Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Virtud Faltante
Eduardo García Gaspar
12 febrero 2008
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hay algo que en común poseen todas las elecciones de gobernantes en el mundo, sean las de México en 2006, las de EEUU en su primera etapa ahora, las de Argentina, Uruguay, Francia, España… las que sean. Todas se parecen en una cosa, una de las características de quienes se ofrecen a ocupar puestos de elección popular: su terrible falta de humildad.

Los candidatos en las elecciones mexicanas pasadas, cualquier mexicano lo recuerda, prometieron realizar maravillas. No fueron la excepción internacional. Si no me cree, vea las promesas que hacen los precandidatos en los EEUU ahora mismo. Cada uno de ellos posee la llave que remediará los problemas del país y tratan de convencer de que, sin ellos, el país irá al abismo. Es una falta tremenda de humildad.

Por eso, al votar, el ciudadano enfrenta la selección de candidatos que piensan demasiado bien de sí mismos. Y quien en eso exagera, comete el serio error de la soberbia. En los EEUU ahora esto tiene una manifestación interesante. Tome usted a H. Clinton o a B. Obama, muy a pesar de su popularidad y de la llamativa pelea que enfrentan, la máxima experiencia que tienen es la de administrar pequeñas organizaciones, llevar procedimientos legislativos y realizar campañas electorales. En esto último son muy experimentados. Pero nada más.

Del lado Republicano, la experiencia militar de McCain es mucho más rica que la de los dos senadores demócratas, pero aún así mantiene esa misma cualidad, la de la falta de humildad. No diferente al enormemente más conservador Huckabee. Todos los candidatos en conjunto gustan ofrecer a los ciudadanos promesas y más promesas, cuya única justificación es la lógica: ellos creen tener la solución a los problemas del país, los que sean.

En los EEUU los principales asuntos de campaña son la cobertura de servicios médicos y la guerra en Irak. En México fue la generación de empleos y el crecimiento de la economía. No importa el problema, cada candidato tiene la solución. Se ha dicho que los candidatos gustan ofrecer en sus campañas cheques sin fondos a los ciudadanos. El cheque es dado ahora con cifras muy apetitosas, pero debe cobrarse después de la elección, cuando no habrá fondos.

No pienso que el elector más o menos razonable les crea todo a los candidatos que son como vendedores de carros usados que dicen sólo fueron usados por una viejita que salía los domingos a misa. Desde luego, el elector trata de encontrar en los candidatos al posible estadista, el político que hará una diferencia. La posibilidad de que un candidato llamado a ser estadista esté entre quienes compiten es muy baja. Por eso, en mi opinión personal, suelo preferir a los candidatos que hacen menos promesas: son los menos soberbios y eso ya es ganancia.

El asunto merece una segunda opinión por otra faceta no muy explorada. Las campañas electorales, tan llenas de promesas y soberbia, tienen el efecto de hacer crecer el tamaño del gobierno y eso es malo. El caso de los EEUU es ahora muy notorio con las promesas de sistemas universales de servicios médicos y que son imposibles: 300 dólares de prima por un seguro de salud con cero deducibles y gastos promedio de 6,000 dólares por persona.

Pero no importa que no existan fondos, que las promesas sean irreales, los candidatos prometen todo y, peor aún, sostienen la idea de que la consecuencia de no ser elegidos es lo peor que le podrían pasar a su país. Recuerde al candidato del PRD sosteniendo que en su primer año de gobierno elevaría el gasto al doble.

Hasta ahora, hay dos rasgos en los candidatos: la soberbia y el no saber aritmética de primer año. Que ellos sean en serio considerados por algunos como las mejores opciones es algo que me maravilla y que, al final, muestra otro de los rasgos de los candidatos: la gran mayoría de ellos no están preparados para el puesto al que aspiran. Ninguna empresa en sus cinco sentidos selecciona personal basada en promesas de sus futuros empleados.

¿Hay gente preparada para gobernar? No y los candidatos suelen ser los menos preparados. Esta es la razón por la que los gobiernos deben tener poderes limitados, porque nadie sabe lo suficiente como para ordenar la vida del resto más allá de muy sencillas leyes.

Post Scriptum

• El tema de la humildad en los candidatos es uno tratado en muchas tesis políticas. Véase, por ejemplo, a Popper y su crítica de Platón; en una columna muy reciente, A. Kling trata el tema usando a los precandidatos estadounidenses actuales.

• Los datos del seguro de salud vienen de cálculos del mismo A. Kling en otra columna.

• El fenómeno de las promesas electorales para una feliz vida de los ciudadanos acarrea el indeseable efecto no intencional de hacer crecer el tamaño y el poder del gobierno, lo que causa retiros de recursos del ciudadano y, por necesidad, le hará menos feliz de lo posible.

• Una curiosidad literaria es una pequeña novela de G. K. Chesterton, El Napoleón de Notting Hill, en la que los ciudadanos aburridos con las elecciones deciden evitarlas y los gobernantes son seleccionados por sorteo: total que da lo mismo quién salga elegido.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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