Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Falacia Del Insulto
Leonardo Girondella Mora
8 octubre 2008
Sección: FALSEDADES, Sección: Asuntos
Catalogado en:


El 19 de agosto de 2008, en Pravda, después de la invasión rusa a Georgia, se publicó lo siguiente sobre Condoleeza Rice, secretaria de estado en EEUU:

… can anyone think of a figure less qualified for the post? Starting with the face (set in a constant snarl, with a scar for a mouth, lips pursed back in a sneer, piggy eyes looking as though something evil is lunging behind them), continuing with the body language (aggressive stance, butch, defensive posture as though she is hiding something or afraid)…

El texto sigue con aseveraciones del mismo tipo:

… this incompetent loud-mouthed, bad-mannered, bullshit-mongering bimbo takes one side, ignores the other and then speaks down from a holier-than-thou platform as if she were on a lecture dias… You are a liar, a cheap, shallow, failed, wannabe actress on the diplomatic stage…

El texto es un buen ejemplo de una de las falacias más conocidas —la llamada argumentum ad hominem: la que se dirige a la persona con la intención de desacreditarla con insultos y acusaciones que se alejan de los argumentos que esa persona ha usado.

Puede ser que la persona merezca los calificativos, pero eso no retira la posibilidad de que ella haya razonado correctamente y expuesto conclusiones sólidas.

La falacia del ad hominem tiene su base en el desvío de la discusión a terrenos distintos al tema en discusión —los terrenos de las cualidades personales y que no tienen relación con el tema.

Es falacia en cuanto al desvío del tema con argumentos que no tienen relación con él. Los calificativos con que se describe a la persona son independientes de las argumentaciones que ella hace.

La falacia es común en la política, cuando campañas electorales enteras se basan en ataques y defensas de los candidatos y sus personas —si uno de ellos propone una reforma fiscal, esa propuesta puede ser atacada por su enemigo diciendo que “se trata de la propuesta de alguien que no conoce la pobreza, que toda su vida ha vivido en la opulencia y que no siente las necesidades del pueblo”.

La falacia es muy notoria cuando la argumentación que hace una persona es explicada por otra como una consecuencia natural de su personalidad —como cuando la defensa que hace un banquero de la banca privada es explicada diciendo que un banquero tendrá que hacer inevitablemente esa defensa.

El punto es que el banquero puede tener toda la razón en sus argumentaciones y que ellas sean una causa de su trabajo y no el trabajo una causa de sus opiniones.

Otra aplicación es la del aprovechamiento de la posición conocida de una persona para sacar de ella una conclusión que es independiente —como cuando a un católico se le dice, “por ser católico, de seguro estás de acuerdo con la educación religiosa obligatoria en las escuelas públicas”. No necesariamente lo estará.

El ad hominem puede moverse en terrenos que son confusos cuando los datos personales sí son de relevancia en el examen de las argumentaciones que ella hace —por ejemplo, si una actriz propone que los banqueros internacionales perdonen la deuda externa de países pobres, resultará válido indagar sobre la educación y experiencia que la actriz tiene en el tema que ha tratado.

La mejor manera de tratar la falacia es usar una interpretación cautelosa —en el caso de Pravda citado arriba, resulta obvio que el abuso del ad hominem invalida lo que dice el escritor: la que sea que fuese la posición de la secretaria de estado no recibió un examen y la argumentación del opositor desvió el tema a cosas tan irrelevantes como su impresión de la apariencia física de Rice.

Pero hay muchos casos en los que el conocimiento de la persona sí es de ayuda para comprender mejor sus argumentos y juicios —saber que la persona que presenta una cierta argumentación con contra de la pena de muerte es un sacerdote católico colabora a comprender su argumentación, pero no la explica en su totalidad, ni puede ser desechada sin más consideración.

La falla central de la falacia ad hominem consiste en ignorar los argumentos de la persona, para, por ejemplo, apoyar el matrimonio de personas del mismo sexo, y las características de la persona misma —si el opositor a ella se limita a decir que por ser homosexual es obvio que apoyará esos matrimonios e ignora el resto de las razones, cometerá este error.

La misma falla comete quien razona diciendo que las opiniones de un columnista se explican todas porque se trata de un neoliberal y con eso se satisface —la posición personal de un socialista, por ejemplo, no es razón suficiente para con ella desechar lo que afirma y razona.

Un socialista no necesariamente está equivocado en todo, ni es admisible rechazar todo lo que afirma sin más análisis.

El ad hominem es en mi experiencia una práctica común en algunos de los sitios de Internet, en los que se registran discusiones de temas y que involucran un uso intensivo de palabras soeces como un sustituto del análisis —afirmar que “el autor debe ser un pinche pendejo mexicano y una mierda”, como recibí un mensaje hace tiempo, indica un uso extremo de la falacia: no hay labores de razonamiento y examen, y la oposición al argumento se concentra en un insulto de amplio uso y escasa inteligencia.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



7 Comentarios en “La Falacia Del Insulto”
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