —como cuando la persona intencionalmente saca el paraguas pensando que al hacer eso ya no lloverá más tarde el resto del día.

La estructura de la falacia cum hoc ergo propter hoc

El razonamiento es similar al de la falacia post hoc ergo propter hoc, pero es un momento único en el tiempo.

  • El suceso X está siempre presente que el suceso Y
  • Por lo tanto, X es la causa de Y

Por ejemplo, los comerciantes suben los precios cada vez que aumenta el índice de inflación, por lo que se concluye que los comerciantes son la causa de la inflación.

Uno de los errores de esta falacia es que podría interpretarse al revés, para concluir que la inflación es lo que hace que los comerciantes suban los precios.

Y unas cosas más…

Conviene ver:

Bonus track: más sobre la falacia post hoc ergo propter hoc.

Es Causa, es Efecto

Por Eduardo García Gaspar

Es una falacia clásica. Una forma errónea de pensar. Tan obvia como repetida. Está bien representada en un suceso común «voy a sacar el paraguas porque así no llueve; cuando no lo llevo, entonces sí llueve».

Técnicamente se le conoce como post hoc ergo propter hoc. Una expresión que da la apariencia de gran cultura entre quienes la usan. Es eso de «cada vez que mando lavar el coche, llueve y, por eso, ya no lo lavo».

En esencia implica relacionar como causa y efecto a dos sucesos simultáneos o con un muy corto tiempo entre ambos. Hay un ejemplo muy ilustrativo en un libro (Baggini, Julian. 2009. The Duck That Won the Lottery: 100 New Experiments for the Armchair Philosopher. Plume).

«Imagine que estamos viendo un partido de fútbol y yo digo “si me rasco la pierna habrá un gol en la siguiente hora”. Si en realidad me rasco la pierna y en realidad hay un gol, muy pocas personas creerán que el rascar ha sido la causa del gol».

Eso es obvio. Solo un pensador muy alocado pensará que rascándome la pierna he producido un gol. Quien lo creyera, me pediría rascarme con más frecuencia para que ganara su equipo favorito y yo terminaría con la piel irritada. ¿Una aclaración tonta?

Supersticiones

Puede ser, pero sucede más de lo que sería conveniente. El mismo libro apunta que este puede ser el origen de las supersticiones.

Piense en la persona que vio un gato negro y poco después sufrió un accidente; o en quien rompió un espejo y más tarde se cayó por las escaleras.

Contando esa historia a otros podrá crearse algo que podemos llamar «atención selectiva», sesgada a las evidencias que prueban que cuando me pongo una camisa amarilla gano en el póquer.

La atención selectiva me hace olvidar las veces que llevo ese color y no gano.

Las ansias de probar una cierta relación entre dos eventos, como causa y efecto, puede llevar a recordar lo que prueba esa relación y desechar lo que la niega.

Piense usted en un caso muy actual: una o dos personas pasan por una conversión religiosa sustancial y poco tiempo después ellas cometen un acto terrorista.

La pregunta es la obvia. ¿Fue esa conversión religiosa la causa del acto de terrorismo? En cada caso se podrá tener una buena idea de la respuesta y quizá en muchos casos podrá concluirse que sí.

¿Puede de allí concluirse entonces que evitando a la religión se acabará también con el extremismo? No lo creo.

Un amigo lo resumió bien. Dijo «Muchos terroristas en la actualidad son musulmanes, pero no todos los musulmanes son terroristas».

No es mi punto entrar en el tema del terrorismo, sino en el del pensar correctamente. Por ejemplo, el caso de la falacia del jugador.

Otro caso

Piense usted en alguien que está seleccionado el número de la lotería:

«En 1903 tocó el Gordo de Navidad con el número 20297, y 103 años después, en 2006, volvió a salir el mismo número. Ocurrió también en 1956 y 1978, con el número 15560. La pregunta es, ¿jugarías estas Navidades a la lotería con algún número que ya hubiera salido años anteriores? Un primer impulso sería “jugar mejor a otro número”, argumentando que ya tocó, y además, en dos ocasiones cada uno. Y si el número hubiera sido uno como el 01010, probablemente tampoco jugaríamos, pero por otros motivos: parece poco probable».

Piense usted en esto. Si alguien compra el número 010101010, muchos pensarán que tiene baja probabilidad de salir premiado. Podrán probar que nunca ha salido premiado en toda la historia y que es una tontería el comprarlo.

Bueno, pues tampoco han salido premiados con el «gordo» la inmensa mayoría de los números.

La relación es obvia: el evento de no salir premiado es tomado como el efecto de ser un número extraño. Igual que creer que si me rasco la pierna habrá un gol. Igual que creer que si se lanza una moneda y sale cruz, hay más probabilidad de que el siguiente lanzamiento sea cara.

¿No me cree? Intente convencer a alguien de que, después de cien lanzamientos de una moneda, todos produciendo una cruz, el siguiente lanzamiento no tiene mayor probabilidad de ser cara.

La esencia de la falacia está en asociar dos eventos como causa-efecto, cuando entre los dos no existe una relación causal razonable. Siendo humanos nuestro pensamiento siempre está expuesto a ese riesgo porque pensamos en términos de causa-efecto.

Si tomo una medicina y mejora mi salud, por ejemplo, eso me hace pensar así. La medicina es causa y la salud es efecto. ¿Lo son?

Puede ser, pero piense usted en algo real como la regresión a la media y el efecto placebo.

[La columna fu actualizada en 2019-12]