Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Godínez Aborca, Claudio
ContraPedia ContraPedia
5 noviembre 2008
Sección: Sección: Listas, Y CONTRAPEDIA
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Nació Claudio Godínez Aborca en el mes de abril del año de 1936. Murió Claudio Godínez Aborca en 1982, en el mes de diciembre. Fue un autor, un escritor, un literato apenas conocido por un puñado de personas, entre las que están incluidas su madre viuda y dos tías solteras y de hábitos ligeros. El resto de las personas que conocieron de la existencia de Claudio Godínez Aborca carecen de importancia.

Claudio Godínez Aborca nació en la misma casa en la que murió, una oscura construcción de principios de siglo ubicada en la colonia Talquetepepatl de la Ciudad de México. Fue en esa casona que escribió la totalidad de su obra y, lo que es importante, también allí escribió su diario.

Claudio Godínez Aborca llamó a su diario “vertebral”, por razones desconocidas. En ese diario vertió todas o casi todas sus vivencias, incluyendo sus ideas sobre futuras obras, la inmensa mayoría nunca realizadas. La muerte de Claudio Godínez Aborca fue muy sentida por las dos tías, no así por su madre, a quien se le oyó gritar muy fuertemente durante el funeral, “por fin, ya voy a poder ahorrar todo lo que ese idiota inútil gastaba en tinta y papel”.

La historia del diario personal de Claudio Godínez Aborca es una que merecería toda una novela costumbrista al estilo del siglo XIX. Baste decir que parte principal de los diarios de Claudio Godínez Aborca fue dada a un farmacéutico, el propietario de una botica cercana a la casa del autor en cuestión. Se le dio ese diario, como parte del pago que saldó la cuenta del dinero que Claudio Godínez Aborca le debía en el momento de morir y que correspondía a unos diez kilos de potentes laxantes comprados durante los últimos meses de su existencia.

Dicho farmacéutico aceptó el diario especulando sobre la posibilidad de que a su muerte, Claudio Godínez Aborca cobrara alguna fama como escritor, o bien, como caso patológico extremo. Cualquiera de esas alternativas le permitiría vender el diario con alguna ganancia. Durante unos cinco años el diario estuvo perdido. La historia de cómo fue recuperado es demasiado larga y muy poco relevante para ser descrita aquí. Baste decir que es muy afortunado que haya caído en buenas manos y que la Literatura y la Psicología Anormal cuenten con esos escritos personales de Claudio Godínez Aborca.

El diario de Claudio Godínez Aborca en la realidad, ahora sabemos, estuvo formado por varias partes. Hasta hoy se conocen dos de ellas. El llamado Diario de la Farmacia, la primera, y las Anotaciones del Papel de Baño forman la segunda siendo una colección de ideas anotadas en ese tipo de papel que se encontraron en una casa de mala reputación en 1985. Más una parte, la tercera, que se presupone perdida, según la hipótesis del doctor Raymond de la Portapedrere, donde Claudio Godínez Aborca narraría los primeros días de su infancia.

Esta es la primera vez que son publicados dichos escritos y que se ponen al alcance del público masivo, ya que antes habían sólo circulado copias en número restringido autorizadas por el Institute for the Study of Very Funny Behavior de la ciudad de Urbana en Illinois. Por último, antes de hacer las citas de los fragmentos más interesantes, debe señalarse que Claudio Godínez Aborca llamó a este diario uno de “mínima abstracción progresiva de incongruencias consistentes”, expresión que no ha sido entendida cabalmente todavía, pero que se encuentra en estudio en el instituto mencionado arriba.

Godínez Aborca, diario parte I: Diario de la Farmacia

10 de abril de 1956. El estreñimiento me está matando. He intentado todos los remedios. Se han tratado todas las soluciones. Solamente está esa vieja fórmula, la de mis dos tías. Hoy tampoco me bañé. Parece mentira que en medio de toda esta civilización que me rodea exista una terrible escasez, la de mi jabón favorito. ¿Qué habrá sucedido con Ojo de Geisha? Tiene un aroma tan especial. Lo envuelve a uno dentro de una atmósfera de lujuria que no tiene comparación.

13 de mayo de 1956. Me parece que fue hace una eternidad que visité el baño por última vez. Poseo un intestino que desea matarme. Hoy he tenido una excelente idea. Ese enemigo interno aún no puede hacer que deje de pensar. Una novela de características excepcionales, o al menos un cuento demasiado largo.

Su trama está centrada alrededor de un koala nacionalizado australiano que vive una odisea psicológica al enfrentar el problema de su entrada a Francia. Las autoridades migratorias le impiden adentrarse en ese país y el koala vive esa injusticia en lo más profundo. Resulta que el koala, cierto día, escuchó un viejo disco de Edith Piaf, transmitido por la débil señal radiofónica de una lejana estación localizada en la isla de Diego García. El koala, fascinado por la voz de la francesa, decide comprar un disco de ella, pero le es imposible. Un grupo de ornitorrincos ha establecido un monopolio en todos los mares del sur de esas grabaciones y ha fijado precios exorbitantes. La situación se vuelve desesperada y le obliga a hacer un viaje a París, para visitar a la empresa que distribuye las grabaciones de la Piaf en todo el mundo. Por razones humanitarias, un canguro de nombre Lou se une al viaje.

No se trata de una mala copia de un libro de aventuras en el mar. Se trata de una buena copia del Ulises de Joyce, trasladado al mundo animal. Es una visión introspectiva de los sentimientos de un koala, lo que hasta ahora no ha sido intentado, especialmente en cuanto al enfrentamiento que sufre ante la injustificada actitud de las autoridades de la embajada francesa en Lisboa. En esa ciudad, se registra un intenso diálogo entre Lou y el embajador francés dentro de un restaurante en el que se sirve pescado sin ajo como especialidad de la casa.

2 de enero de 1957. La última evacuación que tengo registrada se llevó a cabo hace tres semanas. Todo parece indicar que las cosas mejoran. Hoy tomé ese laxante maravilloso que preparan mis tías. Desde ayer, sufro una obsesión. Es un pensamiento que me intriga de sobremanera, la secuencia a la Metamorfosis de Kafka. Una lucha familiar entre uno de los miembros convertido en insecto y otro convertido en lata de insecticida. Lo interesante es que el escenario de esta pugna no sería la casa de la familia, sino el castillo donde se enfrenta la necesidad de pedir permiso a la burocracia para la pelea en público.

25 de julio de 1960. Las autoridades han cerrado el cabaret donde prestaban sus servicios mis tías. Hay una campaña de moralidad en la ciudad. Han cerrado cabarets y han matado tres parejas de perros ocupados en actos indecorosos. Dicen que se continuará con la campaña. Es una buena oportunidad para mí. Escribiré un libro de explotación sexual que se venderá bien. Sería mi primer libro publicado. He pensado en una mujer llamada Emanuelle que es la protagonista y que viaja por todo el mundo haciéndolo con todos, pero creo que es una idea que no tiene todo el potencial que se necesita. Se requiere algo de más pegue. Por ejemplo, la historia de una gacela que cae en la prostitución debido a la imposibilidad de poder pagar sus impuestos en Suecia. Se evade del zoológico sueco disfrazada de ñu para evitar sospechas en la calle y así vive una vida de vicio en la que juega un papel principal un ingeniero sudanés que colecciona patas de aves salvajes.

25 de julio de 1966. Estoy rumiando una buena idea para una novela de interés general. Si logro venderla, podré pagarles a mis tías por el medicamento que ya no me regalan. El escenario sería Las Vegas. En el primer capítulo de la novela, se descubre la horripilante muerte de una de las bailarinas del famoso cabaret que servirá de escenario principal. Su cuello ha sido brutalmente destrozado al haberse colocado un sombrero de gigantescas plumas de color rosa-pluma. En la realidad, esa plumas estaban hechas de concreto y plomo, y no de tela, como ella pensaba. El extraño accidente llama la atención de un detective local de nombre Willy Cacciatolini, cuyo socio Joe González había sido esposo de esa bailarina, cuyo verdadero nombre era Rosie Lamour, pero que para propósitos artísticos se lo había cambiado a Camille von Hauschevitz. La trama hace que Willy tenga que aceptar un trabajo de estibador en los muelles de Tampico en México, para poder descubrir, hacia el final, que el autor del crimen de la bailarina es él mismo.

3 de septiembre de 1968. Ayer me visitaron mis tías. Mi madre les había contado que ya no me soportaba y que pensaba mantenerme durante dos horas y quince minutos más. Se quedaron a cenar y les conté de otra idea mía sobre un libro. La historia de un antropólogo inglés especializado en la cultura egipcia. Les pareció un tema muy aburrido. Dijeron que sería un libro de escasa venta y que no me sacaría del anonimato. Cambiaron de opinión cuando mencioné que toda la narración de ese libro estaría hecha desde le punto de vista de la pipa favorita del antropólogo y que él olvida en Londres debido a un muy desafortunado accidente. La pipa se ve obligada a permanecer en Londres, en la casa del antropólogo y al cuidado del ama de llaves que es ninfomaníaca y gusta de tomar té con agua de nieve.

13 de octubre de 1978. La mente es un costal de ideas almacenadas en busca de un descubridor. Esto, con mucha claridad, me lo ha demostrado algo. Es una idea que tuve mientras comía unos tacos de hígado. Me refiero a la idea de escribir un libro, la biografía de Emilio Zolá, presuponiendo que el autor de la obra es el director de la película Naná. Hace más de un mes que mi intestino se ha negado a hacer el más mínimo de los esfuerzos. Ni siquiera el más pequeño de los movimientos he sentido. Gandhi tenía razón.

Godínez Aborca, diario parte II: Anotaciones del Papel de Baño

4 de febrero de 1979. Ya he perdido la cuenta sobre el número de semanas durante las que no visito el baño. Hoy tuve mi primera llamada por teléfono. Fue a causa de un aviso en el periódico que me permití contestar. Pedían un escritor para programas de televisión. Se me explicó que la idea del programa es una parodia en la que aparece un perro biónico. En lugar de hacer pipí, el perro levanta la pata para lanzar un mortífero rayo láser. Es una idea que tiene su potencial, pero me enoja el mercantilismo con el que se quiere explotar. Creo que tendré que aceptar para lograr ese ingreso que tanta falta me hace. Mis tías me han abierto una línea de crédito que mi madre tiene que absorber.

5 de mayo de 1979. A pesar de la acostumbrada preocupación, concebí otra idea para una novela. La trama del libro se basa en los trágicos sucesos que ocasiona el naufragio de un barco de pasajeros frente a las costas de Hong Kong, el día en el que ese territorio pasa a formar parte de China. El drama se acrecenta ante la confusión de responsabilidades entre el gobierno inglés y el gobierno chino para atender el hundimiento de un barco, lo que provoca la horrible muerte de casi todos los pasajeros. Se salva un chino jugador profesional de ping pong, que llega a la costa flotando en su raqueta. La otra persona que se salva es una cantante de ópera que ha logrado cierta fama internacional por su interpretación del papel principal de Carmen cantada en sánscrito. Los dos se sienten identificados por haber vivido una misma experiencia.

10 de mayo de 1979. Hoy le demostré a mi madre que tengo mucha necesidad de su apoyo moral. Le escribí un poema especialmente pensado para este día. La llamé a la sala y me oyó. Terminé de leerlo y ella no hizo nada, simplemente se fue a continuar con las actividades que había suspendido cuando la llamé. Parto de la hipótesis de que ella se sintió conmovida por mi demostración de cariño, ya que espolvoreó con laxante las albóndigas que había cocinado.

5 de octubre de 1979. Me distraigo en varios proyectos. Tengo pensado un relato de ciencia ficción. Es la historia del arribo a la tierra de partículas diminutas de carácter encimobiológico que se han congelado en el espacio sideral. Al tener contacto con la cálida atmósfera terrenal, esas partículas cobran vida y se reproducen a un ritmo asombroso al establecer contacto con la salsa picante mexicana. Forman cultivos invisibles que flotando en el aire logran entrar por los conductos auditivos de los humanos, en quienes provocan un deseo incontrolable de comer sardina frita y oír música de Carlos Gardel. Poco a poco, paulatinamente, el mundo perece ante los estragos ecológicos que causa la fritura de cantidades exageradas de sardinas y por los efectos negativos que en la economía produce el tiempo que se dedica a bailar tango.

9 de diciembre de 1980. No pude conciliar el sueño. Mi pensamiento se ha mantenido en el Ulises de Joyce. Es la mejor pieza literaria jamás escrita. Es la quinta vez que la leo en lo que va del mes.

10 de marzo de 1981. Las tías han vuelto a mostrarse reacias en cuanto a darme el medicamento. Primero me lo regalaban, luego me lo daban a crédito y ahora han dado indicaciones de que desean pagos en efectivo. La posibilidad de no contar ya más con ese medicamento me aterra.

21 de julio de 1981. Las amenazas de mis tías se han vuelto más claras y directas. Es por esto que he aceptado un trabajo que no está a mi altura. Se trata de un texto para un anuncio publicitario de un papel de baño. ¡Qué paradojas presenta el mundo! ¡Qué sé yo de esos productos!

20 de febrero de 1982. Ha pasado mucho tiempo desde aquella ocasión en la que me rechazaron los textos de aquel papel de baño. Todavía no me recupero de ese rechazo. El poco dinero que tengo se lo he dado a mis tías a cambio de más medicina.

5 de julio de 1982. Tengo una nueva idea para un poema que contará las vivencia mentales de un hombre urbano alienado por su impotencia para leer el Ulises de Joyce sin sucumbir a la ingestión exagerada de whisky irlandés, cosa que le hace acudir a la acupuntura que practica un danés que vive en Mónaco y que se hace llamar Tetlepatenatalatl.

30 de septiembre de 1982. Fallezco. Me muero. El estreñimiento me está asesinando. No tengo dinero… mis tías han emigrado a Acapulco. Apenas puedo sostener la pluma en mis manos… las ideas ya no brotan en mi mente como antes, la vida… mi vida ha llegado a su fin.

Claudio Godínez Aborca murió víctima de su enfermedad el 4 de diciembre de 1982, sin haber hecho anotaciones en su diario posteriores a la última que se citó.


ContraPedia tiene un antecedente en los 80, cuando fueron publicadas una serie de propuestas para palabras que no existían y de personajes improbables. Eran invenciones muy breves. Esta versión respeta la idea original, jamás publicada, con definiciones más amplias y la incorporación de otros elementos, como personajes e instituciones.



1 comentario en “Godínez Aborca, Claudio”
  1. Contrapeso » CPedia: Gasta, Rincha, Accigón




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