Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Justificación Totalitaria
Leonardo Girondella Mora
3 junio 2008
Sección: DERECHOS, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


El libro al que quiero hacer referencia se titula La Empresa Humana Perdura —es una edición, un tanto informal y casera, que contiene la transcripción literal de tres conferencias que dio el padre Samuel Rouvillois, dentro de un coloquio que fue realizado por la Parroquia Francesa en la Ciudad de México en marzo de 2007.

Mientras que me agradan sobremanera las intenciones del sacerdote, debo decir que sus ideas se encuentran, muchas de ellas, en total oposición a las mías —sanos desacuerdos sin los que la existencia sería aburrida.

A una de esas ideas, muy concretas quiero referirme —la que está contenida no en sus conferencias, sino en una de las respuestas que dio a la pregunta de un asistente.

Las palabras de Rouvillois

Dijo textualmente que,

Si el derecho… estuviese realmente fundado en el derecho natural, debería obligar al accionista, a partir de cierta tasa de rentabilidad de su acción, a no seguir ganando dividendos; de la misma manera debería obligar al poseedor de una riqueza en términos de capital o en términos monetarios a no disponer libremente de su capital cuando rebase cierto valor.

Dijo también que,

… si hace 10 años invertí mil pesos y hoy esto me da un millón de pesos, me costaría trabajo considerar que tengo derecho a utilizar ese millón como si me perteneciese íntegramente. Legalmente tengo el derecho, pero no me cabe en mente que humanamente hablando, que lo puede usar nada más para mí. Sería bueno tener un cuadro que me indicara cuál es la parte del dinero que puedo tomar para mi bolsillo, cuál pertenece a mi familia y cuál a los demás, no a cuáles otros se lo voy a dar por caridad, sino a cuáles otros pertenece por derecho.

La idea central de Rouvillois

Los dos párrafos contienen una misma idea —debe existir, por derecho natural, una limitación a la riqueza que la persona produce y por ello, posee. La idea podría aplicarse por medio del establecimiento de una tasa determinada, por encima de la cual lo ganado por la persona ya no es suyo, sino de otros por derecho y ley.

Más concretamente, debería existir un cuadro que con diversas casillas contuviera una serie de número con cifras que limitaran los ingresos a los que tienen derecho las personas y cuyo excedente debe ser entregado a otros como obligación legal.

Varias posibles críticas

La propuesta de un límite a los ingresos, contenida en la idea explicada brevemente por su autor, puede ser criticada en varios planos:

• Tiene un problema de simetría ya que deja de considerar las pérdidas del accionista —si se propone poner un techo a sus ingresos resultaría lógico que eso también se hiciera con sus pérdidas, lo que revelaría un problema no previsto: quién aceptaría pagar las pérdidas que rebasen ese límite de pérdidas.

• Tiene un problema de tiempos, a los que deja de considerar en los ingresos —¿cuál sería el plazo de los dividendos permitidos, un año, dos, más? El problema es serio, ya que de no resolverse alteraría el problema del ahorro para necesidades futuras, cuando ya no se tienen ingresos personales, o peor aún, cuando esos dividendos son usados para nuevas aperturas de empresas.

• Tiene un problema de incentivos —cuando se pone un techo a la posibilidad de un ingreso, los riesgos aceptados serán menores y por tanto disminuirían las acciones destinadas a la creación de nuevas tecnologías cuyas inversiones son más riesgosas.

• Conectado con lo anterior, también tiene un problema de falta de consideración de riesgos —mayores riesgos merecen mayores ingresos, al igual que mayores plazos. Si la tasa de beneficio se normaliza con ciertos topes máximos, los mayores riegos serán evitados y tenderá a existir una menor actividad innovadora. También, los préstamos a países serían afectados dañando a los menos desarrollados, que son los más riesgosos en general.

• Tiene un problema de olvido —la autoridad actual ya hace eso que propone Rouvillois por medio de otra vía: el cobro de impuestos a las personas y que tiene el efecto de reducir el ingreso disponible de ellas. Lo que el autor hace es aún más extremo: propone no límites porcentuales, sino absolutos y que llevan a establecer la cantidad máxima que ese necesaria para vivir según algún criterio que no determina.

Pero la crítica mayor es otra

Las anteriores observaciones —y sin duda otras muchas más—, podrán hacerse a la propuesta de Rouvillois, pero quiero colocar mi énfasis en la que considero más grave: lo que el autor dice es una semilla que abre la puerta a la justificación teórica y moral de un sistema totalitario estático.

Debe recordarse lo que dijo,

Si el derecho… estuviese realmente fundado en el derecho natural, debería obligar al accionista, a partir de cierta tasa de rentabilidad de su acción, a no seguir ganando dividendos; de la misma manera debería obligar al poseedor de una riqueza en términos de capital o en términos monetarios a no disponer libremente de su capital cuando rebase cierto valor… Sería bueno tener un cuadro que me indicara cuál es la parte del dinero que puedo tomar para mi bolsillo, cuál pertenece a mi familia y cuál a los demás, no a cuáles otros se lo voy a dar por caridad, sino a cuáles otros pertenece por derecho.

La propuesta, por necesidad lógica, necesita que alguien determine esa tasa de rentabilidad por encima de la cual su dueño ya no puede disponer de su ingreso —o bien, ese cuadro que indique qué parte de los ingresos de una persona deben ir a otras. La respuesta de Rouvillois es clara, aunque está implícita: debe ser el gobierno quien determine esa tasa o ese cuadro, los vuelva ley y use la coerción para aplicarlos.

Se necesita un agente social con poder para determinar la vida de los ciudadanos. La propuesta, por tanto, es una justificación moral del totalitarismo: buscando el beneficio de unos, a todos se anula su libertad personal y se alteran mecanismos espontáneos de acción humana, lo que producirá efectos colaterales indeseables. Uno de ellos es particularmente odioso: la anulación de la posibilidad de mérito personal.

Lo que el autor dice es que la autoridad debe aplicar la coerción y, por derecho legal, quitar a unos para dar a otros en la proporción que esa misma autoridad establezca —lo que no sólo anula el mérito de la caridad libremente decidida, sino que también otorga un poder extremo al gobierno que necesariamente terminará en abusos, cohechos, corrupción y clientelismo.

En resumen

La idea de Rouvillois, sin duda, es otro caso que combina dos elementos que en conjunto son letales —por un lado, le mueven las más admirables de las intenciones, pero al mismo tiempo su propuesta es una justificación moral de un poder político con poder excedido —el enemigo que tanto temían Montesquieu y muchos otros.

Post Scriptum

¿Quién es Samuel Rouvillois? Una página de la OCDE contiene los datos siguientes:

Philosopher, Catholic priest, member of the Club e-reflexion’s Scientific Council, Samuel Rouvillois was named one of the world’s 100 Global Leaders for Tomorrow at the 2001 Davos Economic Forum. Samuel Rouvillois joined the Congregation of the Brothers of Saint John in 1982, when he was 21 years old. He became priest in 1988. Samuel Rouvillois holds a Phd in Philosophy from the University Sorbonne Paris I (Corps et Sagesse , published by the Éditions Fayard, 1995), and a Masters in Theology from the Catholic University of Lyon.

Since 2001, as Dean of Philosophy in the “École Saint Jean” in Saint Jodard (Congregation of Saint John’s Training Center), he has been in charge of training priests. An expert at the “Centre des jeunes dirigeants” (CDJ – Center for Young Leaders), and at the “Association pour la fondation de service politique” (AFSP – Association for the creation of political service), he lectures at the “Association progrès du management” (APM – Association for the Progress of Management), the Aspen Institute France and the MEDEF Summer University.

Samuel Rouvillois helps executives of many companies, such as PSA Group, PPR, Aérospatiale, Cofinoga, Leroy Merlin, Vinci, Lafarge, Total, Michelin or Sodexho, to think about the place of man, and especially young people, in the business world. Samuel Rouvillois takes part in the Club e-reflexion’s reflection on an economy with a human purpose. He is the author and co-author of many articles and publications (Vers un nouvel âge, Ed. Fayard, 1993, Corps et Sagesse, Ed. Fayard, 1995, Le travail à visage humain , in collaboration). He is a member of the magazine Aletheia’s Editorial Committee.


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