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Gobernantes y Dinero
Selección de ContraPeso.info
1 abril 2008
Sección: GOBIERNO, Sección: AmaYi
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Hay una realidad en la política, el tamaño de los gobiernos tiende a crecer desproporcionadamente. Una ilustración de esto es el de los presupuestos de gobierno, casi siempre en crecimiento: más y más programas de gobierno, más y más intervención en la economía, más y más partidas de gasto.

¿Qué es lo que causó ese crecimiento? Buchanan ofrece una buena explicación de este fenómeno. Los gobernantes, por motivación personal, tienden a ser personas que quieren un gobierno mayor. Lo quieren por diferentes razones que Buchanan analiza, concluyendo que diferentes tipos de gobernantes, por tres diferentes causas, prefieren presupuestos gubernamentales cada vez mayores. El gran valor de esta idea es la explicación analítica de un fenómeno real.

La idea comentada en esta carta fue encontrada en Buchanan, James M. (1975). The Limits Of Liberty: Between Anarchy And Leviathan. Chicago. University of Chicago Press. 0226078191, pp.156-159.

Dentro de la subsección titulada Politician’s Preferences and Budgetary Bias, en el capítulo 9, el autor inicia afirmando que los votantes en escasas ocasiones toman decisiones colectivas de gobierno.

Es decir, esas decisiones no son realizadas por quienes pagan los impuestos y quienes son al mismo tiempo los beneficiarios de los bienes y servicios proveídos por el gobierno.

La influencia del ciudadano en las decisiones de gobierno es indirecta y limitada.

Para operar con efectividad práctica, se necesita que el papel de los ciudadanos se concentre en la elección de sus representantes, de personas como ellas que son las que participarán en la toma concreta y específica de decisiones legislativas y ejecutivas.

Son estos gobernantes elegidos por los ciudadanos los que tomarán las decisiones directas sobre los bienes y servicios públicos gubernamentales y sobre el tamaño del presupuesto y las partidas de éste, incluyendo su financiamiento.

Inmediatamente después de señalar esa realidad, señala otra, ahora relativa a los gobernantes y sus preferencias personales.

El punto de Buchanan as simple. ¿Tienen los gobernantes preferencias personales y propias acerca de temas como el tamaño del presupuesto, de sus fuentes de financiamiento, de sus componentes?

Desde luego que sí las tienen. Sería irreal suponer que esos son aspectos sin importancia para ellos. Si no tuvieran esas preferencias no estarían metidos en la política. Quien no tiene opiniones y preferencias al respecto no sería atraído a puestos de gobierno.

Es de sentido común presuponer que la clase política está formada por personas que tienen opiniones al respecto de cuestiones presupuestales públicas.

Más aún, esas personas sienten atracción por la política porque piensan que ella es un instrumento que tienen para influir en las decisiones de gobierno, decisiones que afectan a la colectividad. Reconocer esto significa reconocer también una consecuencia clara.

Las consideraciones y manejos presupuestales de gobierno no serán un reflejo fiel de las preferencias de los ciudadanos electores. El gobernante una vez electo gozará de un buen margen de acción para implantar sus propias preferencias en cuestiones fiscales y presupuestales. En el tiempo, a la larga, el gobernante sí tiene una limitación indirecta en las siguientes elecciones si es que desea ser reelecto.

Pero aún así, el gobernante goza de gran margen de maniobra para manejar las cuestiones financieras de gobierno de acuerdo a sus opiniones propias, no necesariamente coincidentes con las de sus electores.

Por tanto, dentro de un margen amplio de acción limitado por extremos de imposibilidad para sus electores, el gobernante va a decidir por las opciones que él prefiere y que son las de mayor utilidad para él, no para sus representados.

Esta posibilidad es uno de los beneficios de su puesto, un “ingreso político”.

Hasta aquí, Buchaman pone su atención en la flexibilidad que el gobernante tiene para tomar decisiones según su propia conveniencia y opinión, dentro de un margen de posibilidades.

Esta realidad no tendría importancia si las diferencias de opinión y preferencia fuesen simétricas, para mayor o menos presupuesto, anulándose unas a otras en promedio.

Con unos gobernantes prefiriendo una elevación del presupuesto, por ejemplo, y otros, una disminución, quizá el efecto neto final sería pequeño en cualquiera de las direcciones.

¿Es cierto eso en la realidad? El autor dice que no. Hay un sesgo unidireccional a favor de la expansión en las cuentas fiscales.

En ese sesgo es posible distinguir varios elementos, que son expuestos por el autor a continuación, dando oportunidad a una clasificación de gobernantes en tres tipos.

Primero, las personas que valoran muy alto la posibilidad de influir en las decisiones colectivas, quienes tienen un real y sincero deseo de hacer el bien. Gente de buenas intenciones que se incorporan a la política con la idea de influir en las decisiones de gobierno y usan al gobierno para implantar sus opiniones.

El opuesto de estas personas es el de quienes creen que el papel del gobierno en la sociedad debe ser reducido y que precisamente por eso tienen menor probabilidad de ser atraídos a puestos públicos.

Es natural concluir que el gasto gubernamental tenderá a subir por causa de lo anterior, la atracción fuerte que un puesto de gobierno ejerce entre quienes desean usar al gobierno como instrumento para el bien de la sociedad.

Segundo, otro tipo de personas que no tienen un componente ideológico de gobierno grande o pequeño. Son personas que colocan gran valor en el tener poder de decisión para afectar la vida de terceros.

No es igual al tipo anterior, en el que una persona tiene una serie de opiniones acerca del bien social que desea realizar usando medios gubernamentales.

Este otro tipo de gobernante puede tener ideas vagas e incompletas de programas sociales, pero pueden estar buscando una posición de gobierno porque valoran estar en posiciones de poder y mando, a las que otros tienen que recurrir para solicitar asistencia.

Un gobernante de este tipo logra utilidad en los ingresos que recibe por el reconocimiento que tiene de su autoridad.

Sin preferencias ideológicas, este tipo de gobernante podría tomar decisiones más cercanas a las preferencias de sus electores que el anterior. Sin embargo, para llegar y mantenerse en una posición de poder él debe complacer al mayor número posible de votantes y eso será más fácil de lograr con programas de gobierno dirigidos a grupos grandes que con una reducción general de impuestos.

Buchanan aclara que en los dos casos anteriores, de gobernantes con agenda ideológica y con agenda de poder, se ha tomado como hipótesis que ellos son incorruptibles.

Ninguno de ellos busca ingresos personales que no sea el de su sueldo en el puesto ocupado.

Ahora es necesario añadir un tercer tipo. Es el político que busca ingresos adicionales a su sueldo y por eso se presenta la misma tendencia anterior a la elevación del presupuesto.

La razón es sencilla. Las oportunidades de corrupción son directamente proporcionales al tamaño del presupuesto y su complejidad, y al monto de la intervención estatal en la economía.

Es natural que este tipo de gobernante busque engrandecer los presupuestos con la creación de muchos programas de gobierno. No tendría lógica que prefiriera reducciones de presupuesto y de programas de gobierno.

Los gobernantes en la realidad pueden caer en uno de esos tres tipos, o ser una combinación de dos o tres de ellos. Pero la dirección en la que se mueve el tamaño del presupuesto gubernamental es la misma para todos: se elevará por diferentes motivos.

Todos tienen un interés personal en elevar la intervención gubernamental en la economía.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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