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Innovación y prosperidad
Selección de ContraPeso.info
1 mayo 2008
Sección: ECONOMIA, Sección: AmaYi
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La idea es común. Muchos consideran inconveniente la adopción de nuevas tecnologías creyendo que ellas producen la pérdida de empleos. Peor aún, existen propuestas que llaman al retroceso tecnológico para usar máquinas desechadas, que requieren más mano de obra, para lograr de esa manera un mayor número de empleos. Say razona sobre esto y llega a otra conclusión, la opuesta.

Si las cosas que examinan bien, resulta que nadie está más interesado que el mismo trabajador en la adopción de métodos de producción que ahorren mano de obra. Es paradójico en apariencia solamente. Hay cosas que no se ven con facilidad en la economía y Say tiene el mérito de hacernos ver con sentido común una de ellas, distinguiendo entre los efectos cortos y largos de las innovaciones.

La idea de esta carta fue encontrada en Say, Jean Baptiste (2001). TRATADO DE ECONOMÍA POLÍTICA [1841]. México. Fondo de Cultura Económica, capítulo VII, Del trabajo del hombre, del trabajo de la naturaleza y del de las máquinas, pp. 72-77. La obra es una de las lecturas obligadas en Economía.

Say inicia el capitulo con una definición de trabajo, como una acción continua que realiza una de las operaciones de producción, o una parte de esas operaciones.

Puede ser realizado por un hombre, por una máquina, por la naturaleza. Y es productivo por estar dirigido a crear un bien.

Es así que son productivos los trabajos de un sabio que escribe, de un empresario, de un peón, de un jornalero. Son esfuerzos que se realizan con un fin y que reciben una compensación.

Claro que el esfuerzo realizado podría dedicarse a asaltar personas, lo que no es producción sino traslación de riqueza.

En la producción el hombre utiliza elementos naturales y productos creados por él mismo. Entre estos elementos están las herramientas y las máquinas, parte del capital, y que son métodos creados para sacar ventaja de las fuerzas naturales.

Say da un ejemplo concreto: la máquina de vapor, que usando el agua y la presión, obtiene un resultado mejor. Las herramientas son máquinas simples. Las máquinas son herramientas más complejas. Ambas son medios para usar menos trabajo y obtener la misma utilidad; utilidad definida como “la facultad dada a las cosas de poder satisfacer una u otra” de las necesidades humanas.

Las máquinas, por tanto, permiten obtener mayor utilidad con un monto igual de trabajo humano. Y esto es lo que permite al autor tratar ahora las mejoras en las máquinas diciendo que introducir nuevas máquinas es un proceso que siempre tiene problemas.

Quienes están interesados en mantener el sistema anterior se opondrán a la adopción de las nuevas máquinas.

La causa de la oposición es el reemplazo del trabajo humano. La nueva máquina sustituye a quienes están usando el sistema anterior y ellos se encontrarán sin trabajo por un tiempo. No sorprende por tanto que las innovaciones hayan sido combatidas con furor en algunas partes.

Say califica como “demencia” el rechazar los adelantos que terminan por beneficiar a todos de manera permanente por causa de inconvenientes causados en su inicio. Además, la realidad es más compleja:

• La adopción de las nuevas máquinas es un proceso lento, que da tiempo a las personas a adaptarse a las nuevas circunstancias y estar preparados con soluciones.

• La adopción de las nuevas máquinas implica la necesidad de otros trabajos que son oportunidades para quienes pueden perder sus trabajos. Say menciona el trabajo de cargadores de agua, sustituidos por máquinas hidráulicas, cuya instalación requiere de trabajos a realizar.

• El consumidor se ve beneficiado, es decir, la misma clase obrera mejora su situación por el menor precio de los bienes.

El autor reitera su punto: es vano que se pretenda prohibir una innovación por un mal pasajero que ocasiona.

Si la máquina de hilar hubiera sido prohibida en algún país para proteger a los trabajadores que usan la rueca, ese país hubiera dejado de producir telas porque las del extranjero habrían desplazado a las nacionales. Y el desempleo habría sido mayor.

Si en el corto plazo hay inconvenientes, en el largo plazo todo es ventajoso. Es evidente que se obtiene gran provecho usando mejor a las fuerzas naturales para trabajar en favor de la satisfacción de las personas.

Si los adelantos no reducen el precio del producto, el consumidor sigue igual, pero el productor tiene beneficios. Si el precio del bien baja, el consumidor tiene un beneficio sin que el productor sufra.

La mayor producción de bienes, casi siempre, reduce los precios. Y el uso de un bien se amplía, necesitando más empleos para producirlo en mayores cantidades para más consumidores.

El autor acude a un ejemplo, el de los libros en su sentido meramente económico. La imprenta dejó sin empleo a los copistas. Posiblemente un impresor terminó con el trabajo de 200 copistas. Y el bajo precio de los libros, la mayor cantidad de ellos, el mayor número de escritores, todo eso hizo que gracias a la imprenta más personas fueran empleadas en esa industria que los copistas que antes había.

Pero el principal beneficiario de los adelantos es de los consumidores, un grupo principal porque incluye a todos, trabajadores y el resto.

En una nota al pie de página, Say dice con respecto a esto:

“Puede parecer paradójico, pero no es menos cierto que la clase obrera es, de todas, la más interesada en el éxito de los procedimientos que ahorran mano de otra, porque es ella, la clase indigente, la que goza más del bajo costo de las mercancías y padece más de su alto precio”.

Es justo, además, que los inventores gocen de los beneficios de sus desarrollos durante unos años, aunque sus secretos no puedan guardarse durante mucho tiempo y además el interés personal mueve a nuevos descubrimientos.

Es la competencia la que tiene el efecto de reducir los precios y elevar la calidad.

Pero no sólo eso. Las nuevas máquinas tienen otro efecto, el de multiplicar productos en los que los nuevos sistemas nada tienen que ver. Los adelantos hacen posible que se libere trabajo para ser usado en otros menesteres.

Si no hubiera herramientas para el cultivo de la tierra, quizá todos tendrían que trabajar produciendo alimentos; pero gracias a esas herramientas, algunas personas dejan de trabajar en eso y dedicarse a producir otros bienes.

Con menos personas se produce lo mismo o más y hay más personas que pueden dedicarse a producir otros bienes, con lo que se eleva la riqueza.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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