Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ley Ordena Leer Menos
Eduardo García Gaspar
29 julio 2008
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


Los gobiernos tienen una terrible inclinación a meterse en lo que no deben y realizar cosas que no funcionan. Una de las más recientes muestras de esto es la promulgación de una ley en México, la titulada Ley de Fomento para la Lectura y el Libro. Es otra reglamentación gubernamental con buenos propósitos y malas disposiciones.

Lo que la ley quiere es que la gente lea más libros: más puntos de venta, más promoción de la literatura y justicia en la distribución y comercialización (lo que sea que eso quiera decir). Tomando como base a la ley, la Secretaría de Educación va a promulgar después un reglamento. Una de las partes fundamentales de la ley es la aplicación de un precio único para cada libro en todas partes. Se acabaron los descuentos y las rebajas.

El caso es interesante, porque quienes causaron la falta de interés en la lectura por la educación que está a su cargo, ahora quieren remediar el problema que ellos mismos crearon. Décadas de educación pública de baja calidad han tenido al menos este efecto, un serio desinterés de los mexicanos por la lectura. Ahora quieren solventar el problema haciendo más de lo mismo.

Si alguien cree que México es un país con una economía liberal que vea sólo esta muestra de intervencionismo estatal. Digo, porque todo lo que se sabe indica que las rebajas y descuentos en los precios elevan la cantidad demandada de un bien y esta ley los prohibe. Es decir la ley misma actúa para causar una reducción en la demanda de libros. La ley intenta aumentar la venta de libros, pero lo hace por medio de un mecanismo que se sabe disminuirá la cantidad vendida.

Examinar esto tiene su grado de morbosidad. ¿Cómo es posible que con gran ceremonia gubernamental, incluyendo al mismo presidente, se lance una ley así? Hay una respuesta muy poco cándida, la de examinar quiénes serán los beneficiados. Los editores desde luego, los que podrán cobrar precios más altos, aunque de una cantidad menor de ventas.

La ley, desde luego, comete errores de consideración al violar derechos de propiedad. Piense usted en esto. Suponga que usted tiene una librería y que ha comprado muchos ejemplares de un libro, el que sea. Resulta que esos libros son suyos pero por ley usted no puede venderlos a menor precio en el momento que usted quiera para deshacerse de ellos y recuperar lo que se pueda de lo que usted pagó. Sus derechos de propiedad han sido violados. Será mejor que usted cierre la librería.

Si ese principio de no rebajar precios se aplicara al resto de los bienes, nos tendríamos que despedir de todas las promociones que hacen los supermercados. Se acabaría la competencia que tanto nos beneficia con reducciones de precio. Es decir, la ley del libro tiene un efecto claro en la población general, la empobrece un poco más.

Que los gobiernos hagan este tipo de acciones de tan corta mira es parte de su naturaleza. Sus acciones suelen tener efectos colaterales negativos, los que una vez reconocidos causan más intervención estatal, la que otra vez tendrá otros efectos indeseables… y así sucesivamente. No es esto algo desconocido. Que yo recuerde, esto mismo fue escrito por H. Spencer a mediados del siglo 19.

Lo que más interesa, sin embargo, es saber las causas por las que se emiten leyes con tan marcados errores. Muchos opinarán que se debe a una razón central: los gobiernos por naturaleza tienden a extralimitarse en sus funciones, ir más allá de lo que deben, y por eso intervienen en asuntos que los particulares podrían muy bien arreglar entre sí.

Otros apuntarán la actitud de soberbia que es también natural del gobernante: ellos piensan que saben más que todos y por eso emiten leyes que suponen que los demás son tontos que no pueden valerse por sí mismo. Esta ley supone que el gobernante sabe más del negocio de los libros que los libreros mismos y los lectores.

Los que piensan mal verán en esto una influencia corporativista: un sector económico ha aprovechado el poder del gobierno en su favor con perjuicio al consumidor. O puede ser que se argumente que se negociaron acuerdos entre partes: autorizando esta ley se logró el apoyo de aprobación en otras cuestiones.

Sea lo que sea, se trata de un ejemplo notable de lo que un gobierno no debe hacer.

Post Scriptum

El 25 de julio (El Norte) fueron reportadas ideas de libreros al respecto de la ley. Ésta es una selección de ellas.

… las librerías en general, al competir con un precio único, van a poder competir una pequeña con una mediana o una grande… a veces sí dan un descuento muy exagerado… Ahora vas a competir no con el precio, sino con el servicio, con la calidad, teniendo el libro que quiere la gente, ofreciéndoles información, orientación. Muchas de las librerías pequeñas se veían en peligro de cerrar, precisamente por la competencia de descuentos… cada librería va a tener su propio método para seguir ofreciéndole al cliente, si no descuentos, tal vez el regalo de puntos… el precio único no quiere decir que va a aumentar el libro, al contrario, los libros de más de un año y medio van a ir bajando en su precio.

De acuerdo con esto había descuentos exagerados, que desde luego el consumidor no veía nada mal. Y la ley define la estrategia de ventas de librerías que son propiedad privada, negando la opción de competir por precio. Si no se vende bien un libro, el librero se tendrá que quedar con él en la bodega el tiempo que ordene la ley antes de rebajarlo.

Otras personas opinan diferente, en un texto de Letras Libres se citan palabras de Ricardo Nudelman, “prestigioso librero y editor durante casi cuarenta años en la Argentina y México”:

El precio de los libros siempre fue fijado por los editores e importadores. Es igual que en cualquier otro caso de una manufactura: quien fabrica fija el precio según sus costos y utilidad. Y el mercado dirá si ese precio es o no aceptable. La nueva ley del libro no modifica eso. El productor seguirá fijando libremente su precio cuando el libro es lanzado al mercado, podrá cambiarlo cuando crea que es necesario hacerlo. La diferencia que establece la nueva ley con la situación anterior es que durante tres años el precio de venta al público de cada libro –es decir, de cada uno de los títulos que se publican o se importan– deberá ser igual en toda la República.

Lo que es cierto es que durante los tres años que fija la ley desde la aparición del libro nacional o desde la importación del libro, las librerías no podrán dar descuentos al público. Insisto, en libros recién aparecidos y durante tres años. ¿Por qué creo que esto favorece a los lectores? Porque durante tres años la competencia entre las librerías se hará por la calidad del servicio y por la diversidad de la oferta y no por el precio. ¿Por qué creo que esto favorece a las librerías? Porque durante esos tres años las librerías podrán competir por calidad de servicio y diversidad de oferta, con lo cual podrán sobrevivir aunque su volumen de compra sea inferior al de los grandes compradores.

Si entiendo bien, resulta según esto ventajoso para las personas que leen que el productor obligue a todos los libreros a vender al precio que él fija, al menos durante un tiempo largo, es decir, la ley decide la estrategia de mercado del librero a la que pone en manos del editor el que obliga al librero a una estrategia de negocio basada en otras cosas pero no en el precio.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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