Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Amenaza Mayoritaria
Eduardo García Gaspar
22 julio 2008
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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El asunto no es nuevo. Fue tratado por J. S.Mill en su libro On Liberty. Es el peligro de las mayorías convertidas en dictaduras, un pésimo entendimiento de la democracia.

Si alguien entiende que la democracia es el gobierno de la voluntad mayoritaria, estará cayendo en la trampa. Es algo que sucede en muchos países que son nuevos en estas lides. El origen del problema es un imperfecto sistema de logro de acuerdos en la democracia: selección de gobernantes por mayoría y acuerdos por votación entre legisladores.

Creo sinceramente que en México la distorsión es aún peor. La base de la Revolución Mexicana tuvo un inicio sustentado en cuestiones de elección de gobernantes a lo que posteriormente se añadió un fuerte reclamo de elecciones limpias. En este país, mucho me temo, la democracia no es mucho más que tener elecciones razonables que respeten la voluntad de la mayoría… y nada más.

Dentro de esa manera de pensar está escondida una semilla totalitaria: el poder de la votación mayoritaria y que reclama que las mayorías tienen la razón y mandan sin poder ser cuestionadas. Una parte de la democracia, no precisamente la más importante de ellas, ha sido elevada a un dogma de mayorías. La realidad es la opuesta.

Una democracia es mucho más el respeto a las minorías que hacer la voluntad de las mayorías, algo que poco se ha señalado. El centro del problema es creer que el mecanismo de toda solución de conflictos es el del voto. Nada habría que una votación no pudiera solucionar. Pero el voto no fue diseñado para tomar sino unas muy pocas decisiones.

Una es la decisión de seleccionar gobernantes. La otra es aprobar leyes. Puede añadirse la realización de algún referéndum. Es un mecanismo tosco para tomar decisiones. No exige ser experto en el tema, ni siquiera conocer de él. Y no es garantía de una decisión correcta. Su única ventaja es la de dar una regla de acuerdos temporales. Los gobernantes serán reemplazados y las leyes cambiadas. Una votación es una herramienta burda, aplicable a ciertos casos nada más.

El corazón del problema radica en pensar que es posible usar esa herramienta primitiva, como las votaciones, en terrenos ajenos a ella. Sería un absurdo poner a votación la existencia de una ley física, o la existencia de un cometa, o la efectividad de una medicina. Podemos entender esto muy bien. Las personas, en su mayoría, comprenderían que una votación no sería útil para acordar la fórmula del ácido sulfúrico.

Es en los terrenos en los que existen desacuerdos en los que el uso de votaciones puede ser visto como un mecanismo para forzar acuerdos… a pesar de que sea imposible. Es como usar un cuchillo de carnicero para realizar operaciones de cataras de ojo.

El tema bien vale una segunda opinión porque señala lo que aún no es obvio. El voto de la mayoría no es la esencia de la democracia. Lo es la fragmentación del poder y la limitación del poder gubernamental. El voto es una parte de ella, dedicada a elegir gobernantes y emitir leyes, sin garantía de resultados. La inmensa mayoría de las cosas no pueden ponerse a votación.

Eso significa que la mayoría de las cosas no están sujetas a la voluntad de la mayoría de la agente. El ejemplo más común que se usa para demostrar esto es el del caso en el que la mayoría de un país vota por elegir un presidente vitalicio. Aunque la mayoría vote que, en otro caso, el asesinato está permitido, eso no significa que en verdad ya no sea malo matar. Aunque todos los legisladores voten por el control de precios, eso no implica que será cambiada la realidad.

La democracia tiene sus enemigos, abiertos y descarados, pero los peores ataques que la democracia sufre no vienen de ellos, sino de quienes piensan que ella puede hacer lo que no debe, como poner a juicio de la mayoría asuntos que son independientes de la voluntad. Y es que lo que nutre a la sociedad democrática no es tanto la voluntad de las mayorías, como la acción de las minorías.

La verdadera vida de la democracia es la libertad, la posibilidad de estar en desacuerdo con lo que piensa el resto, así sea una mayoría. Esa es la razón de ser de la democracia, la defensa de la libertad, así sea la de una sola persona. Sin esta mentalidad, la democracia es una dictadura disfrazada.

Post Scriptum

El 9 julio fue reportado que un hombre demandó a dos editoriales por publicar ediciones de la Biblia en las que se dice que el homosexualismo es un pecado. Eso, dice el demandante, le ha causado dolor emocional e inestabilidad mental. Se argumenta que el texto de los libros puede causar en otros homosexuales el ser sujetos de abuso, discriminación y violencia física. Quitando de la mente el folclor que la situación tiene, hay elementos que deben destacarse. El primero de ellos es la libertad de ese hombre para protestar y demandar, por la razón que sea; esto es ganancia. El segundo está del otro lado, también hay libertad en la otra parte, que no debe ser ser forzada a cambiar sus textos, incluso a pesar de que lo decrete un juez y lo opine la mayoría. Si el homosexualismo es un pecado o no, eso es un asunto que no está sujeto a la opinión de las mayorías, ni al dictado de un juez.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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