Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Incapacidad del Gobernante
Eduardo García Gaspar
10 abril 2008
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Los gobernantes son hombres públicos, cuyas faltas y defectos están a la vista de todos, especialmente en sistemas liberales. Suelen ellos dar un panorama triste, de incapacidades y también de deshonestidad. Nunca nadie como ellos ha generado tantas expectativas y producido tantas desilusiones.

El panorama de la clase política actual en México confirma lo anterior. Tome usted, por ejemplo, lo sucedido con el nuevo secretario de gobernación, Camilo Mouriño: un nombramiento irresponsable por las sospechas que ha generado y que debilitan al ejecutivo. Miopía grande, igual que el manejo de los diagnósticos de Pemex y la falta de previsión y anticipación de reacciones opuestas. Si una de las mayores habilidades de los gobernantes debe ser el uso de las palabras, el ejecutivo mexicano tiene un defecto mayor.

El PRD adolece de ese mismo defecto general en una proporción seguramente mayor. Sus elecciones internas han sido como una recreación de los peores hábitos de tiempos pasados. Si una de las mayores habilidades de los gobernantes debe ser el buen manejo de conflictos, este partido ha demostrado un defecto grande.

El PRI no es la excepción a esa falta de calidad de los gobernantes. Su postura general, parece muy claro, es la del beneficio propio definido como la obtención de más poder: con todos juega, a todos anima, en espera de un cobro de favores. Si una de las mayores cualidades de los gobernantes debe ser el considerar el bien de los ciudadanos, el PRI padece una carencia enorme.

Ligado al PRD, pero en una posición que merece un lugar separado, está su ex candidato a la presidencia: desligado del conflicto de su partido dedica todas sus energías a hacer imposible las negociaciones políticas que son cruciales para una democracia. Ocupa él un lugar principal entre otros personajes públicos miopes que manejan irresponsablemente su influencia, como en Jalisco y Nuevo León.

En este panorama pueden darse un par de reacciones entre los ciudadanos como usted o como yo. Un grupo de ciudadanos optará por las reacciones emocionales de los sucesos diarios y, afectado por sus amores y odios, se enfrascará en discusiones que no llevan a nada. Terminará desesperado. En este grupo están los defensores a ultranza de algún partido o personaje, pero también los enemigos acérrimos de otro partido y otro personaje.

Me refiero a que en ese grupo están los incondicionales de López Obrador, pero también los de Calderón. Están los que defienden al PAN y odian al PRD, pero también los que aman al PRD y detestan al PAN. Más otros muchos que se dejan llevar por pasiones partidistas. Creo que este grupo está equivocado y alimenta el desandar de la democracia mexicana.

El otro grupo, me parece, tiene una reacción más prometedora. La gente de este grupo cree que el problema es aún mayor y que es una enorme falta de calidad en los gobernantes: no tienen las capacidades ni las virtudes para hacer un buen papel, ni siquiera uno satisfactorio.

Por la razón que sea, y con independencia de favoritismos partidistas y preferencias ideológicas, los gobernantes mexicanos no tienen el estándar deseable mínimo para desempeñar los puestos a los que han llegado. Si lo tuvieran, por ejemplo, la discusión sobre la reforma energética se hubiera llevado racionalmente. Hubiera sido dura, difícil, áspera, pero civilizada.

Creo que la situación política mexicana en la actualidad no es una en la que, como en otros o países, se confrontan diversas posiciones políticas liberales y socialistas, progresistas y conservadoras. El problema mexicano es mayor a ése y se resume en tener gobernantes incapaces de desempeñar sus funciones. No es que sean tontos.  Es que sólo tienen sagacidad, y mucha, para buscar el poder al costo que sea, incluyendo la falta de desarrollo del país.

Fue Henry Kissinger quien definió al poder como el mayor de todos los afrodisiacos. Puede también verse al poder como la más adictiva de las drogas. De cierta forma es posible ver esto en los políticos en general, una cualidad que sin restricciones llega hasta el extremo de hacerlos incapaces de ejercer sus funciones.

Post Scriptum

J. M. Luis Mora, el liberal mexicano del siglo 19, propuso que los gobernantes pueden ser enjuiciados por dos razones: la falta de capacidad y la deshonestidad, que merecen dos tratamientos separados. Lo que aquí apunto es que la incapacidad puede tener un origen, la adicción a poder.

ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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