Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Justicia Social y Crimen
Leonardo Girondella Mora
3 septiembre 2008
Sección: CRIMEN, Sección: Asuntos
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Quiero rescatar del archivo un recorte de periódico del 13 de agosto de este año —la columna titulada Pena de Muerte, del editorialista Catón (Grupo Reforma). En esos momentos, se hablaba de la pena capital como una posibilidad ante la escalada de la violencia en México. Dice el columnista:

Otra vez se escuchan voces que piden la instauración en México de la pena de muerte. La violencia que los delincuentes han desatado contra la sociedad, la desmesura de algunos de sus crímenes… explican esa petición, que surge de una sociedad al mismo tiempo indignada y llena de temor.

Estas palabras explican bien el ánimo de muchos mexicanos ante continuos reportes de crímenes, especialmente secuestros. No tengo más que añadir al respecto. Pero sí hay algo digno de mencionar en las siguientes opiniones del columnista. En primer lugar está su afirmación sobre la pena capital:

…hay que decir que la pena de muerte no arreglaría nada, antes bien aumentaría el ambiente de violencia en que hoy vivimos. En ningún país del mundo la pena de muerte ha servido para frenar la criminalidad…

Esto es falso. Sí hay evidencias de que la pena de muerte tiene éxito previniendo futuros crímenes graves. Yo le ofrezco las evidencias en un reporte y que no repito por brevedad, pero que están disponibles. La afirmación del columnista es una repetición de una idea sin fundamento. Lo que Catón añade a lo anterior como argumento de que no debe aplicarse en México la pena de muerte, en cambio, sí tiene fundamento —el sistema de aplicación de justicia en el país es tan malo que podrían cometerse faltas irreparables:

Menos aún serviría en un país como México, donde la función judicial está sujeta a tantas eventualidades -entre otras las que derivan de la corrupción-, y donde el imperio de la ley es cosa relativa.

Tiene toda la razón —y aunque no lo señala abiertamente, esto da pie a una solución a la criminalidad en México, una que no se base en la dureza de las penas, sino en la certidumbre de ser capturado y procesado. Pero a esa solución no se inclina el columnista, sino a otra y que es la siguiente:

Pensemos más en la justicia social que en la penalidad. Mientras México no sea un país justo la violencia seguirá siendo amenaza continua para los ciudadanos.

La recomendación del columnista para disminuir la violencia es entonces muy clara —pertenece a una manera de pensar que toma a la pobreza como causa de la criminalidad, la misma en la que ha insistido López Obrador: la criminalidad tiene su remedio de fondo en la elevación del ingreso de las personas. En este caso, el columnista lo llama justicia social, expresión que interpreto como una situación de pobreza. Para demostrar que tal hipótesis es correcta tendría que hacerse la siguiente serie de precisiones:

• Ya que la criminalidad es un fenómeno de años recientes y no anteriores, tendría que aceptarse que en las décadas de los años 70 y anteriores, México era un país sin un problema de pobreza —y que ella ha aumentado desde esas fechas.

• También, tendría que aceptarse que los delitos graves son cometidos por personas en situación de pobreza y no por personas con ingresos satisfactorios —más aún tendría que verse un incremento de robos por hambre o similares, no de secuestros ni asaltos en serie cometidos por bandas organizadas con ese objetivo.

• Tendría que aceptarse que en general, las naciones más pobres serían las que más índices de criminalidad tendrían y viceversa —en los países más ricos el crimen sería en extremo bajo.

• Tendría que ignorarse el narcotráfico, pues produce ingresos millonarios que no podrían ser explicados por pobreza.

• Tendría que negarse el efecto de los castigos penales para frenar el crimen —cualquier delincuente, de cualquier estrato social tendría una disculpa, la de una situación personal injusta y que le serviría de causa justificada para alterar el bienestar de terceros.

• Tendría que relajarse mucho el código moral y legal, para dar cabida a una atentuante sustentada en el estado de la “justicia” que exista en el país —lo que sea que eso puede significar.

Al señalar lo anterior, todo lo que persigo es mostrar frases hechas, repetidas sin cansancio, que tienen muy escaso contenido —son opiniones que sin argumentos pasan por ser creídas y tomadas por ciertas, cuando en verdad tienen sustentos muy débiles.

Addendum


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