Identificador de tema. Educación: falacias.

Falacia ad homimen. ¿Qué es, cómo funciona, de qué sirve? Bien puede puede recibir el nombre de la falacia del insulto, pero su nombre correcto es falacia ad hominem.

Introducción: un ejemplo muy claro

Una muestra de la falacia ad hominem ayudará mucho a entenderla.

El 19 de agosto de 2008, en Pravda, después de la invasión rusa a Georgia, se publicó lo siguiente sobre Condoleeza Rice, secretaria de estado en EEUU:

«… ¿puede alguien pensar en una figura menos calificada para el puesto? empezando con la cara (formada en un gesto constante, con una cicatriz por boca, los labios fruncidos con desprecio, ojos de cerdo mirando como si algo amenazante se encontrara detrás de ellos) continuando con el lenguaje corporal (postura agresiva, marimacha, posición defensiva, como si estuviera escondiendo algo o defendiéndose) …»

El texto sigue con aseveraciones del mismo tipo:

«… esta incompetente bocagrande, maleducada, que comercia mierda, toma un lado, ignora al otro y luego habla desde una plataforma más santa que tú, como si estuviera en una conferencia … Eres una mentirosa, una actriz aspirante barata, superficial, fallida, en el ámbito diplomático …»

El texto es un buen ejemplo de una de las falacias más conocidas —la llamada argumentum ad hominem. La que se dirige a la persona con la intención de desacreditarla con insultos y acusaciones que se alejan de los argumentos que esa persona ha usado.

Puede ser o no que la persona merezca los calificativos, pero eso no retira la posibilidad de que ella haya razonado correctamente y expuesto conclusiones sólidas.

Definición falacia ad hominem

La falacia ad hominem tiene su base en el desvío de la discusión a terrenos distintos al tema en discusión. A los terrenos de las cualidades personales que no tienen relación con el tema y la argumentación.

Es falacia en cuanto al desvío del tema con argumentos que no tienen relación con él. Los calificativos con que se describe a la persona son independientes de las argumentaciones que ella hace.

La falacia es común en la política, cuando campañas electorales enteras se basan en ataques y defensas de los candidatos y sus personas.

Si uno de ellos propone una reforma fiscal, esa propuesta puede ser atacada por su enemigo diciendo que «se trata de la propuesta de alguien que no conoce la pobreza, que toda su vida ha vivido en la opulencia y que no siente las necesidades del pueblo».

La falacia es muy notoria cuando la argumentación que hace una persona es explicada por otra como una consecuencia natural de su personalidad.

Como cuando la defensa que hace un banquero de la banca privada es explicada por otro diciendo que un banquero tendrá que hacer inevitablemente esa defensa.

El punto es que el banquero puede tener toda la razón en sus argumentaciones y que ellas sean una causa de su trabajo y no el trabajo una causa de sus opiniones.

En resumen, la siguiente es una buena definición:

«un tipo de falacia […] que consiste en dar por sentada la falsedad de una afirmación tomando como argumento quién es el emisor de esta». es.wikipedia.org

Aclarando el ad hominem

Otra aplicación es la del aprovechamiento de la posición conocida de una persona para sacar de ella una conclusión que es independiente. Para demostrar la falsedad del argumento del opositor se le insulta o descalifica, ignorando las razones que argumenta.

El ad hominem puede moverse en terrenos que son confusos cuando los datos personales sí son de relevancia en el examen de las argumentaciones que ella hace.

Por ejemplo, si una actriz propone que los banqueros internacionales perdonen la deuda externa de países pobres, resultará válido indagar sobre la educación y experiencia que la actriz tiene en el tema que ha tratado.

La mejor manera de tratar la falacia es usar una interpretación cautelosa.

En el caso de Pravda citado arriba, resulta obvio que el abuso del ad hominem invalida lo que dice el escritor: la que sea que fuese la posición de la secretaria de estado no recibió un examen y la argumentación del opositor desvió el tema a cosas tan irrelevantes como su impresión de la apariencia física de Rice.

Pero hay muchos casos en los que el conocimiento de la persona sí es de ayuda para comprender mejor sus argumentos y juicios.

Saber que la persona que presenta una cierta argumentación en contra de la pena de muerte es un sacerdote católico colabora a comprender su argumentación, pero no la explica en su totalidad, ni puede ser desechada sin más consideración.

El problema central de la falacia del ad hominem

La falla central de la falacia ad hominem consiste en ignorar los argumentos de la persona, para, por ejemplo, apoyar el matrimonio de personas del mismo sexo, y las características de la persona misma.

Si el opositor a ella se limita a decir que por ser homosexual es obvio que apoyará esos matrimonios e ignora el resto de las razones, cometerá este error.

La misma falla comete quien razona diciendo que las opiniones de un columnista se explican todas porque se trata de un neoliberal y con eso se satisface. La posición personal de un socialista, por ejemplo, no es razón suficiente para con ella desechar todo lo que afirma y razona.

Un socialista no necesariamente está equivocado en todo, ni es admisible rechazar todo lo que afirma sin más análisis.

El ad hominem es una práctica común en algunos de los sitios de Internet, en los que se registran discusiones de temas y que involucran un uso intensivo de palabras soeces como un sustituto del análisis.

Afirmar que «el autor debe ser un pinche pendejo mexicano y una mierda», como recibí un mensaje hace tiempo, indica un uso claro de la falacia

En la falacia del ad hominem no hay labores de razonamiento y examen, y la oposición al argumento se concentra en un insulto de amplio uso y escasa inteligencia.

La falla central de la falacia

Comprendida en su esencia, ella es un instrumento erróneo de argumentación que busca cancelar los argumentos de otro.

«La falacia Ad Hominem o Ataque Personal es una falacia que consiste en atacar a la persona que emite un argumento, desacreditándole para que los demás no lo tengan en consideración». retóricas.com

Se trata de un «”juego sucio” ya que no aporta razones válidas que sirvan para rebatir una posición o conclusión» (ibídem).

El esquema del ad hominem

  • La persona A hace una afirmación k y presenta sus argumentaciones.
  • La persona B dice que A es una persona que no es digna de crédito.
  • Por lo tanto, B concluye que la afirmación de A es falsa.

Por ejemplo:

  • La persona A dice que el combate a las drogas ha sido un error y presenta razones y evidencias.
  • La persona B responde diciendo que A consume drogas y, por eso, sus argumentos no deben ser atendidos.

Lo que B debe hacer lógicamente es enfocarse a los argumentos de A y aceptarlos o negarlos con otras evidencias y argumentaciones. Si A consume o no drogas es irrelevante a la discusión.

Conclusión

Esta falacia es una de las más frecuentes y exitosas, a la que muchos sucumben ignorando el centro de las discusiones.

Preguntas y respuestas

¿En qué consiste la falacia ad-hominem exactamente?

En dejar de poner atención en las argumentaciones usadas para defender una afirmación. Y poner la atención en rasgos negativos de la persona que hace esa afirmación.

Un ejemplo aclararía las cosas.

Un borracho dice que consumir alcohol en exceso es malo. El que sea borracho o no es irrelevante. Puede tener razón o no tenerla con independencia de si bebe o no.

¿Entonces la persona no importa sino solo sus argumentos?

Sí y no. La atención principal debe darse a sus argumentos siempre y con independencia de quién se trate. Sin embargo, el saber objetivamente quién es ella podrá ayudar a veces.

¿Cómo se responde a quien usa esa falacia?

Respóndale algo como,«Si ya terminó con los insultos, entonces podemos comenzar con mis evidencias y pruebas».

Más ejemplos de la falacia ad-hominem, por favor.

«Quieres que se decreten menos impuestos porque eso te beneficiaría». «Las ideas de Aristóteles son malas porque era un hombre blanco de hace muchos siglos». «No puedes opinar de fútbol porque eres mujer». «Usted ataca al gobierno porque es un neoliberal corrupto».


Y unas cosas más…

Conviene ver:

Otras falacias comunes:

Algunas falacias curiosas:

[Actualización última 2020-11]

Nota

El original en inglés de Pravda decía esto

can anyone think of a figure less qualified for the post? starting with the face (set in a constant snarl, with a scar for a mouth, lips pursed back in a sneer, piggy eyes looking as though something evil is lunging behind them), continuing with the body language (aggressive stance, butch, defensive posture as though she is hiding something or afraid)…

… this incompetent loud-mouthed, bad-mannered, bullshit-mongering bimbo takes one side, ignores the other and then speaks down from a holier-than-thou platform as if she were on a lecture dias… You are a liar, a cheap, shallow, failed, wannabe actress on the diplomatic stage…

Notas extras sobre la falacia ad hominem: el insulto como defensa

Por Eduardo García Gaspar

Es un severo vicio actual el defender los argumentos propios descalificando a la persona que argumenta en contra por quien ella es.

Pongo un ejemplo que viví recientemente. Estaba yo hablando de las ventajas del libre comercio con un grupo de personas y una de ellas quiso llevarme la contra mencionando que yo era «un burgués de clase media».

No tiene sentido lo que esa persona hizo.

Otro ejemplo reciente. Un político atacó lo publicado por un periódico en su contra, diciendo que lo allí reportado no era válido porque ese periódico era «conservador de derecha».

Es una estrategia que no tiene lógica, pero que abunda. Veámosla más de cerca.

Falacia ad hominem, su fondo

Una persona afirma algo, lo que sea, por ejemplo, que el control de rentas produce escasez de vivienda y, al mismo tiempo, explica eso con razonamientos y evidencias que prueban su tesis.

Otra persona que lo escucha dice que lo que ha dicho no es cierto porque la persona que lo dijo es un «neoliberal tecnócrata”, o algo por el estilo.

La falla que se comete es sencilla de detectar usando un ejemplo exagerado para ilustrar mejor el punto.

Alguien sostiene una opinión y la justifica con pruebas y razonamientos, por ejemplo, dice que los objetos dejados libres son atraídos hacia la tierra debido a la fuerza de la gravedad.

Otra persona dice que eso no es cierto porque la persona que lo ha dicho es rubia y tiene los ojos azules, sin molestarse en razonar y mostrar evidencias que muestren su opinión contraria.

Una costumbre establecida

Este mecanismo de ataque, por medio de la falacia ad hominem, a las opiniones de otros, y que hace de lado totalmente al uso de la razón, es muy común.

Me parece que tiene su origen en el pensamiento marxista que descalifica a quienes lo contradicen argumentado que ellos son víctimas del pensamiento burgués.

Y, si bien el marxismo ha decaído notablemente, esta forma de atacar las opiniones de otros se mantiene en la actualidad y de hecho domina a muchos.

Es fácil imaginarse a algún legislador del partido A exponiendo alguna propuesta de lo más razonable y lógica, al mismo tiempo que imaginarse a otro del partido B que descalifica al primer legislador mencionando como razón que pertenece a otro partido que no es el suyo.

Y sin ocuparse de entender los razonamientos de la propuesta. El hecho de pertenecer a otro partido ha sido causa suficiente para anular lo que el otro dice.

El error cometido es obvio y, desafortunadamente, cancela la posibilidad de dialogar, de aprender y de negociar.

Un caso

Un día, hace ya bastante, hablaba yo de las ventajas de la libertad de expresión, usando los argumentos de John Milton y de Alexis de Tocqueville, que están llenos de sentido común y que en general, sostienen que esa libertad produce situaciones a veces negativas, pero que su resultado neto es positivo.

Una de las personas que atendía la pequeña conferencia se levantó y me dijo que lo que yo había dicho era falso por una sencilla razón, yo era un «neoliberal».

Esa persona quería descartar los razonamientos presentados racionalmente usando como prueba el hecho de mi posición neoliberal.

Habría igualmente irrelevante decir que lo que dije era falso porque yo llevaba bigote, o porque vestía una corbata verde. Una cosa no tiene que ver con la otra.

Ni mi corbata verde, ni mi posición anulan la serie de razonamientos presentados para defender la libertad de expresión. Los razonamientos solo pueden ser negados o corregidos con razonamientos mejores, de más y mejor lógica.

Es cierto que la posición personal de una persona arroja luz sobre lo que la persona argumenta, pero lo que la persona razona no puede ser negado sin usar razones más poderosas.

Es un vicio que está arraigado y que usamos como una costumbre para salir fácilmente de apuros. Con una desventaja enorme. Si yo niego lo que la otra persona dice sobre la base de lo que esa persona es, nunca habrá manera de mejorar el conocimiento para mejorarlo.

Si yo niego lo que una persona sostiene argumentando que ella es, por ejemplo, socialista, la discusión termina allí sin posibilidad de seguir, ni de aprender.