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Homo Economicus: Definición
Leonardo Girondella Mora
25 agosto 2008
Sección: ECONOMIA, Sección: Análisis, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en:


La frase homo economicus expresa una forma de ver el comportamiento del ser humano —una persona racional, capaz de decidir y actuar, con conocimiento que persigue lograr beneficios personales siguiendo principios de menor esfuerzo y mayor logro.

Es uno de los supuestos de uso en las ciencias, muy especialmente la Economía.

Tal vez el principal rasgo supuesto en el comportamiento del homo economicus sea la racionalidad —que suele ser entendida como la posibilidad de calcular y elegir la decisión correcta en términos de trabajo-logro bajo las circunstancias del caso: mínimo costo y máximo resultado.

En pocas palabras esa es la definición de homo economicus y es terriblemente vaga para ser de utilidad si quiere ser tomada como una definición integral del ser humano —no se trata más que de un supuesto simplificado intencional que se usa en cálculos de utilidad y rendimiento.

Muy pocos de los que usan el supuesto pueden negar la realidad de una conducta humana compleja que usa razonamientos imperfectos y se ve alterada por factores ambientales y emocionales.

La vaguedad de la definición ha sido resuelta por muchos con detalles específicos que definen al homo economicus extremo como alguien que realmente existe —casi un robot con un poder racional inmenso que sólo piensa en su propio interés, tiene conocimientos ilimitados y carece de conciencia moral.

Si bien una definición de este tipo no deja de tener uso científico, es también en extremo fácil de criticar… o servir de referencia para personajes como Spock .

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Este es el primer punto que quiero señalar —un supuesto científico que presupone una cierta manera de conducta humana se presta admirablemente a ser criticado: siempre es incompleto y parcial. Sería igualmente criticable el supuesto humano de una ciencia dedicada al estudio de los huesos humanos.

Es obvio que el ser humano es más que los huesos que estudia la Osteología. Criticar al homo oseum por irreal sería absurdo.

Claramente el ser humano es más complejo de lo que supone la definición extrema del homo economicus —y sin embargo, la idea de entender al ser humano como alguien racional, capaz de decidir y actuar, con conocimiento que persigue lograr beneficios personales siguiendo principios de menor esfuerzo y mayor logro, no deja de tener un tono optimista y prometedor si se analiza con mayor cuidado.

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Entro aquí al segundo punto que quiero tratar —es frecuente encontrar que las críticas del supuesto del homo economicus están más alimentadas por el ánimo de criticar al liberalismo económico que al supuesto en sí mismo.

Se afirma que el liberalismo y el capitalismo están basados en un supuesto falso, el del hombre frío y calculador al que no interesa nada más que su interés propio, y precisamente por eso el liberalismo y el capitalismo deben ser condenados.

No creo que haya que ir tan de prisa y asignar una condena tan superficial.

Es frecuente, por consiguiente, que un opositor del liberalismo argumente que esa escuela económica es nefasta porque ella adopta un modelo de conducta humana que presupone racionalidad y egoísmo extremos; y se sabe que los humanos son imperfectos y que el egoísmo daña a los demás.

No es para tanto. Se trata de una reacción exagerada.

Desear que los humanos tengan una conducta racional no es algo exclusivo del liberalismo, ni del capitalismo —supongo que esa ambición sea universal y venga desde los inicios de la filosofía, muchos decenas de siglos antes que Adam Smith, David Ricardo y los demás acusados de crear al homo economicus.

Lo que ellos intentaron, no es en realidad diferente a lo que hicieron Sócrates, Aristóteles, Cicerón, San Agustín, Santo Tomás, Copérnico, Newton y otros: querer ser racionales en nuestra comprensión del mundo.

Si, por ejemplo, necesita calcularse la distancia que algún cometa viaja en cierto tiempo, o la distancia entre la tierra y el sol, es innegable que tendremos que hacerlo de manera racional, con los cálculos y conceptos adecuados.

No veo por qué es odiosa la misma ambición de ser racional en el resto de la conducta humana, sea o no la económica —¿tendría que ignorarse la conveniencia de calcular el valor presente de una inversión porque eso supone un abominable homo economicus?

Criticar sin cuidado al homo economicus puede llevar a errores como el anterior —es decir, la involuntaria justificación de acciones opuestas al bienestar.

El crítico descuidado del homo economicus corre el riesgo de defender una visión muy pesimista del ser humano queriendo implicar que el uso de su razón es despreciable.

Desde luego, el ser humano comete errores de razonamiento y no es un emisor de razonamientos perfectos.

Suele ser señalado lo reprobable que es la meta del homo economicus —intentar hacer lo mayor posible sus logros se ve como negativo, es decir, querer vivir mejor es considerada una meta ilegítima.

Si se rechaza la idea de querer hacer más con menos, las consecuencias serán colosales: se aceptará que la pobreza es deseable y digna de mantener.

Estoy diciendo que una crítica sin sentido del homo economicus puede tener efectos desastrosos, como el rechazo al ahorro, la inversión, el desperdicio de recursos y la destrucción de capital.

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Quizá el centro de la crítica al supuesto del homo economicus es su frialdad calculadora, su egoísmo extremo y su carencia de consideraciones morales —tres rasgos del homo economicus que han servido para caricaturizarlo como un ser gélido que sólo quiere elevar las utilidades personales sin siquiera pensar en lo que eso puede lastimar a otros.

Desde luego, un ser así resultaría justificadamente despreciable y odioso.

Señalar esto no tiene mérito alguno, como odiar a Scrooge.

La realidad, sin embargo, es más intrincada que esa caricatura simplificada.

La frialdad calculadora es una expresión un tanto emocional y que contiene realmente un elemento prometedor —permite entender que el ser humano tiene habilidades para saber cuáles decisiones le son más convenientes.

Cierto, puede errar, pero es muy reconfortante suponer que la libertad humana tiene un sentido que es dado por la capacidad de poder determinar qué es lo que debe hacerse.

Si quien critica el supuesto del homo economicus se refiere a que se yerra pensando en la incapacidad de cometer errores, esa crítica tiene toda la razón.

Pero si ella se refiere a querer anular la meta de buscar la mejor decisión posible, niega un rasgo muy humano y legítimo. ¿Por qué otra cosa podría guiarse la acción humana, si no es por intentar encontrar las mejores decisiones?

El segundo rasgo, el del egoísmo extremo asignado al homo economicus tiene mayores posibilidades de análisis que las que suponen sus críticos —por lo general piensan que un beneficio logrado por alguien necesariamente supone un daño causado a otro: suponen que los tratos entre humanos tienen suma cero.

Están equivocados, sí existen tratos de suma cero, pero también los hay de suma positiva, en la que todos ganan.

Pero además, cometen otro error —creen los críticos superficiales del homo economicus que los beneficios deseados por este ser son exclusivamente materiales y capaces de ser expresados en dinero. No necesariamente.

Es posible, por supuesto, que eso suceda y que una persona calcule beneficios financieros de las inversiones que ha realizado, pero nada hay que indique que eso sea todo lo que puede hacerse. Existen metas personales que no son materiales y que no pueden expresarse en dinero solamente.

Una persona, movida por los más admirables propósitos, que funda una institución caritativa que regala juguetes de Navidad a niños pobres, tenderá a actuar con los mismos principios de elevar los resultados y reducir sus costos —no comprará juguetes al proveedor más caro.

Lo mismo hará el propietario de un restaurante. Ambos quieren tomar la mejor decisión posible para el logro de sus objetivos.

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El tercero de los rasgos asignados al homo economicus es la ausencia de toda consideración moral —los críticos tienen razón en señalarla: efectivamente el supuesto del homo economicus no incluye aspectos éticos en el comportamiento, como tampoco los integra la Osteología.

La Economía cometería un error al integrar consideraciones morales, lo que no significa que sea una ciencia que promueve la inmoralidad, simplemente no se mueve en esos terrenos que son prescriptivos. Lo que sería un error es lo opuesto, como la Psicología que ha incursionado en campos morales que no le pertenecen.

Una visión económica del comportamiento humano, sin cuestiones morales, de hecho es útil —ayuda, por ejemplo, a comprender que las decisiones de un ladrón, de un empresario, o un misionero tienen principios que son iguales y que suponen el uso de la razón para buscar las mejores metas posibles a los objetivos buscados.

Un ladrón puede ser tan racional como el administrador de un hospital para pobres, al igual que un terrorista usa los mismos principios químicos que un investigador de medicinas contra el cáncer.

Para un crítico superficial del homo economicus resultaría incomprensible que ese mismo homo economicus decidiera dedicar parte de su tiempo a labores comunitarias que no le representan ingreso —alegaría que no resultaría racional el que realice tales tareas.

El crítico tendría razón solamente si ese homo economicus no considerara que realizarlas le representa un ingreso.

Alguien que realiza labores comunitarias sin recibir paga puede hacerlo por mil posibles razones —puede pensar que así conocerá personas con las que posteriormente puede hacer negocios, que eso le dará renombre y fama en la sociedad, que así cumple con los mandatos de su religión, que eso le agrada a su esposa… y una combinación de muchas de ellas.

Sería perfectamente racional realizar esas tareas que le reditúan beneficios, aunque ellos no se expresen en dinero.

Una buena muestra del mal análisis que presentan quienes comentan sobre el homo economicus es la de un texto que se pregunta lo siguiente:

… si lo único importante es maximizar mis opciones, entonces podríamos preguntarnos si, contando con una adecuada ratio entre coste y beneficio, no resultaría provechoso engañar a la propia esposa, robar a los proveedores y clientes, o optar por la mentira en la oficina y por el fraude fiscal. Cuando el único criterio de valor es el aumento imparable de “profits”, entonces ¿la misma racionalidad de un sistema maximizador basado en el egoismo, no nos llevará necesariamente a preferir el engaño si es útil para mejorar la cuenta de resultados?

Por supuesto que sí existirán esas posibilidades—ése es el drama de la existencia humana, el de las decisiones que se toman y la posibilidad de realizar acciones indebidas.

Pero afirmar que el supuesto del homo economicus promueve el cometer fraudes y robos no tiene justificación sólida —suponer racionalidad y búsqueda de logros personales creyendo que eso puede suponer la justificación de engañar a la esposa es un non sequitur gigantesco.

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En resumen, lo que he querido hacer es ofrecer una clarificación del concepto de homo economicus —un supuesto muy simple y no básico en Economía, que ha recibido una atención desmedida cuando fue distorsionado creyendo que se trata de una visión integral del ser humano.

Desde luego, no lo es.

En esa clarificación del concepto, sin embargo, defendí algunas de sus implicaciones —como la racionalidad en la búsqueda de las mejores decisiones personales. Y establecí que las mejores decisiones, en opinión de alguna persona concreta, no necesariamente requieren dañar a terceros ni significar violaciones a principios morales.

Tomar al supuesto del homo economicus, llevarlo a su extremo, y luego proceder a criticarlo creyendo que eso significa un ataque definitivo contra el liberalismo o el capitalismo es demasiado ambicioso y una falacia.

El homo economicus no es siquiera una pequeña columna que sostenga parte alguna del liberalismo —da la impresión que es un concepto que ha dejado de tener utilidad y desaparecido sin mayor consecuencia.

Nota del Editor

Escuché una vez a alguien decir que la hipótesis liberal del homo economicus es mucho más optimista que la hipótesis socialista del homo imbecilis que no puede valerse por sí mismo y tiene que depender del gobierno.


ContraPeso.info es un proveedor de información e ideas que buscan explicar la razón de ser de sucesos económicos, políticos y sociales. 



6 Comentarios en “Homo Economicus: Definición”
  1. Leandro Dijo:

    Realmente no me das, siquiera ganas de responderte, tenes el cerebro del tamaño de una aceituna y los ojos vendados y sumidos en la mayor de las cegueras idiotizantes. NOTA DEL EDITOR: muy bien, ahora faltan las argumentaciones analíticas en contra de las que tiene la columna.

  2. enrique Dijo:

    me parece muy acertado su tema acerca del homo economics

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