Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Inversión Extranjera: Siglo 20
Eduardo García Gaspar
25 septiembre 2008
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Encontré datos curiosos que comparto con usted esperando que se conviertan en información. En 1996, el 28% de la inversión extranjera directa fue a países en desarrollo. ¿Cuál cree usted que sería ese porcentaje en 1913? Antes de leerlo, me hubiera imaginado que similar, pero no. La cifra de 1913 fue muy superior, de 63%.

Siguiendo con las inversiones en diferentes años, en 1997, el 5% del capital mundial estaba invertido en países con ingresos per cápita bajos (una quinta parte o menos del per cápita estadounidense). ¿Cuál era esa misma cifra en 1913? Sabiendo lo anterior, ya podía imaginarme que era una proporción mayor. La cifra fue 25%.

Los datos anteriores son congruentes entre sí y cuentan una historia que es similar: las inversiones extranjeras a principios del siglo 20, antes de la I Guerra Mundial, en países de bajos ingresos eran proporcionalmente mayores a las inversiones extranjeras a finales del mismo siglo. Era un mundo muy diferente.

Había menos países. En 1946 existían 74 países independientes y en 1995, había 192, número igual al de estados miembros de la ONU ahora mismo. Después de la I Guerra, más o menos una cuarta parte del mundo era parte del Imperio Británico y sólo había 59 naciones independientes. El History Channel habla de 195 países ahora. Sin duda fue un siglo de enormes cambios.

Pero volvamos a los dos datos anteriores, los de mayor inversión extranjera a principios del siglo 20 que a finales en países de bajos ingresos.

Si le hago caso a mi sentido común, puedo quizá entender que ahora hay más países en competencia por una menor proporción de inversión extranjera. Pero debo explicar por qué esa proporción es menor y para ello acudo a la obvia consideración de riesgos: los inversionistas intentan evitar riesgos y por eso quizá pueda entenderse que a principios de siglo había menos riesgos en países subdesarrollados que a finales.

Pero si intento explicar la causa por la que podía haber menor riesgos en, por ejemplo, la India a principios del siglo que a finales, o en otros países similares, tengo que recurrir al otro dato, el del Imperio Británico: posiblemente se veían menos riesgos en países en los que existía un cierto orden, un estado de derecho que garantizaba las inversiones razonablemente.

Lo anterior no es, por favor, una defensa del imperialismo de siglos anteriores, pero sí es una curiosa manera de ver la realidad de una de las ideas de Adam Smith con respecto a los inversionistas. En lo general, el inversionista prefiere tener sus inversiones cerca de él, en ambientes que conoce, pero puede aceptar otros ambientes si las perspectivas de utilidad justifican acudir a ambientes desconocidos.

Quizá en 1913 los países subdesarrollados eran menos desconocidos que en tiempos más recientes. Se percibían menos riegos en ellos antes que ahora. La idea es interesante, tiene sentido y los datos son congruentes con la naturaleza de la conducta de los inversionistas. La lección es, pues, la misma que se ha señalado en otras partes: para crecer económicamente es necesario lograr un medio ambiente propicio a la inversión nacional y extranjera.

¿Qué hacer? Lo sabemos de sobra. Tener una nación en la que sean respetados los derechos de propiedad, exista libertad, se aplique la ley, exista un mínimo de corrupción, se tengan impuestos bajos y lo demás que todos conocen. Es la receta para atraer inversión, porque sin ella no es posible crecer ni elevar ingresos.

Si antes eso lo pudo producir el imperialismo en algunas partes, no se trata de tener ahora de nueva cuenta otra ola de imperialismo. Pero sí se trata de que los gobiernos de las naciones independientes se comporten de tal manera que se logre en sus países eso que el imperialismo, especialmente el británico, llevó a sus colonias: bajos riesgos de inversión.

Insisto en que no se trata de una defensa del imperialismo, sino de aprender una lección de economía teórica y de historia, por no decir que de simple sentido común. Las inversiones, es decir, la creación y aumento de capital, es una condición indispensable para el crecimiento económico y ella se facilita en los lugares en los que existan condiciones de estabilidad, legalidad y libertad. Lo que eso impide es causa de pobreza.

Post Scriptum

Los datos y la idea general vienen de la obra de Fergusson, Niall (2004). EMPIRE: HOW BRITAIN MADE THE MODERN WORLD. Penguin Books. Las ideas de Adam Smith al respecto están resumidas en Hacer El Bien Sin Quererlo.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



No hay comentarios en “Inversión Extranjera: Siglo 20”
  1. juan david Dijo:

    es una buena información la que tienen en esta pagina

    !GRACIAS¡





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