Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Desilusión Seguirá
Eduardo García Gaspar
3 noviembre 2008
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: , ,


Leí en algún lugar que el promotor de Los Beatles, en el inicio del grupo, contrataba a jovencitas a las que pagaba por gritar y llorar. Las escenas de ellas se mezclaban con las del grupo cantando para dar la sensación de algo más que música popular: fervor, vehemencia, hasta locura.

La práctica se ha ampliado.

Veo como algo que no sorprende que ese tipo de reacción febril se tenga en mítines políticos de países en los que la democracia es muy nueva.

Son los escenarios de grandes concentraciones de masas convertidas en un ritual casi religioso, donde las palabras del iluminado son esperadas con ansia y tomadas como salvación.

No es diferente a las escenas de Los Beatles: gritos, aplausos, miradas de éxtasis, aprobación incondicional. El iluminado habla y debe escuchársele sin cuestionamientos, pues él es el que salvará a todos. Sólo él.

Las democracias más maduras tienen un electorado más escéptico, con personas que ven con recelo al que quiere gobernar y por eso no son dadas a esos mítines fogosos sustentados en la perfección del iluminando.

No fue sorpresa, por ejemplo, ver esos mítines febriles en las elecciones presidenciales de México. En una democracia aún en pañales, el electorado mexicano había definido la elección entre tres candidatos y no veía más allá de ellos.

Vistos como iluminados por sus partidarios, de ellos dependía todo. Visto con sosiego, asustaba a cualquiera. Ya no era democracia, sino culto con dioses y demonios.

Es un asunto de esperanzas irreales y de ilusiones desmedidas. El candidato es convertido en el iluminado, una especie de salvador insustituible que todo lo puede lograr: crear empleos, desaparecer la pobreza, salvar a todos de enfermedades, tener impuestos justos, elevar ingresos, proteger a la nación, combatir el crimen.

Poderes ilimitados asignados a un simple mortal que tiene una habilidad notable: saber crear la impresión en el incauto de que todo lo puede hacer, pero hasta allí.

No habrá manera de evitar el futuro, la realidad se impondrá y la habilidad para crear impresión de gran poder no será suficiente. Las impresiones no bastan, por buenas que sean. Los problemas son reales, las impresiones son sólo eso.

Y al cabo del tiempo sigue la desilusión. La decepción se apodera de los que pensaban ser salvados por el iluminado y los que eran sus enemigos hacen todo lo posible por dañarlo aún más. Pero el desengaño no se convierte en experiencia y el ciclo se repite.

Las siguientes elecciones son un nuevo escenario para otros iluminados que convencen a partidarios de que ellos sí son las personas que esperaban al fin… para seguir con una nueva etapa de chasco y desencanto.

La democracia deja de ser un sistema político de separación de poderes y se vuelve una desesperada búsqueda de iluminados a quienes debe darse poder.

Habiendo seguido esta elección en los EEUU, por primera vez encuentro en ese país ese sabor de la esperanza del salvador, ese que todo lo puede hacer: gastar más y tener menos impuestos, crear empleos y proteger industria.

Es sólo una sensación mía al ver las noticias con las imágenes de los dos candidatos arrojando promesas como si se tratara de una elección en un país de democracia primitiva y provocando aplausos, gritos y aclamaciones como si fuera un documental de Los Beatles, especialmente Obama.

Y si acaso esperan en ese país al iluminando que todo promete hacer, verán también allí el ciclo: seguirá la desilusión y el desencanto. La imaginación del electorado ha volado demasiado alto y la realidad cobrará su factura.

La razón es simple: nadie tiene poder, ni conocimiento, ni capacidad para hacer realidad una fantasía. Peor aún: nadie sabe lo suficiente para gobernar con demasiado poder.

El tema bien vale una segunda opinión porque apunta a una distorsión política mayor. La democracia deja de ser un sistema político destinado a ser una defensa de las libertades personales de todos.

Y se convierte en una lotería que busca un premio, el de darle poder excesivo al que es percibido como iluminado por más personas. La democracia como un casino.

La causa: electores convertidos en fanáticos incondicionales del iluminado, no distintos a las jovencitas a quienes se pagaba por gritar y llorar en los conciertos de Los Beatles. A ellas se les daba dinero, al electorado, esperanzas irreales.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.
 





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras