Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad para la Decisión Final
Leonardo Girondella Mora
31 enero 2008
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Si voy hasta el final de las decisiones que las personas toman, la mejor forma de expresarlo es una de mala envoltura —“¿de quién o de qué quieres ser esclavo?”, que fueron las palabras de alguien que no se anda con rodeos. Alguien que hacía referencia, quizá sin saberlo, a otro que habló de lo mismo hace muchos siglos.

En la carta a los Romanos, san Pablo escribió:

“Uso un lenguaje corriente, adaptándome a vuestra debilidad, propia de hombres; quiero decir esto: si antes cedisteis vuestro cuerpo como esclavo a la impureza y la maldad, para que realizase el mal, ponedlo ahora al servicio del Dios libertador, para que os santifiquéis. Cuando erais esclavos del pecado, no pertenecíais al Dios libertador. ¿Qué frutos dabais entonces?

Los que ahora consideráis un fracaso, porque acaban en la muerte. Ahora, en cambio, emancipados del pecado y hechos esclavos de Dios, producís frutos que llevan a la santidad y acaban en vida eterna. Porque el pecado paga con muerte, mientras Dios regala vida eterna por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro”.

Esclavitud en este contexto contiene un elemento adicional que la diferencia de la esclavitud que suele entenderse —en la situación tradicional, la esclavitud no es voluntaria, lejos de eso, es su opuesto, una situación forzada al individuo y de la que quisiera salir si ello fuese posible. La esclavitud a la que deseo referirme es la otra, una muy diferente —aquella que es abrazada por la persona de manera voluntaria e intencional, es decir, la libertad que es abandonada voluntariamente.

Otro elemento que diferencia a ambas esclavitudes es la conciencia que de ellas se tiene. La esclavitud a la que estamos acostumbrados es consciente —la persona tiene pleno conocimiento de que es esclavo de alguien, generalmente un amo al que debe obedecer sin chistar so pena de grandes males. La nueva esclavitud a la que deseo referirme es una que no necesariamente tiene ese componente de conciencia —es posible que se tenga y es posible que no.

Estoy proponiendo, por tanto, una nueva esclavitud —diferente a la tradicional, ella es voluntaria y puede o no estarse consciente de tenerla. Casi necesitaría acuñar un nuevo término para referirme a ella, pero seguiré llamándola así, esclavitud por ser un término más gráfico, si bien le estoy dando una connotación diferente a la usual —la misma que usa Pablo en su carta,

A ese texto vuelo por ser él una muestra fenomenal de lo que intento hacer, señalar que al final de cuentas la persona es esclava de algo y que la decisión mayor de la vida es ésa, decidir por qué o por quién será uno esclavo. Pablo habla de esclavos del pecado y de la emancipación de esa esclavitud, lo que señala una buena dirección de definición de la nueva esclavitud, la que es voluntaria y a veces inconsciente.

Para lograr una mejor explicación debo ahora recurrir a situaciones de las que mucho se habla en estos días: drogadicción, abuso en el consumo de sustancias tóxicas, predilección por las cosas materiales, sensualismo excesivo, abuso de productos de apariencia personal y otros más.

Son estos ilustraciones explícitas de esclavitud —quien es un drogadicto es por lo mismo un esclavo de las drogas, lo mismo que quien abusa de las bebidas fuertes con consistencia, o quien reduce su existencia a la posesión de bienes materiales. Con conciencia o sin ella, existe aquí el sometimiento de la persona a otra cosa fuera de sí, sea el placer sensual o la obsesión con la apariencia física, o cualquier otra cuestión.

Lo que se plantea en la carta del apóstol tiene un fuerte sabor religioso y de eso precisamente se trata —pero incluso para el no creyente, plantea una idea de largo impacto: ante qué se someterá la persona, de quién será esclavo. Una decisión que es inevitable y que Pablo, desde luego, coloca como una disyuntiva entre lo material y Dios. O se es esclavo de las cosas materiales, o se es de Dios; y la buena decisión es ser esclavo de Dios como una libre personal y consciente. Repito que incluyendo al no creyente la disyuntiva expresada allí es aplicable a la vida de cualquiera.

¿Qué principio, idea, valor, persona, cosa es ésa ante la que una persona se somete? La claridad de algunos casos ayuda a comprender lo que intento decir —por ejemplo, el joven que compra y consume drogas con regularidad y hace de esto su estilo de vida, incluyendo quizá otras conductas libertinas, resulta ser un buen ejemplo de esclavitud ante eso que ha seleccionado como lo que manda en su vida. La contrapartida, podrá verse también con facilidad en la vida de, por ejemplo, personas que permiten que su vida sea dominada por una carrera religiosa, quizá como misioneros en algún lugar inhóspito.

El común denominador entre ellas es que sus vidas han sido sometidas a algo —en palabras más fuertes, son esclavos de alguien o de algo. Si en esto existe algo razonable que merezca ser examinado más a fondo, entonces creo que lo que a continuación debe hacerse es valorar eso de lo que cada persona selecciona como amo declarándose esclavo. Es diferente sin duda el sucumbir ante los bienes materiales que ante los bienes intelectuales —muy pocos consideraran que sea lo mismo que una persona haga de su guardarropa y su apariencia física su razón de vivir, o que esa razón sea una carrera de estudios en biología y medicina.

No todas las cosas ante lo que se puede ser esclavo tienen igual valor —el más primitivo de los intelectos verá diferencias sustanciales entre un misionero y un drogadicto, o entre un investigador científico y una celebridad del jetset. Por tanto, la decisión personal que se tome será buena en el monto en el que se seleccione algo con valor ante lo que se será esclavo —una decisión personal y que el apóstol plantea explícitamente con Dios como la opción que debe ser elegida con libertad y conciencia.

Si el no creyente se siente ajeno a esa decisión, seguramente está escapando artificialmente a ella —él ha decidido no tomar a Dios como ese ante el que debe ser esclavo, pero lo será inevitablemente de otra cosa y la decisión sigue frente a él sin escapatoria. Algo tendrá que escoger. Incluso en aquellas religiones y filosofías que hacen de la felicidad una decisión del abandono de toda decisión, existe una decisión, lo que muestra una faceta no muy mencionada de la vida humana: por ser seres libres, de las decisiones es imposible escabullirse.

La aparente salvajada de san Pablo al pedir ser esclavo de Dios, como seguramente será entendido ese texto por quienes no ven su fondo, es en realidad el drama de la existencia humana —sí, los seres humanos son libres y sí, también tienen uso de razón, dos cualidades naturales que sólo sirven para al final tomar decisiones. Decir que el ser humano es un animal racional es una definición que se queda corta, en extremo corta —se es un ser que existe para tomar decisiones entre alternativas ante las que se opta por ser esclavo.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información  para lectores que buscan explicaciones.





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