Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Guajolotes Sacros
Eduardo García Gaspar
5 agosto 2008
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Guajolote es una palabra muy usada en México, como un sinónimo de pavo, animal nativo de América. La palabra tiene un origen náhuatl y que le da significados que cada quien explica como le da la gana. También hablando de animales, existe la expresión vacas sagradas, que connota todo eso que es intocable so pena de una falta sacrílega.

Es posible mezclar las dos cosas y crear un concepto nuevo, el del guajolote sacro y que tendría sus propias connotaciones basadas en lo que leí hace tiempo. Tomo esto y y lo combino con una idea que hace poco le leí a Luis Rubio (Grupo Reforma, 27 julio 2008).

Por un lado, el guajolote sacro es algo que se ha elevado a tal nivel que no puede ser cuestionado por ningún motivo y que por eso produce daños. El guajolote sacro más popular de los últimos meses en México es Pemex, pero no es el único: también cuenta la CFE, el ejido, la soberanía nacional, y otros. Ninguno de estos guajolotes puede tocarse sin consecuencias serias.

Deben ser mantenidos como están, sin cambio alguno, inmóviles. La sola mención verbal que los cuestione es motivo de severos reclamos y acusaciones de sacrilegio. Pero para que sea un verdadero guajolote sacro debe cumplirse otra condición, la de producir daños generales y beneficios específicos, como retrasar el crecimiento económico y causar pobreza a muchos, beneficiando, por ejemplo, al algún sindicato concreto, como en el caso del monopolio petrolero mexicano.

El guajolote sacro es compañero de lo nacionalmente correcto en una característica básica, la de impedir todo cambio posible, por deseable que pudiera ser y por razonable que sea. El guajolote sacro es conservador en una extensión absoluta. Lo que fue, es y seguirá siendo, sin que nada pueda alterar eso. Es el clásico argumentum ad antiquitam, por el que nada de lo anterior puede cambiar incluso con razones que lo demuestren.

También hay dosis religiosas en el guajolote sacro, al estilo de los dogmas que deben ser creídos sin poder cuestionarse, con el guajolote sacro yendo al extremo mayor: en México es posible dudar de cualquier religión, pero no de Pemex. Hacerlo es volverse un hereje merecedor de condenas y calificativos severos. Es el clásico argumento ad hominem, por el que los enemigos son descalificados como personas y no por las razones que expresen, así sean las más lógicas.

El guajolote sacro no se sustenta en razones ni evidencias, sino en emociones y sentimientos que por fuerza de repetición se convierten en una idea aceptada por muchos con fe: el petróleo en manos del gobierno es el petróleo propiedad de todos los mexicanos. No importa que se revelen escándalos, corrupción, abusos, la idea permanece incólume. Puede creerse que un sacerdote pederasta daña los cimientos de toda una religión, pero no que varios millones de dólares en corrupción causen una pequeña grieta en Pemex.

El guajolote sacro necesita sacrificios. Mantenerlo en un nicho sagrado intacto e inamovible acarrea holocaustos severos, como reducir el progreso de millones que se considera que de nada valen en contraste con el guajolote. Pero también el guajolote sacro es nacionalista y repele con odio y encono a lo que percibe como extranjero. Es él suficiente para el país, no necesita de nadie más.

Detrás del guajolote sacro son necesarios ministros de culto, una legión de capellanes y clérigos que se encargan de mantener el culto vigente, convenciendo a los demás de que su sacrificio es necesario siempre ante las continuas amenazas que el guajolote sufre cuando los herejes se atreven a dudar y solicitar explicaciones. Son estos clérigos del guajolote quienes viven del sacrificio de los demás.

Son los que usan el argumentun ad populum, destinados a generar sentimientos y evitar razonamientos. Su propósito es evitar que se piense y fomentar la adoración incauta sustentada en lo social, ese calificativo tan adecuado para impedir el uso de la razón. Y tan provechoso para ganar poder convenciendo a los más a que sean sacrificados en bien del guajolote sacro.

Se dice que en México la educación debe ser laica. No lo es en realidad. Sí, ha dejado de lado a las religiones, pero el vacío ha sido llenado por otras creencias, los guajolotes sacros.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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