Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Hora De Obama
Eduardo García Gaspar
7 noviembre 2008
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La victoria de Obama en los EEUU estuvo, me parece, construida en dos ejes, el de prometer un cambio con escaso significado y el de una reacción contra de los resultados económicos de los republicanos. Sobre eso se basó la promesa general: las cosas mejorarán con Obama, es decir, lo estándar de una elección en una democracia.

Pero a partir de finales de enero, vendrá el momento de la verdad, cuando esa promesa general  de mejora económica deba ser definida y el cambio prometido tome formas concretas. No creo que lo que viene sea necesariamente bueno y hay algunos indicios en ese sentido. En el largo plazo, muy largo, no soy pesimista, al contrario, pero para los siguientes años tengo mis reservaciones.

La primera de ellas nace de algo obvio, que es la falta de experiencia económica del gobierno de ese país y las medidas tomadas. Si ellas siguen, lo que es probable, la recuperación será más tardada. Posiblemente se eleve el nivel de intromisión del gobierno en la economía, distorsionando todo, a lo que están inclinados todos, republicanos y por mucho Obama. No son buenas noticias.

Todas esas ideas y medidas para artificialmente reactivar a la economía son precisamente las que produjeron la debacle (sin olvidar el aprovechamiento codicioso en algunas empresas). No se necesitan esas medidas artificiales, lo que se necesita es crear confianza para la inversión… la economía crecerá como consecuencia.

La ideología de Obama, en otras partes del mundo, lo colocaría muy claramente a la izquierda y del lado progresista, es decir, con la mentalidad de que los gobiernos pueden solucionarlo todo, desde tener una economía boyante hasta dar servicios de salud a todos sin atención a su costo. En la medida que esto se intente, los malos tiempos se alargarán.

La idea de elevar impuestos, los que sean, es veneno puro para una economía. Los impuestos operan negativamente en la economía, pues son una elevación de los costos de vida. Nadie vive mejor con costos más altos de vida. Nadie. Y esta es una de las medidas de Obama, la elevación de los impuestos. La medida más aconsejable es la opuesta. Los impuestos del que sea, acaban repercutiendo en los demás, incluso en esos que no los pagan.

Tome usted, por ejemplo, la política redistributiva de Obama: algunos sectores de la población recibirán dinero, como un estímulo a su consumo, pero tendrán que consumir bienes de empresas debilitadas por la crisis e impuestos mayores. No tiene sentido y quizá cree condiciones inflacionarias: más dinero y menos producción.

Igualmente, aunque se dijo que era palabrería de campaña, Obama habló de limitar actividades de comercio exterior y revisar tratados de libre comercio. Otra dosis de veneno, porque es precisamente lo opuesto de lo que debe hacerse, dejar que exista libertad de iniciativa para resolver el problema.

Mucho me temo, al final, que Obama no sea la solución al problema. Más bien es parte del problema. Parte de esa mentalidad estatista que gasta recursos limitados con propósitos políticos, dando, por ejemplo, privilegios de poder a sindicatos que fueron sus clientes políticos. Y no es  sólo el nuevo presidente, muchos de los representantes y senadores piensan así y se darán cuerda mutuamente.

Las celebraciones de victoria son comprensibles. Las ilusiones desmedidas de mejora son naturales. Al fin y al cabo, saldrá del poder una administración que en su conjunto tiene la responsabilidad de las causas básicas de la crisis: ese auge artificial de la economía y reglas incomprensibles. Es para alegrarse que se dé un cambio, pero un cambio en sí mismo no tiene significado.

Más que cambio, debe hablarse de mejora. Pero si hablamos de cambio, que sea real, que no sea un cambio de dosis de lo mismo. Más de lo mismo no es realmente un cambio.

Cuando pasen las celebraciones y los festejos sean terminados, la realidad estará frente a la nueva administración. Ya no será tanto una cuestión de promesas, sino una de soluciones reales. Lo que se sabe de Obama, de su mentalidad, y de la forma de pensar de los demócratas y quienes los apoyan, me hace no participar de esa victoria electoral.

No es por ser aguafiestas, sino por querer ver más allá de la alegría momentánea. México sufrió esa misma patología de celebración en 2000, con su secuencia de desilusión tiempo después.

Post Scriptum

Muy destacada es la opinión en una columna escrita por Mario Núñez Mariel, sociólogo y anterior consejero político en las embajadas de México en la India y Francia (Obama y México, Grupo Reforma, 6 noviembre 2008), en la que, después de descartar las críticas hechas a Obama por su posición contra el libre comercio, habla de la real tarea de Obama:

… y ésa es la tarea que se ha impuesto Obama, las condiciones para recrear una nueva visión del mundo… permita la construcción de nuevos niveles de convivencia mundial, nuevos niveles de desarrollo compartido, nuevos niveles de cooperación económica… cambio hacia lo nuevo, lo inédito y lo inesperado para que pueda ser un cambio creíble… un cambio generacional y nuevas maneras del quehacer político… integrar una nueva visión del desarrollo hemisférico… La correlación de fuerzas es favorable a la izquierda en el continente… A México, a pesar de no estar gobernado por la izquierda, no le queda más que llegar antes al baile…Tenerle miedo al cambio sería el peor de nuestros errores [en México] y aprovechar el impulso de la ola del cambio…

Total, el cambio del que se habla resulta que es un simple tener un presidente estadounidense que es de izquierda y cuya misión es igual a la de un mesías que salva al mundo. Note el lector la cantidad de veces que se usa el calificativo nuevo, énfasis colocado por mí.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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