Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad Económica: Una Defensa
Eduardo García Gaspar
29 octubre 2008
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Las dos cosas van juntas. Si yo puedo escribir lo que yo quiero, no puedo entender porqué a otra persona se le obstaculiza expresarse, a su manera, abriendo un negocio. En todo esto es muy peculiar la mentalidad de los llamados intelectuales. Cuidan con celo su libertad, pero se olvidan de la libertad de los demás.

Sí un escritor de novelas dice que él debe escribir sin trabas lo que tiene en su mente, no hay razón por la que un trabajador no pueda trabajar sin trabas en donde a él le plazca. Si un filósofo puede escribir en sus libros las ideas que se le ocurren, no me puedo explicar la causa por la que un inversionista no pueda abrir una fábrica para producir el producto que se le ocurrió.

Tanto derecho tienen el escritor y el filósofo, como el trabajador y el inversionista. No hay diferencias entre ellos. Ambos están ejerciendo su libertad, cada uno en su campo.

Los que escriben elucubraciones sobre la vida, piden libertad para ellos, pero se olvidan de la libertad de los demás. Por eso encontramos a escritores como García Márquez, que escribe lo que se le pega la gana donde hay libertad, pero nos dice que no hay nada más bello que la carencia de libertad en Cuba. O como otros, como Fuentes, que suponen libertad total para ellos, pero quieren limitar la de quienes tienen empresas. No son posiciones congruentes.

También es por eso que Carlos Marx pudo escribir su ataque a la libertad dentro de un ambiente de libertad. De donde no había libertad de expresión, Marx fue expulsado hasta que acabó en Inglaterra, donde pudo escribir y pensar lo que quiso y escribió diciendo que la libertad debe ser aniquilada porque ella es una ideología burguesa.

O se tiene tiene en todos los campos o no se tiene. Tener libertades parciales es un estado temporal solamente. No es concebible la larga duración de un estado de cosas en las que existe libertad de expresión, pero no libertad económica.

Aunque jamás hayamos leído a Marx, a Hegel y otros similares, como escritores de ficción que pasan por intelectuales, ellos han creado en parte el clima intelectual que defiende una libertad, pero ataca a otras.

Por eso es es posible que no se vea la incongruencia entre el hecho de que alguien pueda escribir lo que quiera y otro no pueda abrir el negocio que quiere. Yo no tengo que hacer ningún papeleo, ni cumplir con un trámite burocrático para que me den permiso de publicar esto. Pero otro si tiene que cumplir con esos trámites y pedir permisos y licencias para poder trabajar.

La libertad de prensa y de expresión demasiadas veces ha sido utilizada para atacar a las otras libertades. Se han publicado obras que piden libertad para el autor, pero que exigen retirarla del resto de la gente. Es parte del riesgo de la libertad de expresión, pero ha sido exagerado, ya que menos veces la libertad de expresión se ha usado para pedir libertad para los demás.

Esos intelectuales que escriben, hablan, dan conferencias, conceden entrevistas, han tendido a favorecer el clima intelectual que pide la limitación de la libertad de los demás. Proponen utopías en las que la libertad es un estorbo, en las que se mofan de la posibilidad de que gente común pueda ser libre. Por eso critican a la burguesía, la creen vulgar e ignorante en comparación con ellos, que se ven a si mismos como poseedores de la verdad. Se mofan del mercado porque, no entendiéndolo, suponen que nadie más que ellos merece ser libre.

Es loable que esos intelectuales quieran mejorar a la sociedad, que propongan ideas para hacerla mejor, pero no es válido que deseen hacerlo retirando a los demás un derecho del que ellos gozan. Si ellos son libres para proponer, los otros también deben ser libres para trabajar.

Los intelectuales, con algunas excepciones brillantes, no se han preocupado libertad de los que no son intelectuales. Han hecho que el clima intelectual se olvide de la libertad, que ella sea un valor olvidado.

Son las épocas de crisis, aquéllas en las que los principios se necesitan. Esos principios son las brújulas que impiden perder el rumbo. Mucho me temo que la libertad que llevó al mundo a grandes niveles de progreso y de bienestar sea relegada y la crisis en la que estamos quiera ser solucionada con lo que no debe hacerse, con el retiro de libertades.

No es un temor infundado. Vea usted la cantidad de propuestas que existen suponiendo que la crisis se remediará perfectamente quitando libertades a las personas y emitiendo leyes que nos hagan sumisos al gobierno.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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