Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Guerras Religiosas
Leonardo Girondella Mora
20 agosto 2008
Sección: RELIGION, Sección: Análisis
Catalogado en:


Una de las promesas de ContraPeso.info es retar las ideas establecidas —las que suelen pertenecer al género de lo políticamente correcto y lo apresuradamente aprobado. Una de esas ideas es la que acontece cuando algunas personas desean criticar a la religión y de inmediato mencionan a las guerras que ella ha ocasionado.

La conexión entre religión y guerra es uno de los argumentos rápidos de mayor efectividad —consiste primordialmente en justificar un rechazo a la religión basado en la idea de que ella produce más males que bienes, como es de sobra conocido en las guerras religiosas. Con esa manera de pensar y a una velocidad extraordinaria, la religión es clasificada como una de las causas que empeoran al mundo: debe ser rechazada e incluso prohibida.

Ese veloz razonamiento casi siempre es referido a la fe Cristiana —me parece que muy específicamente al Catolicismo, lo que es natural porque el argumento es producido dentro de una civilización de fuertes raíces judeocristianas, mucho más que de otras religiones. Lo que intentaré hacer es examinar este argumento en los puntos siguientes, demostrando su debilidad lógica.

Una guerra religiosa es simple de definir —es una guerra reconocida como tal y que tiene como causa central a la religión. Se trata de una manifestación violenta entre partes que sostienen diferentes posturas religiosas y que pretenden ser solucionadas por medios violentos. Es una discusión religiosa que se lleva a otro plano.

En un artículo se citan ejemplos que intentan ilustrar la definición de guerra religiosa: la reconquista en España, las cruzadas, las conquistas musulmanas, las guerras religiosas en Francia. Lo especial de estos ejemplos es la carencia de ejemplos recientes —no hay casos de guerras religiosas, por ejemplo, en el siglo pasado, o al menos no se consideran destacables.

Ese detalle da un indicio digno de usar como base de una especulación —las guerras religiosas son menos importantes de lo que se pretende y por eso, resultarían en un argumento débil para rechazar a la religión en general. No hay duda de que las hubo, pero ellas no son tan contundentes como para ser usadas como prueba suficiente que sirva para anular a las religiones.

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Un análisis de las guerras en el mundo que las clasificara en dos grupos, causadas primariamente por cuestiones religiosas y causadas por otras razones, ayudaría a dilucidar el asunto.

Mi tesis al respecto: sí existieron, pero las guerras religiosas son una minoría con respecto a los casos bélicos por otras razones —el poder político será causa central de más guerras que la religión. No creo que las dos guerras mundiales puedan ser clasificadas como religiosas, ni las de Corea y Vietnam.

Por supuesto, esa clasificación depende de la posibilidad de identificación clara de las causas de una guerra —lo que no es una tarea sencilla. Será fácil decidir que las guerras de conquista de Alejandro Magno, o las de Napoleón no fueron ocasionadas por motivos religiosos y que las Cruzadas sí lo fueron; pero otros casos no serán tan sencillos de clasificar, como las guerras europeas de Carlos I de España.

Esta dificultad de clasificación es otro argumento en contra de la afirmación rápida de que la religión debe ser puesta de lado porque produce guerras —si las guerras obedecen a varias causas, siendo una de las posibles un conflicto religioso, ya no es tan fuerte la afirmación.

Hasta aquí, la conclusión aparece con claridad: opinar que la religión debe ser anulada porque ella es causa de guerras, es una posición muy débil. Su repetición insistente no le añade fortaleza, pero sí confunde el razonamiento de quienes no profundizan un poco más el tema. Pero aquí no acaba la historia.

El argumento que usa a los conflictos violentos como causa que justifica la desaparición de las religiones incluye no sólo guerras declaradas y reconocidas como tales, sino también conflictos violentos no capaces de ser clasificados como casos bélicos ortodoxos.

Uno de los casos más citados en el de las rivalidades entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte, a pesar de que también contiene fuertes elementos políticos quizá mayores a los religiosos.

En América Latina suele usarse con frecuencia el relato de conquistadores españoles imponiendo por la fuerza la religión cristiana.

Se critica también la noción de la yihad islámica que da validez al uso de la violencia en contra de infieles —y podría hacerse una lista muy abundante de casos en los que lleguen a incluirse a mártires muertos en labores misioneras, o por reacciones de mayorías opuestas, o por acciones estatales (como el caso de la Guerra Cristera en México).

Ampliar el argumento de la inconveniencia religiosa basados en la creación de conflictos violentos presenta una mayor dificultad de análisis que la basada sólo en guerras.

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La religión es importante —lo sigue siendo aún hoy— y no debe sorprender que existan discusiones escarpadas sobre el tema. No es el único terreno en el que ello sucede, también las hay en campos económicos y científicos, y eso es parte de la vida.

Las situaciones no deseables emergen cuando la discusión es llevada a un plano violento, en el que las partes desean imponerse unas a otras usando la fuerza.

La religión, más aún, suele ser un componente de identificación cultural y nacional que puede magnificar diferencias nacionalistas y culturales entre diversos grupos creando entre ellos animosidades potencialmente violentas. Animosidades que pueden ser alimentadas aún más por gobernantes en busca de poder.

Mi tesis en este aspecto es que aún si se pudiese retirar a la religión de los conflictos sociales que tienen un potencial de ser llevados a un plano violento, esa violencia no desaparecería —seguiría existiendo la principal causa en mi opinión, la ambición de poder.

Esta es otra manera de debilitar la argumentación que pretende anular a la religión por ser causante de violencia.

Las acciones violentas que sí pueden ser asignadas a la religión, la que sea, debe ser examinadas bajo la luz de la posición doctrinal de la iglesia en cuestión. Este examen en mi opinión es muy poco común —se trata de reconocer que las acciones violentas reales producidas por personas con celo religioso pueden ir en contra o a favor de la doctrina de la religión en cuestión.

El individuo A, por ejemplo, logra reunir un grupo de adeptos a quienes convence de que en defensa de la religión X que profesan están obligados a evitar que se abra el templo de la religión Y —y para lograrlo incendian ese templo y golpean a los fieles de Y que intentan apagar las llamas.

Desde luego estas acciones son reprobables, pero el análisis de ellas no puede quedarse en un nivel que sin refinamiento encuentra como culpable específico a la religión X y como culpable genérico a las dos religiones, sosteniendo que si ellas no hubieran existido, los hechos no se hubieran producido.

El análisis necesitado y que es poco común es el de separar las acciones del grupo de adeptos manejado por A, de las creencias doctrinales de la religión Y.

¿Fueron las acciones violentas de A y su grupo algo legitimado por su religión o algo prohibido por ella? La distinción es imperiosa para asignar responsabilidades —es posible que las acciones de A sean opuestas a las ideas doctrinales de la religión que él profesa y constituyan una falta severa.

En otra forma de expresar lo anterior: una o más personas, celosas de su religión, pueden realizar acciones que ellas piensan son las correctas, pero están equivocados en su interpretación.

Es decir, la verdadera y real importancia no debe ser puesta en las acciones indebidas de partidarios celosos de una iglesia, sino en la posición doctrinal de la iglesia con respecto a la acción de esos partidarios suyos: ¿los avala o los condena?

Una iglesia cuya doctrina diera su aprobación a esas acciones u otras similares sería con justicia acusada de provocar violencia —pero no lo podría ser la que reprobara esas acciones de adeptos que han faltado a sus principios.

Este examen también debilita la argumentación que propone retirar de la sociedad a las religiones como fuerzas responsables de acciones violentas —lo más que podría sostener es una reprobación muy justificada a aquellas religiones que condonan y avalan la violencia dentro de su doctrina.

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Concluyendo, creo haber examinado la frase veloz que sin mucho pensarlo populariza la idea de que sería conveniente que no existiera la religión en general porque ella es causa de guerras y violencia —es un razonamiento débil según se ha demostrado.

Hacer este examen tiene un motivo ulterior: la defensa de la religión en general como una fuerza positiva y absolutamente necesaria en el ejercicio de la libertad, como fue apuntado en Un Aliado Ignorado.

Si ese papel va a ser examinado y analizado, que lo sea, pero con razonamientos y análisis sólidos, no con frases veloces que carecen de fundamentos y cuyo único valor es el de ser repetidas incansablemente.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.


6 Comentarios en “Guerras Religiosas”
  1. Pedroypablo Dijo:

    Como ateo, debo defender el punto de vista del autor como uno razonable. Lo que más lastima a la gente que piensa es la gente que no piensa y entre ellos están los que creen que de todo debe culparse a la religión. Ellos son unos simplistas que impiden diálogos inteligentes con mis contrarios. Si se culpa al cristianismo de las cruzadas, eso debe aceptarse, pero a la luz de una realidad que fue la expansión musulmana desde el siglo VI y que amenazaba a Europa, por ejemplo. Ser ateo no significa ser un idiota.

  2. iselacreyo Dijo:

    este es un comentario poco salido de lo comun porque este solo es el punto de vista del columnista y el de los que lo leen que, que coma mierda no señor. NOTA DEL EDITOR: la coprolalia es un síntoma de debilidad de análisis.

  3. carlo Dijo:

    malisimo no se los recomiendo. NOTA DEL EDITOR: gracias por la recomendación.

  4. Droctavio Dijo:

    excelente punto, muy bien razonado, aunque difícil de asimilar en un principio.

  5. roberto vargas Dijo:

    … La historia nos ha demostrado que la religion no tiene nada que ver con Dios al igual que la politica no tiene nada que ver con la ideologia ni el ser seguidor de un equipo de futbol tiene que ver con el deporte en general… Para mi en este momento la religión es una estafa, cualquiera que sea la denominación. Podemos y debemos vivir sin ella de lo contrario no alcanzaremos la perfección como seres humanos. La expansión cristiana en Europa fue por guerra (los romanos en plan de conquista), la expansion cristiana en America fue por genocidio de la cultura indígena. La vida me ha enseñado a desechar muchas creeencias en lo político, religioso y deportivo. Ahora me siento más libre sin dogmas. NOTA DEL EDITOR: no se ha desecho de creencias, las sigue teniendo, su dogma es no tener dogmas, lo que no es lógico.

  6. Juan Dijo:

    me gusta lo que este señor roberto dice la religion es una estafa solo bine por los interes personales de algunos uno debe creer en lo que piensa y mantenerlo hasta encontrar la razon porque sino fueramos unos titeres manipulados por los demas. NOTA DEL EDITOR: gracias por el comentario; la disyunitiva que plantea es desafortunada, la de quién nos manipula por intereses personales. Hay otras formas de entender el tema, que fue el de las guerras religiosas y no otro.





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