Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Lenguaje Que Estorba
Selección de ContraPeso.info
1 septiembre 2008
Sección: EDUCACION, Sección: AmaYi
Catalogado en:


Se dice y probablemente es cierto, que el lenguaje utilizado actualmente es de una calidad muy inferior a la de no hace mucho. Las películas y obras de teatro permiten, aprueban y en ocasiones se sostienen con la utilización de expresiones y palabras vulgares.

El lenguaje cotidiano igualmente usa ese tipo de términos, tal vez muy especialmente en los sectores más jóvenes de la sociedad, en los que la vieja distinción entre el lenguaje de hombres y de mujeres es inexistente.

La idea para esta carta fue encontrada en Coprolalia, de Enrique Goldbard, Revista ESTE  PAIS, Octubre de 2006, No. 187, México, pp. 53-54. Y su inclusión en la Serie AmaYi® podría resultar ajena a sus temas, excepto por un motivo: las discusiones entre partidarios de diversas posiciones políticas y económicas. Cuando en ellas se introduce el insulto y las palabras soeces, dejan ser ocasión de encuentros para convertirse en potencial de violencia.

El lenguaje es un instrumento al servicio de la razón y requiere ser tan sutil como ella. Cuando la agudeza del lenguaje es sustituida por la procacidad y la vulgaridad, deja de usarse la razón y la salida única posible es el empleo de la coerción para imponer por la fuerza. Es por esto que Goldbard hace una aportación importante.

Comienza el autor con la definición etimológica de coprolalia.

Kopros, en griego, significa excremento. Lalein, balbucear.

Buena idea dan ya sus raíces de lo que la palabra denota. Es el lenguaje bajo, grosero, vil, soez, de expresiones vulgares e insultos sin causa, usado de manera excesiva y sin razón.

De allí, Goldbard pasa a una reflexión: hace un par de generaciones hubiera sido difícil imaginar el lenguaje usado en la actualidad. Malas palabras escuchadas en todas partes, desde reuniones sociales hasta medios de comunicación; publicidad, niños, mujeres, adultos, ancianos, políticos.

Y, más aún, los emisores de esas palabras son los menos esperados, mujeres, niños. La coprolalia, continúa el autor, ha sido vista como parte de enfermedades mentales, por ejemplo la esquizofrenia.

¿Es sólo una percepción de los exagerados? ¿O es algo real?

Una encuesta de julio de 2003, de la American Demographics da evidencias al respecto. La mayoría de las personas usan ese lenguaje en público: 72% de los hombres y 55% de las mujeres. La tendencia se agrava en los jóvenes: 74% de quienes tienen entre 18 y 34 años contra 48% de los mayores de 55. Igualmente hay evidencias que confirman lo mismo en niños.

Aceptar esa realidad lleva a intentar pensar en sus condicionantes, entre los que el autor señala en primer lugar la estrechez de vocabulario. Los jóvenes conocen menos palabras por causa de una mala calidad educativa y la escasa lectura que hacen.

La lectura ha sido sustituida por otras formas de diversión, como la televisión, lo que lleva al autor a afirmar que existe una relación inversa entre el número de horas frente a un televisor y la riqueza de vocabulario: las neuronas mueren viendo televisión, dice.

En cuanto a la coprolalia, Hollywood es su promotor. Las palabras soeces son usadas por primera vez causando sorpresa hasta convertirse en lenguaje permitido, lo que da ocasión a buscar nuevas palabras que vuelvan a producir esa sorpresa y terminen a su vez por ser permitidas.

La obscenidad crece en cada paso y llega a las conversaciones diarias como lenguaje permitido.

Pasa ahora el autor a mencionar la disminución de la urbanidad y la cortesía.

¿Tiene el empleo del lenguaje vulgar un efecto en la civilidad?

¿Produce un daño en las relaciones sociales?

¿Es algo que debe preocupar, o el lenguaje soez es un fenómeno que no tiene efectos?

La respuesta es importante. Sí, sí hay una relación entre el lenguaje y la cortesía. Un lenguaje vulgar es agresivo, un antecesor de la violencia.

El lenguaje vulgar es descortés, el comienzo de la “escalada hacia la violencia”. Las palabras usadas son importantes en nuestras relaciones, como nuestras manos, que pueden acariciar, pero también golpear.

El lenguaje vulgar, por otro lado, puede ser un lazo de identidad para ciertos grupos, como pandillas, minorías y demás.

Y, es cierto, las maldiciones tienen su uso, cuando se enfrentan ciertas situaciones de sorpresa o contrariedad, por ejemplo, en las que difícilmente es posible imaginar que alguien exclame “cáspita” en sustitución de otros términos de mayor colorido y justificados por la situación.

Todos los idiomas tienen palabras vulgares y su estado es dinámico. Algunas expresiones o palabras consideradas vulgares antes, ahora no lo son y, más aún, muchas maldiciones han sido usadas en obras de grandes literatos.

Adicionalmente, las malas palabras tienen diferentes intensidades, con algunas consideradas suaves, pero otras muy fuertes, incluso dependiendo de quien las usa: más permitido en hombres que en mujeres.

Regresa ahora el autor al fenómeno actual. Las maldiciones son ahora de uso más frecuente. Se utilizan con perseverancia y es común oírlas, por ejemplo, como una salida fácil de comicidad. Los insultos son más habituales y reiterados. Gobernantes, ejecutivos, estudiantes, mujeres, todos las usan.

Una explicación, según Goldbard, puede ser neurofisiológica: las malas palabras son originadas en la regiones bajas del cerebro, procesadas no como palabras en sí mismas, las que son procesadas en otra parte del cerebro, sino como piezas completas en sí mismas.

Además, no puede negarse un contenido emocional en los insultos, con dosis de primitivismo.

Puede ser que el lenguaje vulgar sea sólo una manifestación de la libertad de expresión, o una válvula de escape y en realidad, nada que deba preocupar.

Y sin embargo, dice el autor, la coprolalia es falta de urbanidad y buenos modales, una indicación de primitivismo, baja educación e inhabilidad para discutir; todo eso posible síntoma de algo que da miedo diagnosticar.

Post Scriptum

Una admirable muestra de coprolalia se encuenta en una película que se exhibió a principios de 2009 en México, Rudo y Cursi (información en IMDB y en el sitio oficial).

Es la historia de dos hermanos de origen muy humilde que son descubiertos como jugadores de futbol, tienen éxito, rivalizan entre ellos, no saben manejar el éxito y regresan al punto de partida. Los diálogos de la película contienen palabras soeces tan frecuentes que son buen ejemplo de la incapacidad de razonar cuando se usa tal lenguaje.

Ninguno de los dos hermanos es un personaje que piense siquiera primitivamente, lo que me parece apoya la tesis de que ese lenguaje se procesa con otra parte del cerebro, pero sobre todo, la idea de que la coprolalia es lo opuesto a la cortesía y conduce a los tratos violentos.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



1 comentario en “Lenguaje Que Estorba”
  1. Contrapeso » Dos Piezas y Una Tendencia




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