Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Falacia De La Compasión
Leonardo Girondella Mora
4 noviembre 2008
Sección: FALSEDADES, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Debo comenzar lo siguiente estableciendo que la compasión es una virtud necesaria —practicar la caridad, tratar a los demás con misericordia, todo eso es admirable parte de la naturaleza de una buena persona.

Y sin que ella desaparezca del todo, no puede usarse con solidez en una argumentación que busca establecer la verdad. Tal vez el más clásico caso del ad misericordiam es la compasión que se puede exigir en el juicio al culpable de un delito, el que sea.

En Terquedad Intelectual traté un caso de estos —un columnista mencionó una serie de efectos negativos de la ayuda a los pobres, pero justificó la continuación de tales programas de ayuda argumentando que no se debe tener lógica económica, sino ver a seres vivos que necesitan protección.

La buena virtud de la compasión ante la pobreza de unos fue usada para justificar la continuación de acciones que los dañaban a la larga —es un uso miope de la caridad que alejada de la prudencia define esta falacia.

Es similar a quien argumenta la lastimera existencia que tendrá en la cárcel el condenado por asesinar a dos personas a sangre fría.

La distinción que es muy deseable hacer es la que separa a una encomiable virtud de otra admirable acción, la de actuar tomando las mejores decisiones posibles —si va a ayudarse a los pobres, por ejemplo, la decisión de continuar con programas de dudosos resultados puede estar motivada por la más grande compasión, pero aún así seguirá siendo un error.

Para encontrar verdades lo mejor que puede hacerse es el uso del poder de la razón y una vez encontradas, entonces sí la compasión podrá entrar en juego, pero no antes.

Es, de buena forma, el problema de las buenas intenciones que es tan común en política —no hay duda de los admirables objetivos que tienen muchos programas de gobierno, pero ellos pueden tener fallas terribles de implantación que no pueden ser admitidos por las buenas intenciones que poseen.

Muy frecuentes son las apelaciones de ayuda que sostienen como principal argumento la compasión —como las peticiones de ayuda gubernamental a naciones pobres, las de solicitud de cancelación de deuda externa, y otras similares.

La falacia se comete cuando un buen objetivo se convierte en razonamiento suficiente para justificar acciones concretas. Se trata del uso de razones que no son relevantes a la argumentación.

En política es frecuente que los gobernantes acudan a la elevación de los salarios mínimos como una medida que persigue elevar el ingreso de los trabajadores —y desde luego, nada existe que pueda usarse en contra de ese objetivo; pero los problemas comienzan cuando se sabe que tal medida, a pesar de la compasión que tiene, puede causar desempleo y lastimar a quienes pretende ayudar.

La falacia de la compasión podría ser también llamada la falacia del objetivo admirable y su error consiste en usar al buen objetivo como una razón para justificar lo que sea —de aquí surgen las terribles discusiones entre grupos políticos que razonan de manera diferente.

Unos de ellos, por ejemplo, pueden proponer una ley laboral inclinada a proteger a los trabajadores con disposiciones como una alta indemnización por despido.

La intención de los legisladores que eso disponen no puede sino verse como admirable —proteger a las personas, sean o no trabajadores, es la razón de ser de la ley.

Si en sus objetivos tal ley no es criticable, sí lo puede ser y mucho en las medidas concretas que dispone y podría argumentarse con buena base que esa gran indemnización por despido podrá ocasionar una cierta caída en la creación de empleos, o un aumento de la informalidad.

Argumentar en contra de alguna medida con buenas intenciones es igual a revelar el uso de una falacia, la de la compasión mal empleada por justificar actos que la prudencia, una virtud mayor, no aconsejaría. Revelar tal falacia no es igual a anular la compasión, ni volverse un ser despiadado, sino aplicar otra virtud, la prudencia.

Y, creo sinceramente, que ésa es la mayor de las dificultades de quien descubre la falacia de la compasión en un argumento —dará sin merecerlo la apariencia de un ser al que no mueven las buenas intenciones y será criticado por tener un corazón duro e inhumano.

El riesgo es grave, pero sobre todo muy común, pues una gran cantidad de conclusiones están basadas en la compasión y nada más.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



1 comentario en “La Falacia De La Compasión”
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