libre mercado

Definición de qué es libre mercado. Su funcionamiento y características. La libertad humana como su sustento. Su origen. defensas y ataques.

Definición de libre mercado: un proceso espontáneo

Un mercado libre es un proceso en el que muchas personas actúan de manera individual, movidas por iniciativas personales. Ellas realizan intercambios entre sí, voluntariamente, y sin intervención gubernamental que modifique esas acciones.

Dentro de ese mercado una cantidad de personas realiza acciones de intercambio entre sí, dentro de un proceso que no tiene una figura de dominio central.

Todo es espontáneo o regulado por escasas reglas básicas de acción que están esencialmente fundadas en la propiedad personal, la especialización del trabajo, el respeto a los contratos y la libertad de acción.

El gobierno desempeña un papel importante, pero limitado, en el libre mercado. Él es responsable de aplicar la ley castigando a quienes alteran la libertad de terceros, especialmente en cuanto a derechos de propiedad y cumplimiento de acuerdos o contratos.

Un ejemplo de esta intervención de gobierno es la posibilidad de establecer juicios en contra de quienes violen esos contratos y acuerdos. Igualmente se castigarán los robos y los fraudes, así como el daño a las personas en sus personas, bienes e intereses.

El mercado libre forma precios reales

En un mercado libre los precios de los bienes y servicios son reales pues son creados por las acciones de muchas personas que actúan de manera espontánea. Nadie los ha fijado, sino que son el resultado de acuerdos entre todas las personas.

Por el contrario, cuando un gobierno interviene e influye en los precios o los decreta, esos precios ya no son reales. Por ejemplo, un salario mínimo decretado por un gobierno no es el precio real del trabajo, como tampoco lo es el precio de garantía que una autoridad fije para la tonelada de maíz.

Es la interacción conjunta de la demanda y de la oferta lo que determina los precios. Por ejemplo, si todo permanece constante, una elevación de la demanda significará una elevación de los precios y viceversa.

Visto de otra forma, es la competencia lo que forma los precios. Por esto, los partidarios del mercado libre se oponen con fuerza a los monopolios. Los monopolios, además, limitan a la libertad de producción y compra.

La libre interacción de las personas en el mercado forma los precios y esos precios son consideradas muy valiosas señales con información que guían las inversiones y, de esta manera, se optimiza el uso de los recursos lo que lleva a mayores niveles de bienestar.

Un precio que se eleva, por ejemplo, es una señal que manifiesta una mayor necesidad del bien en cuestión y hace atractiva crear mayor oferta; y viceversa.

Opositores del libre mercado

Sus opositores argumentan que él conduce a mayores diferencias de ingresos entre las personas abriendo brechas sociales injustas. Un problema de desigualdad.

Ellos, están dedicados a detener la formación libre de precios reales de mercado, para lo que usan diversas medidas. La más célebre de ellas es el control de precios, pero también usan subsidios, impuestos, limitación de exportaciones e importaciones y otras medidas que en lo general reciben el nombre de intervencionismo económico.

Si se buscara el lado contrario del libre mercado, este sería la planeación central de la economía. Esa planeación equivale a la autoridad gubernamental interviniendo directamente en la economía, por ejemplo, estableciendo los precios de los artículos y bienes que se producen en un país, o siendo dueño de empresas monopólicas estatales.

Quizá la única posibilidad de solucionar esas diferencias de opinión sea la comparación en el tiempo de diferentes países clasificados en dos grupos. Unos han aplicado políticas de mercado libre y otros no lo han hecho, determinando cuál de esos grupos ha creado mayores niveles de bienestar en su población.

Libre mercado y propiedad privada

El libre mercado está fundamentado en el derecho la propiedad privada de los medios de producción. Es decir, son los particulares quienes poseen las fábricas, plantas y demás medios que crean los productos y servicios que se producen para consumo interno o exportaciones.

Desde luego, el libre mercado supone que existe división del trabajo. Es decir, personas y medios de producción dedicadas a realizar funciones especializadas.

A los mercados libres se les ha llamado «democracia económica» por su similitud con la democracia —las personas «votan» al comprar cada bien prefiriéndolo sobre sus competidores.

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Y unas cosas más, si el lector las quiere…

Un video hip hop (en inglés) ilustra muy bien las opiniones de Keynes y de Hayek: entre el intervencionismo y el libre mercado. Muy cuidado en los más pequeños detalles. El final tiene su paradoja.

Debe verse:

¿Qué es competencia económica? Una definición
¿Qué es economía de mercado? Una definición

Otras ideas relacionadas:

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Una idea de Robert A. Sirico, presidente del Acton Institute a quien agradecemos el gentil permiso de traducción y reproducción. 20 junio, 2007

Economías de libre mercado

Nadie puede dudar con seriedad que la libre empresa no es solo el mayor generador de bienestar humano sino también que sirve a todas las clases dentro de una sociedad.

Los viejos socialistas soñaron con un mundo en el que todas las clases en el mundo compartirían los frutos de la producción.

Vemos a los Wal-Marts —por citar el caso más notorio— abriendo establecimientos en ciudad tras ciudad en todo el mundo. En una sola tienda vemos una gran variedad de bienes diseñados para el bienestar humano, a precios que los hacen accesibles a todos, una compañía que ha creado muchos millones de empleos y traído prosperidad donde antes existía desesperación.

Ahora bien, es posible que usted no simpatice con Wal-Mart. Puede pensar que la tienda es chocante. Es posible que no le guste comprar allí. Pero no puede negarse el que esta empresa, y cientos como ella, han traído a la humanidad una oportunidad sin paralelo para elevar el bienestar de todas las clases en una sociedad.

¿Y quien es propietario de Wal-Mart? Llámeles capitalistas si usted quiere, pero sus dueños son accionistas en todo el mundo, personas con ingresos moderados que tienen a sus ahorros invertidos en el bienestar de la empresa.

Es propiedad de una clase de personas a las que podemos llamar trabajadores-capitalistas. Tal institución como esta es más de lo que cualquier socialista de antaño pudiera haber imaginado. Si a Marx se le hubiera mostrado esto, no hubiera creído a sus propios ojos.

¿Armoniza la empresa libre con la idea del bien común como los socialistas imaginaron? Ciertamente sí. Sin embargo, no armoniza con la «comunidad de bienes» como los socialistas lo suponían.

¿Qué entonces podemos decir de esos que hoy permanecen ligados al socialismo como una meta política o una trayectoria general del activismo político?

Podemos decir que ellos no conocen o no han entendido la trama esencial detrás de la historia económica de los últimos 300 años. O quizá podemos decir que ellos están más ligados al socialismo como dogma que lo que están a los ideales profesados de los fundadores del dogma.

Estoy particularmente sorprendido por la preocupación neosocialista del cuidado de las plantas, animales, lagos y ríos, selvas y desiertos —especialmente cuando la preocupación por el medio ambiente aparece como mucho más intensa que su preocupación por el bienestar de la familia humana.

Cuando hablamos de la idea del bien común, necesitamos también tener mente abierta acerca de las instituciones políticas y jurídicas que más influencia tienen en su logro. La respuesta no va a ser encontrada en la «comunidad de bienes», sino en las mismas instituciones que los socialistas desacreditan con intensidad.

Quiero hacer una lista de ellas: propiedad privada de los medios de producción, estabilidad monetaria que sirve como medio de intercambio, libertad de empresa que permite a las personas iniciar un negocio para lograr sus ambiciones, asociación libre de trabajadores que permite a las personas seleccionar dónde quieren trabajar y bajo qué condiciones, cumplimiento de contratos que provee el soporte institucional de la idea de que la gente debe mantener sus promesas y un animado comercio dentro y entre las naciones que permita el mayor posible florecimiento de la división del trabajo.

Estas instituciones deben estar apoyadas en una infraestructura cultural que respete a la propiedad privada, entienda a la persona humana como poseedora de una dignidad inherente y confiera las primeras lealtades a la autoridad trascendente por encima de la autoridad civil. Esta es la base de lo que llamamos libertades y resulta es lo que llamamos bien común.

El bien común es incompatible con la violación del derecho a la iniciativa económica. Como  escribió Juan Pablo Magno acerca de la iniciativa económica,

«Es un derecho que es importante no sólo para el individuo pero también para el bien común. La experiencia muestra que la negación de este derecho, o su limitación en nombre de una supuesta ‘igualdad’ para todos, disminuye, o en la práctica absolutamente destruye el espíritu de iniciativa, es decir, la creatividad subjetiva del ciudadano».

Al escribir estas palabras, el Papa estaba haciendo eco de la visión del II Concilio Vaticano en el documento Gaudium et Spes,

«Ya que la propiedad y otras formas de propiedad privada de los bienes externos contribuyen a la expresión de la personalidad y, ya que, más aún, ellas proveen a uno con la ocasión para ejercer su función en la sociedad y en la economía, es importante que el acceso de ambos, individuos y comunidades, a alguna forma de propiedad de bienes externos sea fomentada. La propiedad privada o alguna propiedad de bienes externos confiere a cada uno una esfera totalmente necesaria para la autonomía de la persona y la familia, y debe ser entendida como una extensión de la libertad humana».

Quiero cerrar con una declaración de que por los estándares establecidos por los primeros escritos de los socialistas tempranos, todos tenemos el derecho a llamarnos socialistas, si por ese término queremos decir que somos devotos del bienestar de todos los miembros de la sociedad.

Los medios para lograr ese ideas son materia de disputa. Creo que los medios para alcanzarlo no son los de la planeación central del estado, sino los de la misma libertad. Santo Tomás de Aquino tenía un axiona: bonum est diffusivum sui, el bien se difunde por sí mismo. El bien de la libertad en realidad se ha difundido para el beneficio de toda la humanidad.

[La columna fue revisada en 2020-06]